STAR TREK TNG: EL HIJO DE LA GALAXIA
STAR TREK TNG: EL HIJO DE LA GALAXIA EE. UU., 1991
Título original: Galaxy┤s Child
Dirección: Winrich Kolbe
Guión: Maurice Hurley
Producción: David Livingston
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Marvin Rush
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Gates McFadden (Crusher); Marina Sirtis (Troi); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Whoopy Goldberg (Guinan); Susan Gibney (Dra. Lea Brahms); Lanei Chapman (Alférez Rager); Jana Marie Hupp (Alférez Pavlik); April Grace (Jefe de transportador)

Sinopsis

Fecha estelar 44614.6. La doctora Leah Brahms, a quien LaForge recreó un año antes en el simulador holográfico, llega a la Enterprise para estudiar las modificaciones que Geordi ha realizado en los motores. LaForge se muestra exultante ante la noticia, y tan pronto la doctora se encuentra a bordo trata de iniciar un proceso de aproximación, con vistas a entablar alguna relación con ella. Pero desde un principio Leah Brahms se muestra fría, distante y un tanto despectiva. Mientras tanto, la Enterprise descubre una nueva forma de vida, a la que mata accidentalmente. La criatura resulta ser una hembra encinta, que consigue dar a luz después de muerta gracias a la intervención de la doctora Crusher. La cría cree que la Enterprise es su madre y se acopla a ella, empezando a absorberle la energía.

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En EL HIJO DE LA GALAXIA se nos presenta una nueva y curiosa forma de vida, cuyo hábitat natural es el vacío espacial. Esta sorprendente criatura fascina a Picard, que desea averiguar todo lo posible de ella. Pero, por alguna razón, el ser reacciona atacando a la Enterprise, que se ve obligada a defenderse utilizando los phaser, aunque eso sí, a mínima potencia. Sin embargo, la descarga causa la muerte de la entidad, lo que deja a Picard desolado. El ser resulta ser una hembra de su especie, que reaccionó como lo hizo llevada por el impulso de proteger a la cría que lleva dentro. En vista de la situación, Picard recurre a la doctora Crusher, que utilizando uno de los proyectores phaser de la nave como escalpelo, consigue realizarle a la entidad algo similar a una cesárea. El curioso bebé espacial toma a la nave estelar por su progenitora, y en consecuencia no sólo comienza a seguirla, sino que, llevada por el impulso natural de alimentarse, se pega a su madre y comienza a absorberle la energía.

El argumento del episodio es muy original, aunque no faltaron indocumentados que lo encontraron risible. Pero el plato fuerte de EL HIJO DE LA GALAXIA es la relación entre LaForge y la doctora Leah Brahms, que llega a la nave dispuesta a estudiar las remodelaciones que el ingeniero jefe de Picard ha llevado a cabo en los motores factoriales. Cuando el capitán le informa de la inminente llegada de Brahms, Geordi no puede disimular su alegría, pues desde los acontecimientos narrados en TRAMPA ansía conocer a Leah. Pero la mujer que se transporta a la Enterprise es muy distinta de la que LaForge recreó un año antes en la holodeck. Además, está molesta por los cambios introducidos por LaForge en sus diseños, como deja muy claro desde el principio, apenas se materializa en la sala de transporte.

El espectador, que se había quedado casi tan fascinado como Geordi con la Leah holográfica de TRAMPA, comprende y comparte la desilusión del ingeniero jefe de la Enterprise al encontrarse ante la mujer real. Evidentemente, la Leah holográfica era sólo un reflejo muy parcial de la real. Guinan, a quien LaForge hace partícipe de sus cuitas, da de lleno en el clavo al observar que el ingeniero ha vivido conscientemente una fantasía, y expresa una cierta desaprobación hacia Leah, que ha hecho lo que, a juicio de la elauriana, es lo peor que una persona puede hacerle a otra: destruir sus sueños. No obstante, Guinan, con su sutileza habitual, sugiere a Geordi que lo mejor que puede hacer es tratar de conocer a la auténtica Leah. LaForge está dispuesto a hacerlo, y sus esfuerzos por llegar a un entendimiento con la doctora Brahms resultan conmovedores, aunque no reciben más que fríos desplantes por respuesta. De todas formas, quizá llevada por un deseo de resultar más sociable, Leah acepta cenar con Geordi en su cabina, pero luego se lo piensa mejor y la cosa termina como el rosario de la aurora. En realidad, ambos se parecen demasiado, son dos ingenieros muy capaces que han dedicado sus vidas a su trabajo, y que se sienten mucho más cómodos entre ordenadores y esquemas de propulsión que entre otras personas.

