LOS HIJASTROS DE PLATÓN
Star Trek TOS: LOS HIJASTROS DE PLATÓN EE. UU., 1968
Título original: Star Trek TOS: Plato´s Stepchildren
Dirección: David Alexander
Guión: Meyer Dolinsky
Producción: Gene Roddenberry y Fred Freiberger
Música: Alexander Courage
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); Majel Barrett (Chapel); George Takei (Sulu); Michael Dunn (Alexander); Liam Sullivan (Parmen); Barbara Babcock (Philana); Ted Scott (Eraclio); Derek Partridge (Dionides)
Temporada: 3, Episodio: 10

Sinopsis

Fecha estelar 5784.2. Kirk, Spock y McCoy se transportan a un planeta desconocido, desde el que se ha lanzado una señal de auxilio. El planeta, llamado Platonius por sus moradores, sólo tiene treinta y nueve habitantes, todos ellos de más de mil años de edad. Treinta y ocho son unos humanoides con asombrosos poderes telequinéticos. El otro es un enano llamado Alexander, que es quien los recibe y los lleva ante Parmen, el líder de la comunidad, que está herido de gravedad. McCoy cura fácilmente a Parmen, pero cuando Kirk y los suyos se disponen a regresar a la nave, se encuentran con que todos los sistemas de ésta, incluidos los transportadores, han sido bloqueados por los platonianos, que pretenden que Bones se quedé en el planeta, pues necesitan un médico, y también desean mantener en secreto su existencia.

El famoso beso
El famoso beso

LOS HIJASTROS DE PLATÓN es un telefilm que marcó un hito en la historia de la televisión americana, pues en este episodio de TOS se vio por primera vez un beso interracial, en concreto el que Kirk, bajo la influencia de Parmen, le da a la bella teniente Uhura. Es un ósculo de lo más casto, visto hoy, pero en su momento algunos sectores de la sociedad americana podrían haberlo considerado como una provocación. Que un blanco besara en los labios a una negra, en la televisión estadounidense de 1968, con el reciente asesinato de Martin Luther King y los enfrentamientos raciales en varios estados de la Unión, tenía bemoles. En los mentideros Trek corrió el rumor de que la breve pero polémica escena estuvo a punto de ser suprimida, pues la dirección de la cadena NBC estaba atemorizada por las repercusiones que podría tener algo así. Pero, según parece, fue el mismísimo Roddenberry el que cogió el toro por los cuernos y decidió mantenerla. Es obvio que el Gran Pájaro de la Galaxia quería marcar la diferencia en televisión. En realidad, su serie ya lo había hecho en muchas ocasiones, pero esto del beso interracial era mucho más delicado que, pongamos por caso, las referencias a la guerra de Vietnam. A pesar de todo, el beso de Kirk y Uhura fue aceptado sin problemas por la inmensa mayoría de la audiencia, aunque es seguro que hubo muchos telespectadores que rechinaron los dientes ante semejante osadía. No obstante, y a instancias de los directivos de NBC, se rodaron dos versiones de la escena, una con el beso tal como lo hemos visto, y otra en la que Kirk y Uhura lograban resistirse a los platonianos y no se besaban. Una vez finalizada la filmación, se decidiría qué escena incluir en el montaje. Se incluyó la del beso, y Roddenberry acertó de nuevo, pues se recibieron muchas cartas en la cadena televisiva, alabando el compromiso de Star Trek con las causas de la integración social de los negros y la lucha por los derechos civiles de la comunidad afroamericana. Indudablemente, para el bueno de Gene tuvo que ser uno de los momentos más memorables de su vida.

La serie estaba en su tercera temporada, la NBC y la Paramount ansiaban ponerle punto y final, el día y la hora de emisión habían sido deliberadamente cambiados con este fin, y el presupuesto se redujo hasta límites raquíticos. Y a pesar de tenerlo todo en contra, TOS fue capaz, merced a la pasión y al esfuerzo de Gene Roddenberry y sus colaboradores, de poner en pantalla historias tan interesantes, amenas y llenas de significado como la del episodio que nos ocupa. Porque en LOS HIJASTROS DE PLATÓN abundan los contenidos antirracistas, como podemos apreciar desde el principio, cuando Kirk le dice a Alexander que en el mundo de donde provienen cuestiones como el tamaño, la forma o el color carecen de importancia.

