SYNCHRONICITY
SYNCHRONICITY EE. UU., 2015
Título original: Synchronicity
Dirección: Jacob Gentry
Guión: Alex Orr, Jacob Gentry
Producción: Christopher Alender, Alexander Motlagh
Música: Ben Lovett
Fotografía: Eric Maddison
Duración: 101 min.
IMDb:
Reparto: Chad McKnight (Jim Beale); Brianne Davis (Abby); AJ Bowen (Chuck); Scott Poythress (Matty); Michael Ironside (Klaus Meisner); Claire Bronson (Helen)

Esta película trata los viajes en el tiempo de una forma más convencional que la también reciente PREDESTINATION. Desde luego Jacob Gentry (que además es el director) y Alex Orr, los guionistas, no son Heinlein y los giros del guión no son especialmente espectaculares. Naturalmente, como buena película de viajes en el tiempo, los hay, y tengo que reconocer que bien hilados, pero no implican el vértigo de TODOS VOSOTROS ZOMBIS, de la que PREDESTINATION no deja de ser una adaptación casi literal.

Sin embargo, hay algunos elementos interesantes que si se incorporan en SYNCHRONICITY (curioso, ahora cada vez se traducen menos títulos de películas, al menos las de lengua inglesa), como es la relación de la ciencia con las finanzas.

Efectivamente, ya simplemente para pagar la factura de la energía que consume el monstruo creado por el físico Jim Beale se necesita una cuenta corriente más que saneada, por no hablar de lo que se lleva la construcción del artefacto en si, el material radiactivo que necesita para funcionar, el alquiler de la nave donde tiene ubicado su laboratorio y todos esos pequeños detalles secundarios, como tener un sitio para dormir y comer algo de cuando en cuando.

Por supuesto Klaus Meisner, el ricacho que financia todo esto, no tiene otra intención que sacarle su buen rendimiento económico una vez que el invento funcione adecuadamente. Sucios capitalistas que solo piensan en su beneficio y no en el de la humanidad en su conjunto...

Me disperso. Como parece que la cosa no avanza Meisner está por dejar de soltar dinero si no ve resultados, y Beale, cabezón como solo son los genios iluminados, consigue audiencia con Meisner y su mujer, que al parecer también tiene algo que decir en lo que respecta a la administración de la empresa. En este punto se introduce un elemento que alterará el experimento: Abby, la amante de Meisner que acude a la cena figurando ser la novia de Jim. La intervención de ésta es fundamental para que Meisner, más bien su mujer, se interese por el proyecto y continúe la financiación.

El personaje de Abby es importante porque en principio solo parecía un entretenimiento de Meisner, pero sus conocimientos de física desconciertan y encantan a Jim, que acaba enamorado, o algo parecido, de ella. Aquí empiezan los embrollos, los científicos (un equipo bastante peculiar de sabios despistados) recuperan en uno de los experimentos una dalia, un obvio mensaje desde el futuro, que altera a Jim, por motivos que se verán en la película, y que le convierte a su vez en viajero del tiempo.

A partir de aquí SYNCHRONICITY es un tanto tópica, no se rompen las reglas del género, es decir, la naturaleza tiene aversión literal a que la misma materia ocupe dos veces espacio en el universo, los equívocos y situaciones salvadas por los pelos son moneda común, nadie es quien parecía ser, o al menos se revela como alguien distinto, y ya sabe: la salsa está en los detalles.

Eso la hace flojear ligeramente. Gentry y Orr no dan una vuelta de tuerca convincente a la historia, hay sorpresas, si, pero las piezas que componen SYNCHRONICITY parecen prestadas, todo lo que cuentan ya se ha narrado en una u otra ocasión, y aunque son cuidadosos a la hora de dar pistas, se puede intuir por donde irá la cosa. Con todo no es mala película, pero le falta algo de chispa para acabar de ser una de esas grandes obras para recordar.

Por otra parte entre sus virtudes está el buen trabajo de sus actores, no hay que presentar Michael Ironside, como Meisner, especialista en cabrones y tipos duros, Brianne Davis está igualmente convincente como Abby, al igual que AJ Bowen y Scott Poythress como los socios de Jim, el único que está un poco pasado de vueltas es Chad McKnight como Jim Beale, demasiado histriónico para mi gusto, pero quizá es lo que se espera de un científico loco.

En resumen, se deja ver aunque no maravillará.

© Francisco José Súñer Iglesias, (667 palabras) Créditos