REFLEXIONES SOBRE STAR TREK: TOS
por Antonio Quintana Carrandi
Gene Roddenberry
Gene Roddenberry

Soy un trekkie de lo que podríamos denominar La Vieja Guardia­; es decir, de los que consideran que la genuina Star Trek, la de los 60, es insuperable. Por tanto, como es obvio, sostengo que tal creación de Gene Roddenberry es la mejor serie televisiva de ciencia-ficción. Esta es una opinión personal, que sin embargo es compartida por millones de aficionados en todo el ancho mundo. Mas no deja de ser una opinión, y por lo tanto otros pueden sostener, con idéntica firmeza, lo contrario.

Sin embargo, con el fin de poner en valor los méritos de TOS, y dejar clara mi postura sobre las peculiaridades de esta serie, redacto este pequeño artículo para intentar arrojar un poco más de luz sobre el tema.

A ver quienes son los malotes del barrio
A ver quienes son los malotes del barrio

Se ha hablado de un supuesto adoctrinamiento pro-yanqui en TOS. Tal adoctrinamiento no existe, y a las pruebas me remito, ya que, desde sus inicios, la serie clásica se distinguió por ser una producción políticamente incorrecta, que iba a contracorriente de lo que se estilaba en su época en la televisión americana. El único episodio en el que puede encontrarse una descarada referencia pro-estadounidense es EL ESPLENDOR DE OMEGA, donde, además de la bandera de las barras y estrellas y las primeras frases de la Constitución de los Estados Unidos, aparecen dos pueblos, los yangs, muy rubios ellos, y los khoms, de aspecto oriental, que son trasuntos de los yanquis y los comunistas. Está claro que, teniendo en cuenta lo que ocurría en los 60 en el mundo, y la percepción que se tenía en USA de tales acontecimientos, incluso una producción tan asépticamente política como TOS estaba llamada a sucumbir, siquiera una vez, ante el ombliguismo que caracteriza a una gran parte de la sociedad norteamericana. Pero repito que ésta fue la única vez que ocurrió algo así en toda la serie, y considerando que la misma consta de 79 episodios, el que sólo uno de ellos parezca pergeñado por un adalid de la propaganda pro-yanqui se me antoja perfectamente disculpable. Sobre todo porque otras series contemporáneas sí que eran un canto continuo, y en ocasiones bastante falso, de la forma de vida y los valores estadounidenses. Conviene matizar, también, que El esplendor de Omega no es un episodio demasiado popular entre los trekkies ortodoxos, como el que suscribe. El argumento versa sobre la búsqueda de la prolongación indefinida de la vida, algo que parecen haber logrado los omeganos, y que empuja al capitán Tracey a actuar como lo hace. Pero todo lo referente a la rivalidad entre yangs y khoms canta demasiado, sobre todo al final, cuando se descubren las afinidades de los primeros con los Estados Unidos de la Tierra. Es ciertamente un episodio muy flojo, que pronto reseñaré, y que es recordado por los trekkies, más que por otra cosa, porque tras su emisión Paramount y NBC anunciaron que se prolongaría la serie una temporada más.

Bueno, la cosa no ha sido para tanto...
Bueno, la cosa no ha sido para tanto...

También se critica en ciertos ambientes la supuesta sociedad utópica futura mostrada en TOS, increíble según algunos por su aparente perfección. Bien; Roddenberry pretendía inculcar en los espectadores la sana idea de que el futuro de la humanidad podía ser brillante, si ésta superaba los prejuicios de todo tipo. En la década de los 60 había una percepción muy pesimista de lo que estaba por llegar, y Gene luchó contra ese pesimismo del mejor modo que supo; esto es, describiendo una sociedad futura pacífica y ordenada. Pero la acción de la serie se centra en las vivencias de la tripulación de la Enterprise en sus viajes por la galaxia, y sólo se describe muy someramente cómo es la vida en la Tierra del siglo XXIII. En los 79 episodios no hubo ninguno en el que se presentara la terrestre como una comunidad utópica, pero es evidente, a tenor de algunos comentarios de los personajes, que es mucho más perfecta que la actual. La explicación que se da para ello es que hubo una Tercera Guerra Mundial que asoló el planeta, diezmando a la población, tras lo cual se produjo el primer contacto con una raza alienígena, los vulcanianos, cuya ayuda fue inestimable para que la humanidad dejara atrás actitudes arcaicas y peligrosas, integrándose como un todo. Los cambios que se operaron en la Tierra fueron muy profundos y significativos, afectando a todos los ámbitos del conocimiento humano, generando, sobre todo, una nueva forma de entender la política y la economía, los dos ejes principales de nuestra civilización. Así pues, la cultura humana mejoró notablemente. Pero, por mucho que mejore la sociedad, está claro que la naturaleza humana no cambia tan fácil y rápidamente. En el futuro imaginado por Roddenberry seguro que existen algunos problemas parecidos a los de las sociedades actuales, y debe haber en ella, por fuerza, muchas personas que, por las razones que sean, delincan en determinado momento. Pero eso, repito, es consustancial a la forma de ser humana. No obstante, dada la evolución supuestamente experimentada por la humanidad terrestre en sus estructuras sociales y económicas, resulta perfectamente creíble que en ése hipotético siglo XXIII en que transcurre la acción muchos comportamientos delictivos se hayan minimizado, y desaparecido otros muy concretos y relacionados, precisamente, con la ambición de dinero. Aunque el asunto de la concepción del vil metal no acaba de estar muy claro en Star Trek —tema que trataré próximamente en un artículo—, lo cierto es que queda claro que en la Tierra del futuro no existen ni la pobreza extrema ni la riqueza fabulosa. Eliminada la ambición de dinero, tal como la entendemos hoy, se eliminan de un plumazo muchos de los delitos provocados por ésta. Pero en la Tierra del siglo XXIII todavía deben cometerse ilegalidades, y, por lógica, deben existir aún muchos delitos de índole violenta, pues las pasiones humanas no sólo se exacerban, desgraciadamente, a causa de la codicia. De todos modos, en ningún momento se dice en toda TOS que la terrestre de la época sea una sociedad perfecta. Y dado que en ningún episodio se nos muestra cómo se vive en la Tierra de Kirk, ni mucho menos se ofrece una descripción pormenorizada de la sociedad de ese tiempo, colegir que Roddenberry presentaba en Star Trek un futuro utópico de perfección absoluta se me antoja excesivo. Lo que sí es cierto es que Gene, consciente de los gravísimos problemas por los que atravesaba la sociedad estadounidense de su tiempo, trató de ofrecer una imagen lo más positiva posible de un futuro en el que muchos de esos problemas se habían solucionado.

