SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS
Star Trek TNG: SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS EE. UU., 1988
Título original: Star Trek TNG: We´ll Always Have Paris
Dirección: Robert Becker
Guión: Deborah Dean Davis, Hanna Louise Shearer
Producción: Gene Roddenberry y Maurice Hurley
Música: Jerry Golsmith y Ron Jones
Fotografía: Edward R. Brown
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Gates McFadden (Dra. Crusher); Marina Sirtis (Troi); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Wil Wheaton (Wesley); Michelle Phillips (Jenice Manheim); Rod Loomis (Dr. Paul Manheim); Isabel Lorca (Gabrielle); Dan Kern (Teniente Dean); Jean-Paul Vignon (Edouard); Kelly Ashmore (Francine); Lance Spelleberg (Jefe de transportador Herbert)
Temporada: 1; Episodio: 23

Sinopsis

Fecha estelar 41697.9. A bordo de la Enterprise se experimentan leves distorsiones temporales. Poco después, se recibe una llamada de socorro desde Vandor IV, el planeta al que se retiró años antes el doctor Manheim, un científico obsesionado con experimentar con el tiempo. Los dos únicos supervivientes de Vandor IV, el propio Manheim y su esposa Jenice, son transportados a la nave estelar. Manheim está agonizante por los efectos de las distorsiones temporales, que amenazan a toda la galaxia. Picard debe solucionar el problema, y al mismo tiempo enfrentarse a sus sentimientos por Jenice, con la que tiempo atrás mantuvo una relación.

Picard y sus dilemas
Picard y sus dilemas

El presunto interés del episodio radica en que es una especie de versión Trek de CASABLANCA (ídem, Michael Curtiz, 1942), con Picard ejerciendo de improbable trasunto del Rick encarnado magistralmente por Humphrey Bogart. Se trata de un capítulo del montón, que pudo haber devenido en una historia interesante, pero que por ciertos imponderables no acabó de remontar la mediocridad. Davis­ y Shearer, las guionistas, recibieron el encargo de escribir un relato muy romántico, inspirado en el celebérrimo film de Curtiz. Pero como sólo dispusieron de cinco días para ello, no pudieron desarrollar a fondo ni la historia de amor de Jean-Luc y Jenice ni la sub-trama de ciencia-ficción. Para acabar de estropearlo todo, durante el rodaje tuvo lugar una huelga de guionistas, a la que obviamente se sumaron Deborah Dean y Hanna Louise, además de ser secundada por los técnicos de efectos especiales, que provocó el parón de la filmación en la escena de Data en el laboratorio de Manheim. Como el tiempo apremiaba, y era imprescindible terminar el episodio cuanto antes, tanto los efectos especiales como los diálogos fueron improvisados por el director y los productores, con resultados discutibles. Si bien los diálogos resultan pasables, los efectos especiales, de los que se ocupó Becker, que no tenía ninguna experiencia en el asunto, no acaban de convencer.

Davis­ y Shearer pretendían explorar la personalidad de Picard a través de sus sentimientos por Jenice; pero, una vez más, la idea de la moralidad que tienen los americanos se interpuso en el desarrollo del guión. En el texto original, Jean-Luc y Jenice reviven su amor pasando una noche juntos. Este pasaje, considerado como muy escabroso por los idiotas de turno, fue reemplazado por la anodina escena de la copa de champán en la holodeck. También se intentó que Beverly se mostrara celosa ante la aparición de un antiguo amor del capitán, pero como Roddenberry no quería romances entre los tripulantes de la Enterprise, se suavizó la cosa. En otras ocasiones se recurriría de nuevo a la atracción de Beverly por Picard, pero sin que se materializase jamás en nada concreto. Todo lo contrario que la relación entre Riker y Troi, en apariencia dejada de lado durante alguna temporada, para ser retomada más adelante hasta llegar a concretarse en boda en STAR TREK: NÉMESIS.

La falta de peso romántico entre el capitán, su antigua novia y el marido de ésta, lastra muchísimo el episodio. Esto se debe, en parte al menos, a la mala interpretación de los actores invitados y a un cierto envaramiento de Patrick Stewart, que parece no saber muy bien qué tono darle a su personaje en esta ocasión, ya que Picard se muestra en todo momento más preocupado por lo que sus subordinados puedan pensar de su relación con Jenice que por la relación misma. Rod Loomis, aparte de no ser un intérprete muy capacitado, apenas tiene oportunidad de lucirse. En cuanto a Michelle Phillips, antigua integrante del grupo musical Mamas and The Papas y ferviente trekkie, llamarla actriz es conferirle una categoría que no merece. Su Jenice, en el guión una mujer cálida y emotiva, en pantalla es un personaje plano, sin matices, casi irrelevante. Es de suponer que la señora Phillips hizo lo que pudo, pero no basta con ser una trekkie para interpretar convincentemente un papel en Star Trek. Así que podemos concluir que el único personaje romántico de la historia es Edouard, el maitre del parisino restaurante que Picard recrea en la holodeck.

SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARIS es un episodio olvidable. No del todo malo, tanto el argumento como las interpretaciones del elenco protagonista carecen de chispa. Menos mal que tras él vendría el estupendo CONSPIRACIÓN. Pero esa es otra historia.

© Antonio Quintana Carrandi, (725 palabras) Créditos