ARENA
Star Trek TOS: ARENA EE. UU., 1967
Título original: Star Trek Tos: Arena
Dirección: Joseph Pevney
Guión: Gene L. Coon, Fredric Brown
Producción: Gene Roddenberry y Gene L. Coon
Música: Alexander Courage
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Capitán James T. Kirk); Leonard Nimoy (Mr. Spock); DeForest Kelley (Doctor McCoy); George Takei (Sulu); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); Jerry Ayres (O´Herlihy); Grant Woods (Teniente Kelowitz); Tom Troupe (Teniente Harold); James Farley (Teniente Comandante Lang); Bill Blackburn (Gorn)
Temporada: 1, Episodio: 18

Sinopsis

Fecha estelar 3045.6. Respondiendo a una llamada del comodoro Travers, Kirk y sus oficiales se transportan al puesto avanzado de Cestus III. Apenas se materializan descubren que la base ha sido destruida, y ellos mismos son atacados por una fuerza desconocida, mientras la Enterprise también sufre el ataque de un navío extraño. Tras repeler la agresión, regresan a la nave y se lanzan en persecución del navío alienígena, hasta llegar a una zona poco conocida de la galaxia, donde ambas naves son interceptadas por los metrones. Éstos, que parecen dominar fuerzas incomprensibles, transportan a Kirk a un planeta remoto y le obligan a librar un duelo a muerte con el capitán de la otra nave, que resulta ser un reptiloide perteneciente a la raza de los Gorns.

El equipo estupefacto ante la destrucción de Cestus
El equipo estupefacto ante la destrucción de Cestus

En ARENA se establece una de los principios técnicos básicos de Star Trek, en concreto aquel que dice que el transportador no puede utilizarse con los escudos deflectores activados. Poco a poco se iba configurando el universo futurista imaginado por Gene Roddenberry. A estas alturas de TOS ya estaban casi perfectamente definidos sus aspectos característicos. Los personajes estaban bien perfilados, así como las bases ideológicas de la serie, claramente inspiradas por una visión humanista del futuro. ARENA ejemplifica muy bien el nivel que había alcanzado Star Trek en este aspecto, pues aquí se tratan los temas de la tolerancia y la convivencia entre seres de distintas especies.

La reacción de Kirk ante la destrucción de Cestus III y los ataques que sufren el equipo de tierra y su nave puede ser visceral, pero también es completamente lógica. Los misteriosos atacantes se han cebado en la pequeña colonia, pues, como les revela el único superviviente, ni siquiera hicieron caso cuando los federales trataron de comunicarse con ellos para rendirse. Kirk, enfurecido ante lo que considera un proceder criminal, ordena perseguir a la nave alienígena. Spock intenta razonar con el capitán. Para el vulcaniano, un ataque tan desproporcionado debe tener algún motivo, pues piensa que ninguna criatura inteligente haría daño sólo por el placer de hacerlo. Pero Kirk, ofuscado por lo ocurrido, desea castigar a los agresores porque, alega, si no lo hace así, éstos repetirán el ataque. El capitán está tan obsesionado con vengar la destrucción del puesto avanzado, que incluso fuerza los motores de la nave para dar alcance al enemigo, sin considerar las sensatas advertencias de Scotty. Está claro que Jim suele obsesionarse cuando cree tener razón, y ésta es una de sus características más humanas... y uno de sus puntos débiles. Está tan furioso por lo ocurrido, que cuando la nave enemiga reduce velocidad hasta quedar completamente paralizada e indefensa, se dispone a atacarla con todo su armamento.

Pero entonces entran en acción los metrones, y la Enterprise queda tan inerme como el navío desconocido. Estos seres consideran a unos y otros como criaturas bárbaras, y se muestran muy irritados por lo que consideran una violación de su espacio. En consecuencia, han interceptado ambas naves, inmovilizándolas, y transportan a Kirk a un planeta desierto, donde deberá enfrentarse en un combate a muerte con el capitán de la otra nave. Ambos capitanes son dotados de un comunicador, y aunque no llevan armas, los metrones les hacen saber que el mundo donde les han enviado posee elementos para fabricarlas.

El encuentro entre Kirk y el gorn. Los peores minutos de todo Star Trek
El encuentro entre Kirk y el gorn. Los peores minutos de todo Star Trek

Kirk debe enfrentarse a un gorn, especie de reptil inteligente. Aunque lento de movimientos, el gorn es muy fuerte y Jim tiene serios problemas para intentar derrotarle. Cuando por fin lo consigue, mediante el empleo de un rudimentario pero efectivo cañón, que ha improvisado con lo que ha ido encontrando por allí, se dispone a rematar a su oponente. Pero en el último segundo cambia de idea, al reflexionar serenamente sobre todo lo ocurrido. A pesar de la repugnancia innata de los humanos hacia los reptiles, el gorn es un ser inteligente y el oficial al mando de una nave estelar.