Los halkanos paralelos
Los halkanos paralelos

Hablemos de la Primera Directriz. Son muchos los que sostienen que Kirk y los suyos interferían en los asuntos de otras culturas, teniéndolo como lo tenían estrictamente prohibido. Es una cuestión muy interesante, que me propongo tratar en profundidad en otro trabajo. Pero para dar respuesta a los que así opinan, habrá que dejar claro que, pese a que muchos fans conciben la Primera Directriz como una especie de ley inamovible, en la práctica no es así ni mucho menos. La Primera Directriz, aun teniendo categoría de ley, es más una filosofía de comportamiento que un conjunto de rígidas normas, lo que permite que los capitanes de la Flota Estelar puedan actuar con cierto margen de maniobra. En algunos episodios Kirk bordea la legalidad en su interpretación de la Primera Directriz, pero nunca la transgrede abiertamente, y en las contadas ocasiones en que parece hacerlo, su actitud responde a que antes, por las razones que fueran, el supremo precepto de la Flota Estelar ya ha sido violado por otra persona. Es lo que ocurre con el capitán Tracey en el ya citado El esplendor de Omega, o con el capitán Merrik de PAN Y CIRCOS. Pero los episodios que ofrecen un tratamiento más profundo de las implicaciones éticas de la Primera Directriz pertenecen a TNG, destacando entre ellos el magnífico SIMBIOSIS de la primera temporada.

Soy un trekkie de La Vieja Guardia, que ha colocado en un pedestal a TOS, y esto podría sugerir que me falta algo de espíritu crítico al reseñar los episodios. Puedo asegurar que no es así, ni mucho menos. Ocurre que es mucho más fácil criticar los aspectos negativos de un telefilm, película o libro, y a ello se apuntan demasiados cantamañanas, que enmascaran su nula capacidad de análisis tras un espeso muro de críticas adversas. He leído tantas estupideces sobre Star Trek en la red, y también sobre otras series y películas, que cuando empecé a colaborar en el Sitio, hace ya más de una década, me hice el firme propósito de procurar en lo posible ser positivo en mis comentarios, y tratar de encontrar lo mejor de ella en cada obra que reseñara. Claro que en TOS hay aspectos negativos, e incluso risibles. Pero siempre he procurado dar la mejor imagen posible de aquello que reseño, realzando sus aspectos más positivos, y destacando también los negativos, pero sin darles preponderancia, como por desgracia suele hacer demasiada gente. No obstante, en ocasiones, muy puntuales por suerte, uno se encuentra ante verdaderos bodrios de los que apenas puede destacarse nada bueno, y entonces no me duelen prendas a la hora de denostarlos con firmeza. Tal es el caso de Ángel uno, episodio de TNG recientemente reseñado por mí, al que considero un cúmulo de despropósitos indigno de Star Trek. No creo carecer, por tanto, de espíritu crítico; pero si por tal se entiende defenestrar algo simplemente porque no es de mi agrado, o porque no responda a mis exquisitos criterios personales, entonces sí que carezco de dicho espíritu, y es más, me siento muy orgulloso de ello.

McCoy explicando que se van a encontrar
McCoy explicando que se van a encontrar

Ya para concluir, diré que es evidente que TOS no trató con la profundidad y rigor deseables diversos temas que han dado mucho juego en sus series hermanas o, por citar un ejemplo que no pertenece a la franquicia Trek, en la fabulosa Babylon 5. Pero ello se debe a que TOS vio la luz en los años 60, una época en la que todavía había muchos tabúes y cuestiones consideradas delicadas, que normalmente no se trataban ni en las series televisivas ni en el cine. Pero la producción de Roddenberry se atrevió a plantear temas incómodos para la sociedad de su tiempo, camuflándolos hábilmente como relatos de ciencia-ficción, sentando un precedente que años después sería utilizado como referencia por muchas producciones notables, y no sólo de ciencia-ficción.

Por todo lo anteriormente expuesto, sigo considerando que Star Trek TOS es la mejor serie de ciencia-ficción de la historia, porque, en una época difícil y tratando de esquivar la entonces pujante censura televisiva, abrió el camino y trazó la senda que seguirían otras prestigiosas producciones de televisión.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.781 palabras) Créditos