HIJO DE UN JEFE
Star Trek TOS: HIJO DE UN JEFE EE. UU., 1967
Título original: Star Trek TOS: Friday´s Child
Dirección: Joseph Pevney
Guión: D. C. Fontana
Producción: Gene Roddenberry y Gene L. Coon
Música: Alexander Courage y Gerald Fried
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); George Takei (Sulu); Nichelle Nichols (Uhura); Walter Koenig (Chekov); Julie Newmar (Eleen); Tige Andrews (Kras); Michael Dante (Maab); Ben Cage (Akaar); Carl Bolder (Kreel)
Temporada: 2, Episodio: 11

Sinopsis

Fecha estelar 3219.8. El capitán Kirk debe negociar un tratado minero en Capella IV, pero cuando se transporta al planeta se encuentra con que los klingon han enviado un emisario para ofrecerles a los capellanos un trato supuestamente más ventajoso para ellos. Se produce una revuelta armada, en la que perece Akaar, líder de los capellanos y valedor de Kirk. Los miembros de la Flota Estelar son recluidos, ya que el nuevo líder capellano prefiere pactar con los klingon. Kirk infringe una de las costumbres más arraigadas de la cultura capellana: salva la vida de Eleen, viuda del jefe capellano, que estaba destinada a ser víctima de un sacrificio ritual. Kirk, Spock y McCoy huyen llevando con ellos a Eleen, que espera un hijo de Akaar. Mientras tanto, la Enterprise, mandada por Scott, es alejada del planeta por una argucia de los klingon.

McCoy explicando que se van a encontrar
McCoy explicando que se van a encontrar

En HIJO DE UN JEFE se presenta a los capellanos, raza que tiene muchas cosas en común con los antiguos espartanos. Como éstos, los habitantes de Capella IV poseen una cultura guerrera y sus costumbres se asemejan bastante a las de Esparta, como la de dejar perecer a los más débiles, ya que piensan que sólo los más fuertes son aptos para la vida. Al igual que los espartanos, consideran el combate más placentero que el amor. En el prólogo del episodio, Bones, que conoce bien la cultura capellana, pone al tanto de sus peculiaridades a Kirk y Spock. A McCoy no le gusta nada la filosofía de vida de esa gente, sobre todo porque rechazan las prácticas médicas y son partidarios de dejar morir a los heridos. Se trata, por lo que explica el médico de la Enterprise, de unos seres extremadamente belicosos, lo que lleva a Spock a sugerir que lo mejor sería bajar al planeta con una tropa bien armada. Kirk y McCoy rechazan la sugerencia del vulcaniano, pues opinan con acierto que cuanta más gente baje más riesgo habrá de infringir cualquiera de sus leyes. En Capella IV existen ricos yacimientos de topalina, un mineral imprescindible para el desarrollo de las colonias federales, por lo que Jim no está dispuesto a arriesgar el éxito de la misión diplomática por nada.

Pero cuando descienden a Capella IV se encuentran con que los klingon se les han adelantado. Un emisario klingon se encuentra entre los capellanos. Ante su inesperada presencia, el guardia de seguridad que ha bajado con Kirk y los demás actúa precipitadamente, provocando que los capellanos le maten. Kirk, para quien la pérdida de un hombre bajo su mando siempre es una tragedia, reacciona muy mal ante la muerte del guardia, y no puede evitar echarle en cara a McCoy todo lo positivo que ha dicho de los capellanos. Bones le replica recriminándole su nerviosismo, sabe cómo se siente Jim cuando pierde a un tripulante, pero no está dispuesto a consentir que lo pague con los capellanos, cuya nobleza el doctor admira, aunque no acepte muchas de sus costumbres. De todas formas, el enfado de Kirk es pasajero, sabe que Bones está en lo cierto y no tarda en pedirle disculpas al médico. Lo que más le preocupa a Jim es que, donde hay un klingon, tiene que haber una nave llena de ellos muy cerca, y eso puede representar un peligro para su querida Enterprise.

