PÁNICO EN LA TIERRA
PÁNICO EN LA TIERRA Poul Anderson
Título original: Brain Wave
Año de publicación: 1954
Editorial: Cenit nº 30
Colección: Ciencia-ficción
Traducción: Jesús Silanes Larrosa
Edición: 1963
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Luis del Barrio

Supongo que la premisa de la que debió partir Poul Anderson para idear esta novela, aunque no la mencione en ningún momento, es la muy sobada de que el ser humano apenas utiliza el diez por ciento de su capacidad cerebral. ¿A que se debería esto? Según Anderson a un campo de fuerza cósmico que mantiene bajo mínimos la inteligencia no solo humana, si no de cualquier mamífero. En un momento determinado la Tierra sale de ese campo y la inteligencia explosiona como una supernova, desconcertando, sorprendiendo, y hasta desquiciando, a la humanidad.

El caso es que la Tierra, en vez de convertirse en un pozo de sabiduría, se interna en una espiral de desidia y caos considerable. ¿Cómo es eso? ¿No se supone que al alcanzar un alto grado de agudeza mental todo debería ir mejor? Pues no, según Anderson los operarios manuales de baja cualificación comprenderían de inmediato la vacuidad de sus trabajos. Alguien que puede refutar las proposiciones de Kant, no puede considerar al tiempo que un repetitivo apriete de tornillos en una cadena de montaje es una actividad satisfactoria. Obreros, repartidores, limpiadores... en fin, los pequeños engranajes, deciden dedicarse a sus propios asuntos dejando la sociedad al borde del colapso. Solo algunos, muy pocos, que alcanzaron el zen mucho antes, siguen en sus puestos satisfechos en su propia sabiduría.

Incluso este repentino potencial intelectual no es del gusto de todos. Sheila Corinth, esposa de Peter Corinth, brillante físico (que lo será más todavía), ve como su vida de perfecta ama de casa americana se evapora cuando comprende lo vacua que es. Pero su problema es que no conoce otra cosa, ha sido educada para eso y vive felizmente cuidando de su marido en espera de tener unos cuantos hijos. Su Universo ha saltado por los aires y, falta de referentes se encamina poco a poco hacia la locura.

No es la única, habiéndose quedado su vida sin sentido, muchos caen en las garras de sectas más o menos destructivas y un retorcido movimiento pseudo religioso amenaza lo poco en pie que queda de la civilización.

En el campo la cosa no es mejor que en las ciudades. ¿Quién pueden sacrificar un cerdo que lanza miradas claramente reprobadoras y hasta amenazadoras? Archie Brock se enfrenta a ese y otros dilemas en la granja de la que es capataz. No sólo los animales de boca huyen conscientes de su destino, sino que la nueva relación que se establece con su perro, Joe, es desconcertante al redefinirse en términos de casi igualdad.

Lo cierto es que es difícil imaginar que pasaría realmente si lo que propone Anderson se produjera. Hasta los tontos serían listos (al menos normales) Todo el mundo comprendería todo, habría quien lo aceptaría de buen grado, quien intentaría aprovecharse (¿de quien? ya sería difícil engañar a nadie) y quien sencillamente no pudiera con ello y caería, como Sheila, en la locura.

No se como sería el estado del arte en 1954, año en el que se escribió el libro, pero Anderson se limita a considerar inteligencia al tener una gran memoria, capacidad de observación y mucha capacidad para interrelacionar todos esos datos. Puede parecer simple pero hoy día comúnmente consideramos inteligente a una persona que a) sabe mucho, b) es capaz de sacar conclusiones a partir de ese conocimiento. Con los años, y según se han ido asentando escuelas psicológicas se han puesto de moda otro tipo de inteligencias, la inteligencia emocional, la inteligencia lingüística, espacial, lógica... hasta doce enumeran en una web que he encontrado por ahí. Al final todas se resumen en lo mismo: entrada-proceso-salida, pero resulta que hay gente que está más especializada en unos aspectos que en otros, pero todo viene a ser lo mismo.

Anderson no entra en esas sutilezas, pero si apunta a otras cuestiones más interesantes: quien sea un cobarde los seguirá siendo (¡y hasta con más razón, incluso!) quien tiene iniciativa tomará el mando, quien maneje a la gente no dejará de hacerlo, quien necesite guía buscará un líder. Es decir, más inteligencia no implica más sabiduría, y eso es algo que se comprueba en el día a día. Donde mejor se ve es en círculos académicos, donde se supone que el gran talento de docentes e investigadores implicaría un ambiente dialogante y cordial. Ni por asomo, y menos cuando hay dinero por medio. Quien lo describió muy bien fue Stanislaw Lem en LA VOZ DE SU AMO. Recomendable.

¿Finalmente, hacia dónde dirige Anderson a la humanidad? Opta por una solución muy coherente: cada cual elegirá su propio camino según sus inclinaciones y apetencias, y surgirá una sociedad, reorganizada, separada entre los que prefieren seguir el ritmo que llevaban antes del suceso y los que, aprovechando sus nuevas capacidades, se deciden por asaltar el Universo.

© Luis del Barrio, (955 palabras) Créditos