LA ÉPOCA DE AMOK
Star Trek TOS: LA ÉPOCA DE AMOK EE. UU., 1967
Título original: Star Trek Tos: Amok Time
Dirección: Joseph Pevney
Guión: Theodore Sturgeon
Producción: Gene Roddenberry y Gene L. Coon
Música: Alexander Courage y Gerald Fried
Fotografía: Jerry Finnerman
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); George Takei (Sulu); Walter Koenig (Chekov); Majel Barrett (Chapel); Celia Lovsky (TīPau); Arlene Martel (TīPring); Lawrence Motaigne (Stonn)
Temporada: 2, Episodio: 01

Sinopsis

Fecha estelar: 3372.7. Spock se está comportando de una manera brusca y extraña, y el doctor McCoy pone al tanto de ello al capitán, que al principio no da mucha importancia al asunto, pero cuando observa la violenta e irascible actitud del vulcaniano empieza a preocuparse. Tras examinarle, McCoy descubre que, por alguna razón en principio inexplicable, el primer oficial padece unas tensiones físicas y emocionales que ponen en peligro su vida. Spock acaba por revelarle a Kirk el origen de su problema, que tiene que ver con el apareamiento, y pide al capitán que le lleve a Vulcano. Kirk accede, pero poco después recibe de la Flota Estelar la orden de dirigirse a Altair IV. Ante la gravedad de Spock, Jim decide ignorar la orden recibida y dirigirse a Vulcano.

Un Spock extrañamente risueño
Un Spock extrañamente risueño

Durante la primera temporada de TOS había quedado claro que el personaje favorito de la audiencia era Spock. Los trekkies habían expresado a través de sus cartas su interés por todo lo concerniente al primer oficial de la Enterprise y a su especie, por lo que Roddenberry decidió rodar un capítulo donde aparecieran el planeta natal de Spock y sus habitantes. Gene ofreció una proyección de prueba del episodio en una convención de ciencia-ficción, cuyos asistentes lo acogieron con entusiasmo, sancionando su futuro éxito. Cuando fue emitido por televisión, el 15 de septiembre de 1967, se convirtió de inmediato en uno de los episodios favoritos de los seguidores de la serie, y a día de hoy está considerada como una de las mejores historias que ofreció TOS.

La influencia más notoria en LA ÉPOCA DE AMOK es la del autor del argumento y guionista, nada menos que Theodore Sturgeon, uno de los grandes nombres de la ciencia-ficción literaria. El escritor aceptó encantado el ofrecimiento de Roddenberry, y no sólo escribió el guión, sino que se implicó al máximo en todas las fases de su puesta en escena, llegando a asesorar a Rollan M. Brooks y Walter M. Jefferies, encargados de la dirección artística, y a William Ware Theiss, que se ocupaba del vestuario, y al que le indicó no sólo como debían ser los trajes de los vulcanianos, sino también de qué tela deberían confeccionarse. Siendo como era un maestro de la ciencia-ficción escrita, sus sugerencias se siguieron casi al pie de la letra, por lo que este capítulo es uno de los más brillantes en cuanto a estética y estilo visual se refiere.

Como la inmensa mayoría de las historias Trek, LA ÉPOCA DE AMOK trata básicamente sobre la amistad entre los protagonistas y el modo en que honran ese sentimiento. En primer lugar tenemos a Kirk. El capitán no sólo expresa su preocupación por su primer oficial, sino que trata de comprender lo que ocurre, a pesar de que el vulcaniano mantenga un obstinado silencio sobre las causas de su estado. Cuando por fin Spock se sincera con él, Jim no duda ni un segundo en ofrecerle su ayuda. Pero cuando recibe la orden de dirigirse a Altair IV todo se trastoca. Debe obedecer al almirante Comack, así que ordena rectificar el rumbo y poner proa hacia ese planeta. No obstante, trata de encontrar un modo de ayudar a Spock sin desobedecer las órdenes recibidas. Sin embargo, cuando poco después descubre que Spock ha ordenado a Chekov dirigir la nave hacia Vulcano, comprende que la situación es grave. Al interrogar a Spock y comprobar que éste ni siquiera recuerda haber anulado su orden, las sospechas de Kirk se confirman. Spock está realmente mal, y la lucha interna que sostiene el capitán entre su deber como comandante de una nave estelar y su amistad por el vulcaniano toca a su fin. Todos los trekkies sabemos que Jim Kirk ama su nave, pero ni siquiera ese sentimiento es más fuerte que su amistad con Spock. Así pues, decide dirigirse a toda potencia hacia Vulcano, desobedeciendo conscientemente las órdenes del mando y poniendo en serio peligro su carrera. Pero para Jim nada es más importante que su amigo.

