ROBOCOP 3
ROBOCOP 3 EE. UU., 1993
Título original: RoboCop 3
Dirección: Fred Dekker
Guión: Frank Miller, Fred Dekker
Producción: Patrick Crowley
Música: Basil Poledouris
Fotografía: Gary B. Kibbe
Duración: 104 min.
IMDb:
Reparto: Robert John Burke (RoboCop); Mario Machado (Casey Wong); Remy Ryan (Nikko); Rip Torn (Director); Mako (Kanemitsu); John Castle (Paul McDaggett); S.D. Nemeth (Bixby Snyder); Felton Perry (Johnson); Bruce Locke (Otomo); Nancy Allen (Anne Lewis)
Comentarios de: Antonio Santos

Ni vivo ni muerto

Queriendo ser original, diré algo positivo de la denostada película de Fred Dekker: filma una parábola del miedo al inversor extranjero, que pretende mancillar una castidad norteamericana ingenua y maravillosa, y anima a la defensa de ciertos sagrados principios acogidos bajo la insignia de las barras y estrellas.

Siempre se ha valorado, al alza, la saga del cyborg que añora su pasado humano pero ha terminado aceptando su nueva condición inhumana gracias a los excelentes legados de Paul Verhoeven e Irving Kershner. No se (prefiere) recordar, para nada, el menos venturoso tránsito de Alex Murphy (Peter Weller) por el tebeo y la serie de animación.

Pero ROBOCOP 3 recoge cuanta deficiencia y absurdo esos productos exhibían, edulcorado con algunos planteamientos de Frank Miller que ha rebajado, de notable forma, la agresividad impostada a ROBOCOP 2.

...aunque aseguran que Wallon Green tuvo más que ver con esa agresividad. Pero pudiera parecer que desearan adjudicársela al autor de cómics por su auge en el medio por entonces, causa de un esnobismo de querencia sobrevenida de las elites críticas y estéticas del mundo cultural, siempre vano, superficial, insustancial, lamentablemente influyente, por la historieta.

El tebeo estuvo siempre ahí, ofreciendo distinta calidad en sus tramas e ilustraciones. Se estimaba juguete necio y pueril del horrendo consumo de masas, y no merecía sino sofisticado desprecio. El Arte, la Cultura, (de la que estas veleidosas cabezas huecas se han adueñado, indicándonos caprichosamente qué consumir, adorar, denostar), es otra cosa. Elevada, radiante, acotada al populacho bullicioso. Mas, de pronto, vieron cierta propiedad en el tebeo y debían ¡aclamarlo! quitárselo a la gente corriente al que se destinaba, para transformarlo en otro cursi bibelot de su idolatría.

Entendían que, para estar en la onda, debía hablarse del tebeo (léase: novela gráfica) en sus fondas culturales. Sin saber de qué conversaban. Sin citar autores, ilustradores, aun hojear un cómic. Era... la postura. La moda. Lo IN de la temporada.

Así que elegimos a Miller, que vive de las viñetas, y parece así que la cosa adquiere un renombre capaz de imantar la atención de esas elites, cuya crítica y presencia sacraliza la producción.

Por desgracia, ROBOCOP 3 defrauda toda expectativa. Es artefacto agotado y aturdido que no convence y que, para justificar su descafeinado aliento, culpó a la hiperviolencia de ROBOCOP 2, productor de fuerte rechazo y tal. Para existir, ROBOCOP 3 debía ser más Disney­ que nunca. Y helo ahí: blanco de malas reseñas y peores recomendaciones.

No obstante, alguien (tal vez Dekker, o Miller, o ambos) decidió que ROBOCOP 3 debía alentar (con respiración asistida) los mismos aires que habían popularizado al masivo representante de la Ley, y mantuvieron un (remedo) del enérgico contenido social presente en las primeras entregas, presunta (y no lograda) denuncia de unas conductas avasalladoras del Poder y el Dinero, nuevos amos feudales que oprimen a la masa.

Que OCP pierda todo su poder frente a una Corporación japonesa menoscaba toda la estructura de ROBOCOP 3. OCP era la faz, inhumana, del Poder y el Dinero que nos están haciendo la puñeta. Enemigo cercano y que podíamos identificar, así odiar, por tener reflejo en nuestro mundo real.

Al transformar a OCP en víctima, perdió la gracia. Ahora, ¿a quién vamos a aborrecer? ¿A esa Corporación nipona llena de caras desconocidas? ¿Carentes del elegante y comedido empaque de El Viejo (Daniel O´Herlihy), o del extrañamente ingenuo y afortunado Johnson­ (Felton Perry), que sobrevive toda la serie, pese a las titánicas debacles, debido a su secundaria y anodina estampa?

El enemigo del país del Sol Naciente no tiene garra. Es un capricho oportunista de Miller (creo), que quería consagrar, en la Robomitología, sus propias preferencias. El tal robot Otomo­ (no hace falta explicar por qué ese nombre, ¿eh?) no da la talla; su aparente superior sofisticación, frente al corpulento RoboCop / Murphy, no consigue vencerle. Aunque sí establecen esta imagen: RoboCop es sólido y resistente, como América. El elegante robot extranjero es también débil.

Creo que conviene señalar qué oscura intención patriótica encierra esta cinta, rodada como un reprise del primer ROBOCOP (imperdonable la muerte —innecesaria— de Ann Lewis-Nancy Allen —) y finiquitar la saga (táctica incomprensible que esboza casi desde el primer fotograma; ¿van a matar a la productiva gallina de los huevos de oro?). Por esa época, grandes Corporaciones japonesas estaban adquiriendo señaladas empresas norteamericanas.

Advertían de una invasión foránea que iba apoderándose de lo más rico del país: podían, cara al estadounidense y el resto del globo, seguir teniendo fachada americana, pero sus jefes estaban domiciliados en Tokio.

Mediante estas denuncias parecían intentar criminalizar al inversor extranjero, en vez de admitir que quizás el fallo estuviera en la propia industria nacional, que dejó de ser eficiente, o competitiva. No por pereza o ineptitud. Se durmió en los laureles. Se prefiere culpar al forastero a admitir taras indígenas.

Pero pasma la comparación: los mejores ROBOCOP los filmaron extranjeros (Verhoeven, Kershner), y el peor, un norteamericano. ¿Cómo de lúcido queda el mensaje que se pretendía transmitir, que el made in USA, hecho por personal USA, supera al foráneo?

América es también muy nacionalista. Proclive al aislacionismo, no mira tan bien como afirma su Propaganda al mundo. Es un robusto gigante convencido de perdurar para siempre, mas su imperio muestra ya decadencia. Por un lado, invita a venir y civilizar a todos con su contagiosa CultuPop. Por otro, rechaza, criminaliza, discrimina. Se siente por encima del mundo, a duras penas queriendo admitir que su poderío procede de inmigrantes, llámense o no Einstein o Von Braun.

Concluyendo: ROBOCOP 3 decepciona. No es RoboCop. Está siempre roto, averiado, como en los dibujos animados o el tebeo. Soportó violentos castigos en pasadas entregas, pero aquí lo tumba un resbalón. Gana de pura chamba, no a consecuencia del heroico esfuerzo. Y lo santifican como imagen del honesto pueblo trabajador americano, que se opone, desde el aire, cuan ciberarcángel de piel de titanio y kevlar, al fascista capital extranjero que ha corrompido a varios compatriotas y pretenden violar la ingenua castidad de Columbia.

Como digáis. Pero este no es RoboCop. Es Robert Burke vestido de RoboCop.

© Antonio Santos, (1.019 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 21 de febrero de 2014