El punto de inflexión lo marca el momento en que ella, que está trabajando como Geordi en el problema de la criatura que chupa la energía de la Enterprise, accede al programa holográfico que LaForge utilizó en TRAMPA. Cuando él llega a la holodeck 3 ya es demasiado tarde, pues Leah ha podido visionar todo el programa, incluyendo el singular final del mismo. La mujer se muestra furiosa, y acusa a LaForge de recrearla holográficamente como una fantasía erótica. Pero Geordi, que ya empieza a estar harto de sus malos modos, le replica adecuadamente, haciendo hincapié en que su único error fue creer que podrían llegar a ser amigos.

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Mientras tanto el problema del bebé espacial se agrava. Los intentos por despegarlo de la nave resultan infructuosos, por lo que la Enterprise se dirige hacia un campo de asteroides en el que hay una gran concentración de cierta sustancia, presumiblemente empleada como alimento por tales criaturas. Conforme la nave se aproxima al campo, el bebé cósmico empieza a emitir una señal, y unos seres semejantes a él, pero tan grandes como su progenitora, se dirigen raudamente al encuentro de la nave estelar. La Enterprise se encuentra en grave riesgo, y Picard urge a LaForge a encontrar un modo de librarse del molesto huésped. A pesar de su reciente disputa, Geordi y Leah colaboran en la resolución del problema, llegando a idénticas conclusiones y elaborando un plan que consiste, básicamente, en agriarle la leche al bebé; es decir, hacer que la energía que está absorbiendo de la nave le resulte desagradable. El plan da resultado, la criatura se separa de la Enterprise, yendo al encuentro de sus congéneres adultos, y Picard se apresura a alejar la nave de allí.

Todo ha salido bien y Leah y Geordi no sólo hacen las paces, sino que incluso parecen encontrarse en el comienzo de una buena amistad, como sugiere el final del episodio, cuando ambos comentan lo sucedido en el bar de la nave. Ha quedado claro que, una vez superados los malentendidos, trabajan muy bien juntos. Incluso bromean sobre lo ocurrido en la holodeck, y el espectador tiene la sensación de que Leah Brahms y Geordi LaForge podrían haber sido algo más que colegas de profesión y amigos, si las circunstancias fueran diferentes. Pero, por desgracia, como Leah le ha confesado a LaForge a mitad del episodio, está casada.

Susan Gibney es una actriz magnífica, aunque algunas personas, entre ellas cierto colaborador del libro STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN, de Alberto Santos, Editor, la consideren inexpresiva y no vean lógico que EL HIJO DE LA GALAXIA gustara tanto en USA, y que los fans reclamaran el regreso a Star Trek del personaje de Leah Brahms. Ya se sabe que, para gustos, están los colores. En todo caso, lo que ese señor le achaca a Susan Gibney es lo mismo que ciertos críticos estultos, que no veían más allá de sus narices y prejuicios personales, le achacaron en su día a Robert Mitchum, cuya economía gestual, tachada por demasiados indocumentados de inexpresividad, se traducía en unas interpretaciones muy creíbles de puro sobrias.

En este episodio Gibney compone un personaje mucho más complejo que en TRAMPA, ya que aquí da vida a la Leah real. Con su buen hacer interpretativo, la actriz consigue que su personaje caiga mal al espectador desde el principio, que era lo que el guión requería, para que al final, mediante la progresión lógica de los acontecimientos, acabe por resultar una mujer mucho más cálida y agradable de lo que en principio aparentaba ser.

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Los efectos especiales son aceptables, aunque las infografías que dan vida al bebé cósmico y a las criaturas de su especie no estén perfectamente conseguidas.

La escena es corta, pero merece figurar con letras de oro en los anales de Star Trek. Me refiero a ese momento en que, tras percatarse de que han provocado la muerte de la entidad, Picard reflexiona amargamente sobre el sentido de la misión exploratoria que llevan a cabo, y sobre las consecuencias morales que lleva implícita su involuntaria acción. Es una escena conmovedora, que sintetiza el espíritu de la serie, y en la que Patrick Stewart, que siempre se ha considerado, por encima de todo, un actor shakesperiano, nos ofrece una memorable interpretación.

EL HIJO DE LA GALAXIA es uno de los episodios más notables de la cuarta temporada de TNG, en el que se desarrolla un poco más el personaje de Geordi LaForge, uno de los más emblemáticos de la serie. Disfrutad de esta fascinante aventura espacial, en la línea clásica de Star Trek.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.762 palabras) Créditos