Bones, mi personaje preferido de la serie clásica, puede ser un incordio a veces, pero también es un competente oficial médico que está siempre pendiente del bienestar de los tripulantes. Él es el primero en reparar en que a Spock le pasa algo, y cuando lo examina y descubre lo que es, insta al capitán a dirigirse de inmediato a Vulcano. En realidad, la misión en Altair IV es más ceremoniosa que otra cosa, y para nuestro viejo médico de pueblo la salud del primer oficial está antes que la diplomacia. Más tarde, ya en la órbita de Vulcano, se establece contacto con el planeta y se descubre, para asombro de todos, que Spock está comprometido con una beldad vulcaniana. Puesto que el novio tiene el derecho de ser acompañado por sus mejores amigos, el primer oficial les pide a Jim y McCoy que le acompañen. Seguramente Kirk ya se esperaba algo así, por lo que su reacción no tiene nada de particular. Pero para Bones, este reconocimiento explícito de la amistad que le une a Spock es motivo de orgullo, y demuestra sentirse muy honrado por la petición.

Una vez en el planeta, y bajo la fría mirada de TīPau, máxima regente de Vulcano y la única persona que ha rechazado un asiento en el Consejo de la Federación, se procede a la ceremonia. Pero hete aquí que ésta es interrumpida por la novia, la bella Tīpring, quien se acoge a su derecho a un combate ritual, cuyo vencedor se quedará con ella. Cuando todo el mundo espera que la lucha sea entre Spock y Stonn, la pérfida Tīpring, que puede elegir a su campeón, escoge a Kirk. De nada sirven las protestas del capitán. Como las reglas por las que se rige el ritual no dicen nada de los extranjeros, Tīpring puede designar a uno de ellos para que luche por ella. Kirk, creyendo que se trata de un una especie de combate simbólico, acepta. Por desgracia para él, se trata en realidad de una lucha a muerte, en la que deberá enfrentarse a un Spock que parece hallarse en trance, convertido en una máquina de matar y tremendamente hábil con una variada gama de armas que Jim no ha visto en su vida. Se inicia la lucha y Kirk lleva la peor parte. Bones, alegando que Spock pelea con ventaja en la tórrida atmósfera vulcaniana, convence a Tīpau para que le permita inyectarle al capitán una droga que le permita desenvolverse bien en tal ambiente.

El combate, a pesar de todo, se decanta en favor de Spock, que acaba matando a Jim. Tras el final de la lucha, Spock sale de su trance y se muestra consternado por lo que ha hecho. Mientras Bones y el cuerpo inerte de Kirk son transportados a la nave, Spock se encara con Tīpring y le pide que se explique. La hermosa vulcaniana admite que nunca quiso ser la esposa de una leyenda, razón por la que urdió un plan para librarse de él y poder ser la consorte de Stonn, de quien está enamorada. Spock reconoce la lógica implícita en el plan de Tīpring, y tras liberarla de su compromiso se despide amargamente de Tīpau. El vulcaniano regresa a la nave y se entrevista con McCoy. Está dispuesto a asumir su culpa y pagar por el asesinato de su oficial al mando... Y entonces aparece Kirk. El astuto Bones no le inyectó un preparado para adecuar su metabolismo a la cargada atmósfera vulcaniana, sino una droga que le provocó una muerte aparente. Spock no puede ocultar su alegría por la resurrección del capitán, y, como insinúa McCoy, está a punto de reaccionar emocionalmente, como un humano. El vulcaniano vuelve a adoptar su fría postura habitual y trata de explicarle al médico el aspecto lógico de su proceder, cosa que no convence ni a Bones ni a los espectadores.