Los platonianos se consideran hijos de Platón porque, según dicen, han creado una idílica república y viven en una auténtica utopía platoniana. El espectador se percata enseguida de que Alexander está en lo cierto, cuando define a los platonianos como hijastros del gran filósofo griego. Parmen y los suyos han optado por ignorar olímpicamente el sentido de la justicia que emana de los textos de Platón, regocijándose por completo en la autocomplacencia propia de los seres que se consideran a sí mismos superiores a los demás. Sus extraordinarios poderes les han hecho creerse algo así como unos semidioses, y como tales se comportan. Su crueldad no conoce límites, y su soberbia ha eliminado en ellos cualquier rastro de dignidad humana. Saben perfectamente que son inútiles como personas, pero les da igual, pues se sienten muy cómodos ejerciendo como diosecillos y humillando y torturando al pobre Alexander, que, aparte de su tamaño, es el único platoniano que carece de poderes telequinéticos. El estudio de la filosofía griega es una mera excusa para seguir viviendo y comportándose como egoístas criaturas todopoderosas. Han adoptado los nombres de diversos filósofos, pero no viven de acuerdo con la filosofía de los clásicos. Al contrario, muestran en todo momento una actitud inhumana, sobre todo la pérfida Philana, que disfruta lo indecible con las torturas a las que son sometidos Kirk y Spock.

Por otra parte, los platonianos ven la arribada de la Enterprise como una gozosa oportunidad para ellos. Hasta entonces tenían que conformarse con torturar al pobre Alexander, pero la nave federal puede proporcionarles 430 bufones para divertirles. Así pues, y aunque al principio finjan ser razonables, en ningún momento se plantean la posibilidad de liberar la nave.

El planeta es rico en depósitos de kironida, y tras una conversación con Alexander, que está fascinado con esos extranjeros que le tratan como a un igual, nuestros héroes llegan a la conclusión de que tal sustancia, presente sin duda en los alimentos originarios de ese mundo, tiene mucho que ver con los extraordinarios poderes de los longevos platonianos. Alexander, seguramente debido a razones genéticas, no ha adquirido ese poder. Kirk hace que McCoy les inyecte a él y a Spock una dosis masiva de ese compuesto, con la esperanza de poder replicar el poder de Parmen y aún de superarlo. También propone inyectar a Alexander, y es en este momento cuando se revela a los espectadores de qué pasta está hecho el pequeño personaje. Alexander rechaza la posibilidad de adquirir el poder, que le permitiría vengarse de Parmen y los demás, e incluso derrocar al tiranuelo de Platonius y erigirse en líder, porque desprecia tanto a Parmen que no quiere convertirse en alguien como él. Lo único que pide a Kirk es que, si consiguen derrotar a los platonianos, le lleven con ellos y le dejen en un lugar donde nadie haya oído hablar jamás del poder.

Pequeño en tamaño pero grande en espíritu
Pequeño en tamaño pero grande en espíritu

Como es obvio, la sustancia que McCoy les inyecta puede tardar bastante en hacer efecto, y mientras tanto Kirk y Spock se ven sometidos a toda clase de vejaciones. Para hacer la cosa más interesante, Parmen transporta al planeta a Uhura y Christine Chapel, que se verán forzadas a unirse a Jim y el vulcaniano para divertir a los platonianos. Pero cuando parece que éstos van a salirse con la suya, la kironida presente en el organismo del capitán comienza a hacer efecto, y Jim se bate con Parmen en un peculiar duelo de poder, en el que la herramienta es el pobre Alexander, que poco antes había intentado matar al líder platoniano. La victoria se decanta del lado de Kirk, y aunque en un principio Alexander aboga por que le dejen acabar con la vida de ese repugnante ser que es Parmen, al final el pequeño platoniano comprende que tal acto le equipararía a ese monstruo y arroja el puñal.

En última instancia, Parmen, que ha demostrado ser un cobarde, trata de salvar las apariencias y contemporizar con Kirk, pero el capitán no muerde el anzuelo. Advierte a Parmen de lo que puede pasar si los platonianos vuelven a atacar a una nave estelar, tras lo cual emprende el regreso a la Enterprise llevándose con él... una pequeña sorpresa.

El pequeño actor Michael Dunn brilla a la misma altura que Shatner, Nimoy y Kelley, componiendo un personaje entrañable y carismático. Barbara Babcock, a quien ya vimos como Mea 3 en EL APOCALIPSIS, de la primera temporada, está muy creíble como la malvada Philana. Y Liam Sullivan, como el despótico Parmen, ofrece una interpretación sencillamente fabulosa.

La acción se desarrolla en un par de decorados, que cumplen bien su función, a pesar de la pobreza de los mismos. Los efectos especiales se limitan a las tomas de varios objetos movidos por la mente de Parmen, sobrias pero bien resueltas. En el episodio hay referencias a Shakespeare y Lewis Carroll, una canción de Aristófanes y otra, la que interpreta Spock para Uhura y Christine, titulada Maiden Wine y compuesta por el mismísimo Leonard Nimoy.

LOS HIJASTROS DE PLATÓN es un buen episodio de TOS. A un espectador actual, acostumbrado a los trucajes sin cuento y a los efectos visuales portentosos de la televisión de hoy día, seguro que el estilo visual se le antoja poco menos que inexistente. Pero en Star Trek, la serie clásica, la genuina Star Trek, este detalle era secundario. Lo importante era el argumento, y aquí tenemos uno de los mejores de la tercera temporada. Disfrutadlo.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.539 palabras) Créditos