EL SUMERGIBLE
EL SUMERGIBLE Joseph Remesar
Título original: ---
Año de publicación: 2016
Editorial: Dlorean ediciones
Colección: Tesla
Traducción: ---
Edición: 2016
Páginas: 224
ISBN:
Precio: 15 EUR

El steampunk idealiza una época, entre finales del siglo XIX y principios del XX, soñándola movida por el vapor y que, por tanto, requiere de sus personajes atuendos propios para lidiar con fogones, calderas y hollín, mucho hollín. Por algún sitio he apuntado que la gran paradoja de esto es que precisamente en esa época explotó el uso de la electricidad y no solo los autores del momento, sino el público en general, estaban más fascinados por la aplicaciones de esa maravillosa fuente de energía que preocupados por el uso de algo tan vulgar como eran los artefactos de vapor.

El propio Julio Verne, que es homenajeado en este libro, tenía bastante más fe y dedicaba más tiempo a todas aquellas nuevas tecnologías que despuntaban por la época. ¿Quién no se sintió fascinado por las poderosas lámparas Ruhmkorff que alumbraban el fondo de los océanos como si fuera de día? ¿O a quien no le intrigó el ingenio que impulsaba al Nautilus, ciertamente eléctrico, pero por el que Verne pasaba de puntillas? Es precisamente ese misterio el que da pie a Joseph Remesar para desarrollar EL SUMERGIBLE.

La situación geo-política ya la había dejado definida en su anterior novela, EL DIRIGIBLE, el Imperio británico sigue con su política expansionista y si bien el Imperio español ya no es lo que era, sigue siendo pujante y vigila de cerca las maniobras de la Pérfida Albión. Las que si han logrado mantenerse unidas, formando un gran estado muy a tener en cuenta, son las antigua colonias españolas en Sudamérica, a las que los británicos tienen echado el ojo. Los yankis actúan como aliado ocasional de los británicos que, como siempre, son mirados con recelo por franceses, alemanes y rusos.

En esto, alguien roba un artefacto de gran potencia y enigmático funcionamiento que los británicos habían encargado al mismísimo señor Tesla. La maniobra es confusa porque aparecen involucrados la Armada Española, los piratas del caribe, aristócratas rusos venidos a menos y la mafia china. Sorprendentemente el artefacto acaba en el propio Londres, al cabo capital del mundo por la época, por lo que al ya familiar inspector James Usera-Brackpool, de origen anglo-argentino, se le encarga investigar el espinoso asunto. En su empeño será asistido por el marshall Lázaro Brodermann, de madre cubana, enviado por el gobierno de los Estados Unidos para proteger sus intereses sobre la tecnología robada. Como se ve, la novela es verdaderamente global.

La primera parte transcurre con las peripecias de Usera-Brackpool y Brodermann por lo más canalla del Londres de la época, siguiendo la pista de los ladrones del artefacto. Quizá se hace un tanto plomiza, empezando porque, pese a la capitalidad, no tiene mucho sentido que el aparato acabe en Londres. El ladrón del mismo, el malvadado John Khun que también conocimos en EL DIRIGIBLE, tiene la intención de venderlo al mejor postor, y el gobierno de su Graciosa Majestad no está convocado entre los postores. No obstante, esta maniobra en apariencia tan poco inteligente, da pie para que Usera-Brackpool y Brodermann corran unas cuantas aventuras por los más sucios galpones y muelles, busquen pelea y encuentren sus némesis particulares.

La segunda parte, con la venta, intercambio y puesta en marcha de aparato misterioso, la novela remonta, recupera frescura y se convierte en la aventura verniana que da a entender el título. Nada menos que el príncipe Dakkar, el propio hijo del capitán Nemo, al mando de un nuevo Nautilus, llamado propiamente Neemo (oportuno acrónimo de Naval Extreme Environment Mission Operations), hace su aparición con la intención de continuar la obra de su padre, esto es, acosar hasta derribar al inglés. Las escenas finales con el Neemo en Londres, sumergido en el Támesis, son quizá las mejores de toda la novela.

Los personajes, aunque cada uno con su propia personalidad, están construidos claramente a base de estereotipos: los ingleses impasibles, los franceses refinados, los rusos toscos, los yankis dinámicos, los orientales retorcidos, lo que quizá los hace un tanto caricaturescos. La novela también acaba de una forma relativamente brusca, cerrando todos los hilos, pero para mi gusto con algo de precipitación.

La edición que he tenido la oportunidad de leer, cedida por el propio Joseph Remesar, es el borrador previo, por lo que hay algunas rarezas, como llamar fuentes de poder a las calderas de vapor y el artefacto robado no deja de ser desconcertante, parece una mala traducción del inglés de una mala traducción del chino del manual de una linterna barata. Hay también unas cuantas faltas de ortografía poco edificantes. No obstante, el autor me comentó que todos esos errores se subsanarán en la edición definitiva. El libro, además, tendrá dos ediciones, una española y otra en Miami, cada una adaptada a las particularidades y modismos del español de uno y otro lado del charco.

También podría parecer que hay un préstamo excesivo del propio Julio Verne, como el enorme parecido de las aventuras en busca de los tesoros de la ría de Vigo que se pueden leer tanto en EL SUMERGIBLE como en 20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO. Sin embargo, Joseph Remesar, ha escrito las suya con conocimiento de causa. Aunque anglo-venezolano, es de ascendencia gallega, y durante su niñez vivió algunos años en Vigo, momento en el que tuvo noticia de las muchas leyendas que se cuentan sobre los tesoros sumergidos en el fondo de la ría.

Desde luego, no será la última aventura del inspector Usera-Brackpool que leeremos. Lo desaprovechados que quedan algunos secundarios, como la viajera en el tiempo Nicole Lorca, o la periodista Bernadett Birke, y el destino un tanto ambiguo del malvado Khun, por no hablar del mutis del príncipe Dakkar, hacen pensar en nuevas aventuras de estos personajes.

© Francisco José Súñer Iglesias, (957 palabras) Créditos