Esta escena final fue lo más criticado del episodio. La sonrisa de felicidad de Spock al descubrir que Kirk está vivo, en realidad casi un esbozo de sonrisa que apenas duró dos segundos, fue muy mal acogida por los trekkies más recalcitrantes, que consideraron que tal actitud traicionaba el espíritu del personaje. La productora recibió miles de cartas quejándose por ello, lo que viene a demostrar que buena parte de los aficionados de entonces o no estaban muy al tanto de la peculiar naturaleza de Spock, o les importaba un comino. El primer oficial de la Enterprise es medio humano, así que por lo tanto resulta lógico, y nunca mejor empleada la palabra, que ante una situación tan emotiva tenga una reacción humana. Esto es mucho más comprensible si tenemos en cuenta que Spock y Kirk, además de subordinado y superior, son grandes amigos, entre los que existe una unión muy profunda. De forma que la reacción de ciertos fans ante la media sonrisa de Spock no sólo se me antoja desproporcionada, sino incluso estúpida. Por otra parte, vale la pena recordar que en los dos pilotos de la serie Spock todavía ofrecía unas sonrisas francas y encantadoras. Sería a partir del rechazo de la Paramount al personaje de Número Uno, la querida primera oficial femenina de Roddenberry, cuando se decidió traspasarle al vulcaniano la personalidad fría y distante del rol interpretado por Majel Barrett. Está claro que también entre ciertos fans de Star Trek hay extremistas, lo que me lleva a pensar que tales individuos no son trekkies de verdad, porque si por algo se caracterizan éstos es por asumir con decisión el llamado espíritu Roddenberry, totalmente contrario a cualquier clase de extremismo.

La figurilla del fondo tras McCoy, Nimoy de escaqueo
La figurilla del fondo tras McCoy, Nimoy de escaqueo

En LA ÉPOCA DE AMOK se menciona por primera vez el pom-far, que podríamos definir como la época de celo de los vulcanianos. A pesar de la frialdad, el control de las emociones y la lógica que rigen sus vidas, los vulcanianos también están sometidos a la tiranía del sexo. En su caso, el celo se presenta una vez cada siete años, y tiene un efecto contundente sobre sus organismos. Sometidos a un impulso fisiológico ante el que no pueden resistirse, los vulcanianos, como los salmones y otras especies animales, deben regresar a su lugar de nacimiento para unirse a su pareja, y si no lo hacen, las tensiones y desarreglos a los que se ve sujeto su organismo pueden provocarles la muerte.

Los actores invitados son muy buenos, en especial Celia Lovsky, esposa de Peter Lorre, que dota de gran dignidad a su personaje de Tīpau. Arlene Martel, una actriz del montón, no demasiado conocida en España, era poseedora de un exótico atractivo que le viene muy bien al rol de Tīpring, al que además consigue dar un tono bastante cálido..., siempre teniendo en cuenta que interpreta a una fría vulcaniana. Del insulso Lawrence Montaigne sólo puedo decir que ofrece una interpretación correcta de un personaje sin apenas relieve e importancia. Este actor ya había aparecido en Star Trek, en concreto como un centurión romulano en el capítulo El equilibrio del terror de la primera temporada. Es destacable el trabajo de Majel Barrett como la dulce enfermera Christine Chapel, eternamente enamorada de Spock. Roddenberry no quería romances a bordo de la Enterprise, que si no... ¿Os imagináis una chica mejor dispuesta que la enfermera jefe para calmar los ardores amorosos del pom-far de Spock? ¡Si hasta sabe preparar una rarísima sopa vulcaniana!

Buena parte de la acción transcurre en Vulcano. Los decorados, aun siendo de cartón piedra, están muy logrados. El círculo de piedras recuerda muchísimo el de Stonehenge, en Gran Bretaña, aunque es de tamaño mucho más reducido. En general el ambiente de Vulcano está bien conseguido. No obstante, algunos fans se mostraron decepcionados, pues esperaban extrañas ciudades vulcanianas, y algunos hasta confiaban en conocer a los padres de Spock. A Roddenberry le habría gustado complacer a estos fans, pero el presupuesto no daba para tanto. Con todo, hay que admitir que, para ser un episodio rodado íntegramente en estudio, la apariencia del exterior vulcaniano resulta bastante convincente.

Por desgracia, en LA ÉPOCA DE AMOK tenemos algunas de las pifias más notorias de toda la serie. La más sonada es la desincronización de la escena en la que aparece el séquito de Tīpau, que por lo menos entra dos veces seguidas por el portal de piedra. Pero lo peor es cuando, en un plano general en el que aparecen Kirk y McCoy departiendo con Tīpau, se ve a Spock al fondo. Se supone que el vulcaniano debería estar en trance, concentrado y con las manos juntas, ¿no? Pues lo que vemos es a Leonard Nimoy apoyado en una pared, con las manos a la espalda y contemplando la escena. El actor no se dio cuenta de que al filmar le cogían en el encuadre. El director y el cámara tampoco se percataron de ello, al parecer, porque el error no fue subsanado y el episodio se emitió tal cual.

Pero incluso con semejantes fallos LA ÉPOCA DE AMOK se convirtió de inmediato en uno de los capítulos fetiche de TOS, uno de los relatos más apreciados por los aficionados. Disfrutadlo, pues es una de las historias más densas y logradas de Star Trek.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.213 palabras) Créditos