Los metrones permiten que la tripulación de la Enterprise vea lo que le ocurre a su capitán, pero sin permitir que se comuniquen con él. No importa, porque entre Kirk y Spock se ha establecido algo muy similar a la telepatía, pues cada uno parece saber en cada momento lo que piensa el otro. A partir de este capítulo se nos mostrará, en varias ocasiones, el nivel de comunicación a que han llegado ambos personajes a través de su amistad. Kirk y Spock parecen pensar en las mismas posibilidades y al mismo tiempo, ante los elementos dispersos por la torturada superficie del planeta: diamantes, salitre, carbón... En algunos momentos, Spock muestra claros signos de excitación, al comprobar que el capitán va dando con lo necesario para improvisar un arma.

Cuando el gorn se comunica con Kirk, prometiéndole que si se rinde será clemente y le dará una muerte rápida e indolora, el capitán alude al criminal ataque de Cestus III. La respuesta del gorn deja perplejos al capitán y a los que, desde el puente de mando de la Enterprise, asisten al peculiar duelo. Las palabras del gorn son muy reveladoras, y aquí tenemos una muestra clara del espíritu Roddenberry: todos admiten que, tal vez, los gorns tengan razón. El gorn alega que destruyeron invasores de su espacio, y como Cestus III está en un sector de la galaxia casi inexplorado, nuestros héroes barajan la posibilidad de que aquellas criaturas reptiloides estén en lo cierto. Esos ideales pacifistas y de tolerancia, ese ponerse en el lugar del otro, caracterizará TOS y contribuirá a hacer de ella una serie única.

En ARENA podemos disfrutar del doctor McCoy en estado puro. El temperamental médico, mi personaje predilecto de la serie clásica, demuestra una vez más de qué pasta está hecho. Apenas se mueve del puente durante toda la crisis, se mete en las discusiones de mando cuando le da la gana, y no duda en replicarle a Spock, echándole en cara su supuesta pasividad ante lo que le ocurre al capitán. Spock, claro está, no puede hacer nada, y Bones lo sabe, pero es que su carácter es así. No obstante, cuando escucha las explicaciones del gorn, McCoy reacciona con sensatez y una total falta de prejuicios. Pero claro, él y los demás viven en el siglo XXIII. En este capítulo comienzan a ser habituales los piques entre el vulcaniano y el doctor, que se convertirán en algo así como la pimienta de Star Trek.

En ARENA predomina la idea de igualdad entre todos los seres inteligentes, y se postula que siempre es posible alcanzar una solución negociada, antes de recurrir a la fuerza de las armas para solucionar los conflictos. Valores muy norteamericanos que estaban en alza en los años 60, y que TOS supo plasmar magistralmente. Al final, la Federación, consciente del error cometido, decide retirarse de Cestus III, reconociendo que ese mundo pertenece a los gorns.

Los metrones son una de esas razas avanzadísimas que tanto se prodigaron en la serie clásica, y cuyo máximo exponente serían los organianos de TENTATIVA DE SALVAMENTO. El metrón que aparece al final tiene aspecto de efebo, aunque dice tener una porrada de años. Se muestra gratamente sorprendido por la reacción de Kirk, que se ha negado a matar al gorn; pero, aunque considera que para la especie humana hay esperanza, concluye que todavía no está lo suficientemente evolucionada para establecer relaciones con los metrones. A decir verdad, este tipo de entidades me resultan un tanto cargantes. Menos mal que en TNG Q, claramente inspirado en el inolvidable Trelane de EL ESCUDERO DE GOTHOS, aportó savia nueva a esa clase de seres todopoderosos.

Las escenas de Cestus III fueron rodadas en el rancho de la Paramount. La zona agreste y montañosa donde tiene lugar el enfrentamiento entre Kirk y el gorn es, en realidad, un paisaje muy cinematográfico, Vazquez Rock, zona relativamente cercana a Los Ángeles, que aparecería en TOS en otras ocasiones, tales como EL PERMISO, HIJO DE UN JEFE o EL FACTOR ALTERNATIVO. Allí se rodó, por ejemplo, el excelente western CIELO AMARILLO (YELLOW SKY, William A. Wellman, 1948).

Y como siempre, brilla con luz propia la relación cuasi amorosa de Kirk con su amada Enterprise. Pero ¿qué le vamos a hacer? Al fin y al cabo, todos los trekkies sentimos algo parecido por esa vieja nave estelar.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.247 palabras) Créditos