ASTRONAUTAS
ASTRONAUTAS Stanislaw Lem
Título original: Astronauci
Año de publicación: 1951
Editorial: Impedimenta
Colección: ---
Traducción: Abel Murcia, Katarzyna Moloniewicz
Edición: 2016
ISBN:
Precio: 22,80 EUR

Dependiendo de la fuente consultada, esta es la primera novela de Lem (en cierta enciclopedia en línea hay dos primeras novelas de ciencia-ficcción de Lem, tres, si no consideramos el género) y en ella ya se apuntan sus principales características como autor: la construcción de personajes, que no por audaces, dejan atrás su humanidad y, sobre todo, pese a toda su experiencia no dejan de mostrar cierta perplejidad ante la inmensidad de las tareas que acometen y el escenario que abarcan. Además, ya hace gala de su enorme capacidad para describir esos escenarios de forma minuciosa, haciendo de ellos unos lugares más extraños y remotos de lo que son de por si.

Todavía no estamos ante el Lem más filosófico, eso vendría años más tarde, pero precisamente la humanidad de sus protagonistas les hace plantearse cuestiones que van más allá de lo que se concebía como ciencia-ficción en 1951, año en el que, no obstante, vieron la luz obras de la consistencia de AMOS DE TÍTERES, EL HOMBRE ILUSTRADO o EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS.

ASTRONAUTAS trata del envío de una expedición a Venus tras descubrirse que el incidente de Tunguska fue, en realidad, provocado por el accidente de una nave extraterrestre.

Ciertamente, tanto la preparación de los expedicionarios como el Venus que describen Lem si que están en línea con la ciencia-ficción de la época. La nave, el Cosmocrátor, es todo un señor cigarro puro, con sus aletas y todo, y Venus desde luego no es el infierno inhóspito que ahora sabemos, sino un desierto venenoso, pero transitable. Esta visión también está alejada de lo que era el estandar americano, esto es, la de un planeta tropical cubierto de océanos y selvas cerradas, llenos de una vida pujante y hambrienta, muy hambrienta. El de Lem es árido y casi cristalizado, lleno de extrañas formaciones rocosas y restos incompresibles de una antigua civilización.

No estoy diciendo que Lem no tuviera noticia de aquellos otros Venus. Eso no lo se, pero al menos en lo que respecta al destino que propone para los venusinos, su propuesta es bastante apropiada.

El Cosmocrátor, aparte de ir a la moda del momento, aporta varios detalles técnicos bastante interesantes. Por lo pronto, en tránsito, gira sobre su eje longitudinal, lo que proporciona gravedad artificial a sus tripulantes, pero quizá, lo más sorprendente es que dispone de dos ordenadores a bordo. Por un lado está Predictor, el ordenador de navegación, absolutamente imprescindible ya que, como bien explica el ingeniero Soltyk a un grupo de escolares de visita, las velocidades que alcanza el Cosmocrátor y las fuerzas que se generan hacen imposible que un piloto humano lo gobierne. Por otro, tenemos a Márax, (MAchina RAtionatriX), una auténtica inteligencia artificial que dará apoyo a los expedicionarios en el análisis de datos y resolución de problemas. El detalle que los hace realmente impresionantes es que mientras en el resto del mundo se imaginaba a concienzudos navegantes ajustando, regla de cálculo en mano, las trayectorias de sus naves, Lem había prescindido directamente de ellos asignando esa labor a una máquina infinitamente más rápida y precisa. No se si la idea es original de Lem u obtuvo el concepto de alguna de sus lecturas, pero desde luego es digna de ser tenida en cuenta.

Una cuestión que choca bastante, a menos si se conoce el resto de su obra, es la loa al régimen comunista que lanza poco antes de la preparación de la expedición. Habla de cómo el capitalismo se ha hundido y como el triunfo de la colectivización ha llevado la paz y la prosperidad a la humanidad. Se trata obviamente de un pasaje dictado más por la prudencia que por el entusiasmo ideológico, porque no recuerdo un alegato tan encendido en cualquier otra novela o relato, puede que alguna vaga referencia, pero no una defensa tan ardiente. Ni siquiera en la propia novela se vuelve a hacer mención al tema. Es lo que tiene vivir en pleno estalinsmo.

Por lo demás, la estancia en Venus es la enumeración de las penalidades y descubrimientos de los tripulantes del Cosmocrátor. Lem lo relata desde el punto de vista del piloto Robert Smith, ruso y cuarterón, porque su abuelo, Hannibal Smith era negro, yanki, comunista y sobre todo idealista, que había emigrado desde Estados Unidos al paraíso soviético. En realidad un ancestro tan exótico solo le sirve a Lem para introducir un pasaje curioso. Por lo demás, Smith no deja de ser un miembro auxiliar de la expedición puesto que no es el piloto del Cosmocrátor, sino del avión y el helicóptero que cargan para la exploración de Venus, además de efectuar cualquier trabajo que le pidan con tal de alejar el aburrimiento.

Quizá Lem vio la necesidad de introducir a Smith para dar una visión más humana de la exploración de Venus, el resto de la expedición, compuesta por ingenieros y científicos, le obligaría a aportar un punto de vista más frío y objetivo, Smith no tiene ese problema y no necesita ser analítico en sus apreciaciones, simplemente ve las cosas y las transmite con esa indefinible perplejidad de la que ya he hablado. En cierto modo, ya apunta la personalidad de Ijon Tichy, y sobre todo la del piloto Pirx, aunque ciertamente todavía no es tan cínico como el primero ni tan especializado como el segundo.

Finalmente, ASTRONAUTAS, acaba siendo un alegato contra la amenaza nuclear. El destino de los venusinos, descifrado con grandes trabajos por los expedicionarios, remite inmediatamente a las peores consecuencias de una guerra fría ya en marcha, la construcción de artefactos de una potencia destructiva inimaginable, la incomunicación y la locura, han moldeado la suerte de los habitantes de Venus. La pirueta de Lem es digna de admiración, primero se congracia con el régimen, otorgándole la supremacía sobre el mundo, para finalmente mostrar lo que puede ocurrir si el estado real de las cosas acabara por desmandarse.

Novela primeriza de Lem, con los problemas habituales, como son los titubeos iniciales en la dirección a tomar o el didactismo verniano de algunos pasajes, pero que ya marca claramente como será su camino literario, además de aportar algunos interesantes detalles técnicos, ciertamente avanzados para la época.

© Francisco José Súñer Iglesias, (1.225 palabras) Créditos