La gran historia de las novelas de a duro
LAS SERIES CORTAS DE ÁNGEL TORRES QUESADA II. LA SERIE DE HONGARA
por José Carlos Canalda
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La serie —o el ciclo— de Hongara es, junto con la de los Kherles, la serie corta más extensa de Ángel Torres Quesada, con un total de seis novelas escritas en su totalidad para la colección Galaxia 2000.

A diferencia de la serie de los Kherles, iniciada en Héroes del Espacio, Ángel Torres la concibió cuando ya había iniciado su participación en la citada colección Galaxia 2000, en la que repartió su labor entre estas dos series y las novelas del Orden Estelar, ya sin las cortapisas a las que estuviera sometido en la editorial Bruguera. Asimismo rescató para ella su antiguo seudónimo de Alex Towers, que también utilizó para un par de novelas del Orden Estelar, a petición del editor de la colección, Enrique Martínez Fariñas, cabe suponer que recurriendo al viejo truco de desdoblar la producción de un mismo autor en dos o más seudónimos dando la impresión de que se trataba de varios escritores diferentes en lugar de uno acaparando buena parte de los números publicados.

La serie de Hongara es probablemente la más homogénea de todas las escritas por el autor gaditano, incluyendo también los diferentes ciclos del Orden Estelar. Aunque todas las novelas son formalmente autoconclusivas, cuentan con una continuidad narrativa a través de unos personajes comunes, lo que las acerca a fórmulas ya antiguas como la de La Saga de los Aznar, aunque sin llegar a la serialización de los diferentes episodios. A ello ayudó, no cabe duda, el hecho de que todas ellas aparecieron publicadas —o al menos estuvieron programadas— en una misma colección a lo largo de poco más de una veintena de títulos, libre también su autor de la obsesiva fijación de Bruguera en contra de las continuaciones.

Por esta razón, y a diferencia de las novelas pertenecientes a otras series, éstas no fueron influidas por otras publicaciones anteriores de Ángel Torres —caso de la serie de los Kherles —, ni tuvieron tampoco continuación en novelas largas posteriores, como ocurrió con la serie de la Cofradía de Asesinos.

En cuanto a su hilo argumental —tal como explicó el propio autor en Las últimas novelas de a duro, la entrega número 38 de La memoria estelar—, éstas se encuentran a mitad de camino entre la ciencia-ficción y el género fantástico aunque, desde mi opinión personal, más escoradas hacia la primera. La serie está ambientada en Hongara, un planeta inicialmente deshabitado al que había llegado varios siglos atrás una nave-arca transportando a un grupo de humanos fugitivos de no se sabe donde, puesto que sus descendientes han perdido el recuerdo de su origen y olvidado los motivos por los que sus antepasados se vieron obligados a huir de allí. Aunque los habitantes actuales de Hongara no han retrocedido culturalmente, la escasez de medios técnicos y, sobre todo, la penuria de metales han limitado notablemente su progreso, forzándoles a retroceder a una época pretecnológica al tiempo que se estructuran en torno a tres reinos no siempre bien avenidos.

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Lo que ellos desconocen es que Hongara oculta una serie de misterios que sacudirán su hasta entonces tranquila existencia, conduciéndoles por derroteros inesperados que pondrán a prueba a sus líderes en una sucesión de tours de force que sin duda sorprenderán al lector. A ello hay que sumar un tratamiento de los personajes mucho más complejo de lo habitual en el ámbito de los bolsilibros, así como el paulatino y sorprendente descubrimiento de que en Hongara no todo es lo que parece.

He de hacer, eso sí, una matización a mi anterior afirmación de que los habitantes de Hongara desconocen tanto su origen como las causas que motivaron el éxodo de sus antepasados; porque el lector que hubiera seguido el desarrollo simultáneo de las dos series, la de Hongara y la de los Kherles, podría haber sospechado la existencia de un vínculo común entre ambas, ya que los exiliados de Hongara podrían muy bien haber sido los colonos embarcados por los kherles en una de las muchas naves interestelares con las que pretendieron evacuar, salvándola de la destrucción, a una pequeña fracción de la población de la Tierra. La serie de Hongara sería así, desde un punto de vista cronológico, posterior a la de los Kherles, existiendo entre ambas un hueco narrativo que quizá Ángel Torres hubiera acabado completando... de no haberse truncado la colección cuando tan sólo llevaba treinta números publicados.