Puesto que está claro que Kras piensa matarlos, nuestros héroes escapan llevándose con ellos a la viuda de Akaar. Eleen, educada según los usos capellanos, es un verdadero incordio, pues no quiere ser salvada por los federales e incluso parece odiar a la criatura que lleva dentro. Como se encuentra en avanzadísimo estado de gestación, McCoy está pendiente de ella en todo momento. La actitud de Eleen, además de retrasar la huida del grupo, acaba con la paciencia de Bones, que se impone a la cargante mujer. Impagable la escena de las dos bofetadas que le da Eleen al doctor, cuando éste intenta examinarla. Bones, mi personaje preferido no sólo de TOS sino de todo el vasto universo Trek, corta el asunto por lo sano, propinándole a la fémina una leche en condiciones, que envidiaría el mismísimo Glen Ford de GILDA (Ídem, Charles Vidor, 1946). Mano de santo, porque a partir de ese instante Eleen se mostrará más razonable y seguirá sin rechistar las indicaciones de McCoy. Vista hoy, seguro que esta escena solivianta a los progres de toda laya, sobre todo al comprobar que Eleen, tras encajar la torta, parece respetar más a McCoy. ¡Machismo infame!, exclamarán algunos indocumentados. Pero no hay nada de eso. Eleen se comporta con arreglo a su educación capellana. Aquellos extranjeros se le antojaron desde un principio seres débiles y sin arrestos, especialmente por sus peculiares ideas. Pero cuando McCoy reacciona como lo hace, Eleen se muestra sumisa ante él no porque lo considere superior por su sexo, sino porque comprueba que Bones es tan decidido como un capellano, llegado el caso. No olvidemos que estos seres respetan profundamente a los que saben imponerse, y McCoy, aunque está claro que no le gusta hacerlo, sabe que para poder ayudar a Eleen antes debe ganarse su respeto... a la manera capellana. La actitud de Bones opera un gran cambio en Eleen, que empieza a verlo como un amigo e incluso se permite con él ciertas familiaridades que ninguna mujer capellana demostraría hacia un extranjero. No hay que perderse la expresión de Spock cuando ve a Eleen acariciar la mano de McCoy.

Los irreductibles capellanos
Los irreductibles capellanos

En el enfrentamiento con los capellanos que los persiguen, Kirk y Spock, que están desarmados, se confeccionan un par de arcos, arma que los capellanos no han desarrollado y cuyos efectos les sorprenden desagradablemente. Poco antes, Kirk tiene una de sus ideas geniales, al sugerirle a Spock utilizar los comunicadores para crear una onda sónica que provoque un derrumbamiento, bloqueando así el desfiladero. Spock alega algo en contra, pero Jim le incita a lograrlo con un: Bueno, si cree que no puede hacerlo... El capitán tiene una forma muy especial de alentar a sus hombres para hacer cosas difíciles, y ésa es una de sus grandes cualidades como oficial de mando. Cuando McCoy, ante la inminencia del parto de Eleen, revela su preocupación por las diferencias fisiológicas entre capellanos y humanos, Kirk utiliza la misma estrategia con idénticos buenos resultados. Picado en su amor propio, Bones contesta: Lo que menos necesito es un capitán manazas revoloteando a mi alrededor. Bones logra asistir debidamente a Eleen en el parto, y la cara de Spock cuando la mujer dice que el niño también es de McCoy es todo un poema. También Scotty demuestra su perplejidad ante el niño de McCoy. Más tarde, en la clásica escena final del puente, Spock concluye que el capitán y el médico estarán insoportables durante algún tiempo, pues Eleen ha puesto a su hijo los nombres de Leonard James Akaar.

Me gusta muchísimo el personaje de Eleen, a mi juicio uno de los roles femeninos mejor tratados en TOS. El modo en que evoluciona a lo largo del episodio conmueve al buen trekkie. Eleen se gana el respeto y la admiración del espectador cuando decide sacrificarse para salvar no sólo la vida de su hijo, sino también las de los extranjeros, a los que ha llegado a apreciar. No consuma su sacrificio gracias a la intervención de Kreel, que se rebela contra los capellanos en su deseo de acabar con las vidas de los federales. El comportamiento del klingon hace recapacitar a Kras, que le devuelve su estatus social a Eleen y se enfrenta a Kreel, pereciendo en el envite. Claro que el pérfido klingon muere también a manos de los capellanos. Kreel es víctima de su propia soberbia. Asume que los capellanos, como los klingon, forman una cultura guerrera, pero no se percata de que esos seres son muy suyos y no están dispuestos a aceptar que nadie venido del cielo les diga lo que tienen que hacer. Los capellanos son cualquier cosa menos sumisos, y para los klingon, acostumbrados a imponerse por la fuerza, no resulta fácil tratar con gente parecida a ellos. Pero además los capellanos son superiores en algo a los klingon: conocen la clemencia y a menudo dan pruebas de ella. Kreel no se ha molestado en estudiar a fondo la civilización capellana y lo paga caro.

