LA MEDIDA DE UN HOMBRE
LA MEDIDA DE UN HOMBRE EE. UU., 1998
Título original: Star Trek TNG: The Mesure Of Man
Dirección: Robert Scheerer
Guión: Melinda M. Snodgrass
Producción: Burton Armus
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Edward R. Brown
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Wil Wheaton (Wesley); Diana Muldaur (Dra. Pulaski); Amanda McBroom (Capitán Phillipa Louvois); Clyde Kusatsu (Almirante Nakamura); Brian Brophy (Comandante Bruce Maddox); Colm Meaney (OŽBrien); Whoopi Goldberg (Guinan).

Sinopsis

Fecha estelar 42523.7. La Enterprise arriba a la base estelar 173, donde un oficial de la División Cibernética de la Flota, el comandante Maddox, informa a Picard que se requiere la colaboración de Data en ciertas investigaciones relacionadas con su naturaleza androide. Esto significa que Data ha de ser desmontado, a fin de que Maddox y sus colaboradores puedan estudiar sus componentes. Data se niega y dimite de la Flota, pero ésta sigue considerándolo una propiedad. Picard solicita la celebración de una vista, en la que se determinará si Data es un ser vivo y consciente, con derechos individuales, o sólo una máquina muy sofisticada, como sostiene Maddox.

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Este es un episodio capital en el desarrollo del personaje de Data, que ya era por entonces el más popular y complejo de la serie. En su momento, este capítulo tuvo mucha aceptación por parte de los trekkies más jóvenes, e incluso los más recalcitrantes y ortodoxos, los adoradores de TOS que contemplaban TNG con no poca suspicacia, admitieron que se trataba de uno de los mejores emitidos hasta ese momento.

Desde la emisión del estupendo DATALORE había quedado claro que el de Data era uno de los roles con más potencial de la nueva serie Trek. LA MEDIDA DE UN HOMBRE fue la respuesta a las preguntas que incontables fans habían dirigido a la Paramount, y que pueden resumirse en una muy concreta: siendo Data un androide, una máquina con forma humana creada por un científico humano, ¿se trataba de un ser libre o de una propiedad de la Federación? La papeleta le fue pasada a Melinda M. Snograss, autora de varias novelas de ciencia-ficción, que debutó como guionista televisiva con esta formidable historia.

Snodgrass, licenciada en Derecho, decidió utilizar su experiencia en el campo de la abogacía, planteándose el argumento como una investigación judicial al uso, en la que diversos personajes irían testificando y aportando su opinión personal sobre el asunto. Pero el mayor logro de Melinda, lo que confirió al episodio un matiz especial y contribuyó a su tremendo éxito, fue su aproximación gradual a la realidad, haciendo que la verdadera cuestión que se plantea en la vista sólo se nos revele casi al final.

El episodio presenta un dilema moral en principio bastante complejo, en la línea de las historias que le gustaban a Roddenberry. Lo que se dirime es peliagudo, pues se trata de reconocer o no la existencia de lo que se ha dado en llamar vida artificial, cuyo máximo exponente sería este androide tan singular, que a pesar de carecer, como es lógico, de sentimientos, es capaz de emocionarnos con sus inesperadas reacciones. Es una máquina, de acuerdo. Pero una máquina tan especial que, como queda demostrado según avanza la historia, para la tripulación de la Enterprise es un oficial más, una persona de pleno derecho. Incluso Maddox, que provoca todo el asunto con su cerril actitud y que parece dispuesto a hacer lo que sea con tal de lograr su propósito, acabará reconociendo la singularidad y valía de una criatura tan única. De hecho, Maddox hará las paces con Data y mantendrá correspondencia regularmente con el androide, como veríamos posteriormente en UN DÍA EN LA VIDA DE DATA, de la cuarta temporada.

La formidable defensa que hace Picard de los derechos de Data es uno de los momentos Trek más memorables. Para Picard, Data es un oficial valiosísimo, y no está dispuesto a permitir que se lo arrebaten en aras de la investigación científica. Él no lo ve como un androide, sino como otro más de sus subordinados, uno de los suyos, y como quedará claro a lo largo de la serie, la lealtad del capitán hacia su tripulación es inquebrantable.

También es interesante el papel que le toca jugar a Riker. El primer oficial está claramente a favor de Data, pero la capitán Louvois le encarga ejercer de fiscal; es decir, que debe defender la causa esgrimida por Maddox. No hay alternativa, y Will se ve obligado a actuar en contra del oficial científico, al que admira. Riker cumple con su función, a regañadientes pero eficazmente, sintiéndose muy culpable por ello. Pero una observación que le hace Data, al final del capítulo, le hará recapacitar y aceptar que, a su manera, ha contribuido a la causa del androide.

El de Phillipa Louvois es uno de los personajes más destacados del episodio. Mantiene cierta tirante relación con Picard, y en principio no parece una persona muy agradable. Sin embargo, accede a la petición de Jean - Luc de celebrar una vista, y en última instancia, en su intervención final, es ella la que formula la verdadera pregunta que subyace en todo el asunto: ¿Tiene alma Data? Confiesa no saberlo, y dado que nosotros, los humanos, somos incapaces de responder categóricamente a la pregunta de si la tenemos... ¿Quiénes somos, entonces, para decidir si la tienen otros?

Los acontecimientos narrados en LA MEDIDA DE UN HOMBRE obligaron a la UFP a dictar una ley que garantiza los derechos y libertades de las formas de vida artificiales. Se trata de una ley poco común, que al contrario que la mayoría de las leyes, que coartan y limitan, deja el camino abierto a la búsqueda de una respuesta más concreta al problema planteado... si es que existe. No obstante, en la tercera temporada, en concreto en el episodio LA DESCENDENCIA, se continuaría desarrollando el tema de la vida artificial a través de Lal, un androide femenino creado por Data, cuya custodia pretende arrogarse la Federación, que, como sucede con demasiada frecuencia en nuestra realidad, intenta saltarse a la torera una ley que ella misma ha promulgado.

LA MEDIDA DE UN HOMBRE trata sobre las libertades individuales y los derechos inalienables de las personas, pero también sobre el concepto de persona en sí mismo, y lo hace de una forma poco convencional pero muy coherente con el genuino espíritu Roddenberry: a través de la figura de un androide capaz de evolucionar y aprender de sus experiencias, y que por tanto está tan vivo como nosotros. ciencia-ficción en estado puro. No es extraño que el Buen Doctor alabara este capítulo en varias ocasiones.

Para este trekkie de la Vieja Guardia, éste el mejor capítulo de la segunda temporada. Aparte de contar una historia intrigante y de indudable interés humano, tenemos unas oscuras referencias al pasado de Picard, información sobre el servicio de Data en la Flota Estelar y las condecoraciones que ha obtenido, así como interesantísimos datos sobre su prodigiosa capacidad de procesamiento. Y está, también, la primera partida de póker de TNG, que se convertirá en un juego muy popular entre la oficialidad. Claro que no resulta muy creíble que la hermosa Deanna Troi, que posee unos más que considerables poderes empáticos, pierda casi siempre.

LA MEDIDA DE UN HOMBRE puede servir para medir el nivel de calidad que estaba alcanzando TNG. La serie todavía no estaba plenamente asentada, y aún ofrecería episodios regulares tirando a malos, pero ya apuntaba alto, como demuestra esta magnífica historia. Disfrutadla.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.411 palabras) Créditos