Por esta razón las dos últimas novelas de la serie, a las que hubieran correspondido los números 33 y 34, quedaron sin publicar durante muchos años, no siendo hasta 2016 cuando la editorial hispalense Amigos del Bolsilibro emprendió la reedición completa de la serie, incluyendo los dos ejemplares inéditos. No obstante, y al igual que ocurriera con la de los Kherles, ésta quedaría irremediablemente incompleta, puesto que a partir de entonces Ángel Torres ya no volvió a escribir bolsilibros... lo cual, ciertamente, es de lamentar.

La serie se inicia con LAS MURALLAS DE HONGARA, número 10 de la colección, publicada en febrero de 1985. En ella vemos como los tres reinos que habitan en el planeta logran acordar una precaria alianza que les permita defenderse de unos extraños invasores que periódicamente suelen diezmar sus poblaciones, al tiempo que uno de los tres reyes impulsa la evacuación de las respectivas capitales concentrando a toda la población humana bajo la protección de las murallas de una misteriosa y deshabitada ciudad descubierta por sus exploradores. Aunque nadie sabe quienes pudieron ser sus desconocidos constructores, no dudan de que, refugiados en ella, podrán defenderse de sus enemigos de una manera más efectiva.

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A lo largo de las cinco novelas restantes nos encontramos con que Hongara es en realidad el antiguo solar de una civilización extremadamente desarrollada que, por razones desconocidas, abandonó el planeta aunque, aparentemente, siguieron realizando visitas de inspección de forma periódica. Precisamente uno de estos vigilantes, enloquecido, era el responsable de las invasiones periódicas que asolaban a las colonias humanas, y el descubrimiento de su cubil pone en manos de éstos un impensado arsenal tecnológico. Se descubre entonces que el único satélite de Hongara, la Luna Roja, es en realidad una gigantesca estación espacial asimismo abandonada, los que les da acceso a una ingente cantidad de metales de los que tan necesitados estaban. Asimismo en su interior encuentran una gran cantidad de cuerpos hibernados que resultan ser humanos creados artificialmente, los cuales son utilizados como siervos hasta que una sangrienta rebelión les obligará a deshacerse de ellos.

Siguiendo con las sorpresas que parecen no tener fin, los protagonistas acabarán sabiendo que los misteriosos seres que les precedieron en el planeta estaban divididos en dos facciones enemigas, Wrangull y Laninkia, logrando encontrar con vida a uno de los últimos, Nelhar, abandonado por sus compañeros muchos años atrás. Los gobernantes del planeta esperan poder desentrañar, gracias a Nelhar, el misterio que se esconde en Hongara, pero tanto ellos como los lectores se quedarían sin saberlo debido a la interrupción de la serie justo cuando estaba alcanzando el mayor interés.

Y eso es todo ya que, a pesar del potencial de la trama narrativa, Ángel Torres no volvió a abordarla ni en el formato de los extintos bolsilibros ni tampoco en ninguna de sus novelas largas posteriores. Lo cual, se mire como se mire, fue una verdadera lástima.

Novelas de la serie de hongara

  • Las murallas de hongara, nº 10 Galaxia 2000
  • El planeta de la Luna Roja, nº 13 Galaxia 2000
  • El enigma de la luna, nº 20 Galaxia 2000
  • La furia de los malditos, nº 29 Galaxia 2000
  • El signo de Wrangull, nº 33 Galaxia 2000
  • Nelhar de Laninkia, nº 34Galaxia 2000

Notas

Estas novelas quedaron inéditas tras el cierre de la colección, siendo publicadas, conjuntamente con el resto, en un único volumen en 2016.

© José Carlos Canalda, (1.419 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Página de José Carlos Canalda el 12 de mayo de 2017