La acción principal se desarrolla en el planeta, con ocasionales vistazos a lo que ocurre a bordo de la nave. Mientras Kirk y los demás las pasan canutas en el planeta, la Enterprise tiene que abandonar la órbita de Capella IV para responder a una llamada de auxilio de la SS Dierdre, un carguero estelar. A Scotty no le hace maldita la gracia tener que alejarse de allí, sobre todo cuando llevan tiempo sin tener noticias del capitán, pero debe hacerlo porque las ordenanzas de la Flota Estelar son muy claras al respecto: deben socorrer a la nave en peligro. El carguero comunica que está siendo atacado por una nave klingon, así que Scott lanza la Enterprise a factor 5 para prestarle ayuda. Pero cuando llegana la zona en la que presumiblemente se está produciendo el ataque, no encuentran nada. Scott decide esperar un poco y seguir registrando el sector con los sensores, pero no hay ni rastro del carguero ni de la nave klingon. Mosqueado, Scotty escucha de nuevo el mensaje de auxilio de la nave mercante, descubriendo que todo es una trampa para alejar a la Enterprise de Capella IV. Emprenden el regreso al planeta, pero son interceptados por una nave klingon y Scott se prepara para combatir, aunque al final no se produce la lucha, pues los klingon no parecen muy dispuestos a enfrentarse abiertamente con la nave insignia de la Flota Estelar.

En este episodio Kirk sorprende a los trekkies confesándole a Spock su deseo de vengarse del klingon. El vulcaniano le pregunta si le parece justo desear la venganza, a lo que Jim responde: ¿Por qué no? Semejante actitud parece contradictoria en un hombre que, en el episodio LA CONCIENCIA DEL REY, no quiso matar a Kodos, el verdugo, responsable de la muerte de varios de sus parientes. Pero aunque algunos aficionados consideran esto como un pequeño despiste de la guionista, yo sostengo que es una forma magistral de remarcar la humanidad de Kirk. Todos sabemos que es un hombre de sólidos principios morales, pero el que alguna vez se sienta tentado por sentimientos tan oscuros como el deseo de venganza lo humaniza muchísimo. Jim jamás sucumbirá ante pasión tan baja, y de hecho, unos años más tarde intentará salvar la vida del klingon que acaba de asesinar a su propio hijo. Esto demuestra que cuando está inmerso en un enfrentamiento frontal parece no tener las ideas tan claras, e incluso se plantea cosas en las que normalmente no pensaría. Pero al final, sean cuales sean los sentimientos que alberga su corazón, siempre se comporta con la rectitud y nobleza que le caracterizan, a pesar de tener las mismas debilidades que cualquier persona.

Eleen y McCoy arreglando diferencias
Eleen y McCoy arreglando diferencias

En HIJO DE UN JEFE abundan los exteriores. El paraje elegido para rodar es Vazquez Rock, donde también se filmaron EL PERMISO, ARENA y EL FACTOR ALTERNATIVO. Los efectos especiales son los característicos de la serie original, pobres pero efectivos. La nave klingon avistada por la Enterprise, por ejemplo, se asemeja a una especie de sombrero brillante, y las escenas que la muestran en pantalla parecen sacadas del episodio LAS CHICAS DE MUDD.

El título original del capítulo, FRIDAY´S CHILD, (El niño del viernes), fue extraído por la guionista de un poema infantil decimonónico obra de A. E. Bray, escrito en 1838, del que se publicaría una versión posterior en 1887, notablemente más oscura. Pero el hijo de Eleen no es, ni de lejos, el niño del viernes lleno de desgracia. Después de todo, en cierta manera también es hijo del mismísimo Leonard Bones McCoy, y por lo tanto su historia no podía acabar mal.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.989 palabras) Créditos