STAR TREK TOS: MEDIO SIGLO DE UNA LEYENDA
por Antonio Quintana Carrandi
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El próximo jueves, 8 de septiembre de este 2016, Star Trek, la serie original, cumplirá medio siglo de existencia. Cabe suponer que tal efeméride será adecuadamente conmemorada por la Paramount, y por los millones de trekkies repartidos por el mundo. Muchos de esos fans ni siquiera habían nacido cuando Gene Roddenberry, antiguo piloto de combate en la Segunda Guerra Mundial y ex policía, reconvertido en productor televisivo de éxito, se embarcó en el que habría de ser el proyecto más arriesgado e ilusionante de su carrera: crear una serie de ciencia-ficción distinta a lo que se había hecho hasta entonces; una producción donde se tratarían todas las temáticas de la ciencia-ficción con un enfoque serio y eminentemente adulto.

Los 60 fueron una época de contrastes y grandes cambios, no sólo en la sociedad estadounidense, sino en todo el mundo. En los EE. UU. se había consolidado la prosperidad económica iniciada la década anterior, pero, a pesar de ello, el inmediato futuro no parecía presentarse muy brillante para los norteamericanos. La Guerra Fría, el enfrentamiento ideológico entre el Mundo Libre y la URSS, estaba en su punto más álgido, con la fracasada invasión de Bahía Cochinos, el asunto de los misiles rusos en Cuba, que estuvo a punto de provocar la Tercera Guerra Mundial, y el posterior asesinato de Kennedy, que sumió a la sociedad estadounidense en una profunda depresión. El conflicto vietnamita, al que USA se vio arrastrada por razones de geopolítica y que nunca gozó de apoyo popular entre los estadounidenses, complicó aún más las cosas. Y sobre todo ello planeaba el fantasma de las tensiones raciales, que amenazaban con desgajar la nación. Sólo los logros de los EE UU en la carrera espacial parecían arrojar algo de luz sobre un mundo en tinieblas. Y en ese contexto, Gene Roddenberry alumbró su hoy mítica producción, convencido de que con ella podría mostrar a sus contemporáneos que el futuro podía ser maravilloso, que la humanidad podría superar todos los obstáculos, abriéndose paso hacia un porvenir esperanzador. En el futuro imaginado por Roddenberry, la raza humana no sólo había superado los males que la acuciaban en el siglo XX, sino que había establecido contacto con seres inteligentes de otros mundos, y trabajando en equipo junto a algunos de ellos, se había embarcado en la grandiosa empresa de explorar el cosmos, sin prejuicios de ningún tipo y con muchísimas ganas de aprender.

Estaba claro que, a mediados de los 60, la gente estaba preparada para soñar, y Roddenberry decidió aprovechar la coyuntura y arriesgarse al máximo. Porque la serie que tenía en mente, insistamos en ello, era muy diferente a cualquier otra del mismo género. Gene pretendía darle un enfoque humanista, tratando con honestidad y rigor los conflictos sociales de la época, así como temas considerados por la sociedad como delicados, con mensajes claros para la audiencia y todo ello envuelto en un formato televisivo entretenido. El desafío era notable, porque la Star Trek de Roddenberry debía ser una serie progresista, y esto chocaba con la visión ultraconservadora de la gran mayoría de los gerifaltes de las cadenas de televisión. Pero, como suele decirse, Roddenberry tenía más moral que el Alcoyano, así que se lanzó hacia adelante con firmeza y convicción.

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Star Trek inició su andadura televisiva el 8 de septiembre de 1966, y lo hizo con el episodio LA TRAMPA HUMANA, uno de los mejores de la primera temporada. Tuvo una discreta acogida por parte de la audiencia. La crítica, en general, la ignoró, y sólo algunos críticos de televisión se pronunciaron al respecto, vaticinando que Star Trek fracasaría. Algunos de los integrantes del elenco compartían, en cierto modo, esa visión pesimista de las cosas. George Takei, que interpretaba al piloto y astrofísico Ikaru Sulu, pensaba que, en el mejor de los casos, Star Trek se mantendría en antena durante dos temporadas, como mucho. Deforest Kelley, por el contrario, que ya había trabajado con Roddenberry, y que le conocía bien, abrigaba esperanzas de que el proyecto funcionara a pesar de todo. Pero en líneas generales el programa fue acogido con tibieza, y el Gran pájaro de la galaxia, apodo por el que empezó a ser conocido Roddenberry, tuvo que dedicar toda su atención no sólo a los pormenores del rodaje de los episodios, sino también a la actitud de muchas personas que, tanto en la Paramount como en la NBC, abogaban por suprimir aquella tontería espacial.

En realidad, lo que quitaba el sueño a determinados personajes relevantes de la Paramount y la NBC era la osadía de Star Trek. Parecía una serie de entretenimiento, pero era mucho más que eso. Con la excusa de que era ciencia-ficción, los guionistas podían tratar temas que en otras producciones se soslayaban para no herir susceptibilidades políticamente correctas. Cuestiones como el racismo, la escalada bélica o la intervención en Vietnam, entre otras muchas, estaban muy presentes en algunos episodios, si bien es cierto que hábilmente camufladas en argumentos espaciales. Star Trek era una producción molesta para cierta gente, así que intentaron infantilizarla. Cuando la primera temporada estaba próxima a concluir, hubo un intento de cambiar su tono y volverlo más intrascendente. Se intentó convencer a Roddenberry, alegando que la única forma de que Star Trek pudiera competir con su contemporánea, la encantadora pero insulsa Perdidos en el espacio, era aligerarla de seriedad. Por suerte, la producción de Roddenberry había llamado la atención de varias figuras importantes de la literatura de ciencia-ficción, las cuales, decididas a que Star Trek mantuviera los estándares de calidad de sus guiones, crearon El comité. Poul Anderson, Harlan Ellison, Lester del Rey, Theodore Sturgeon, Frank Herbert, A. E. Van Vogt, Richard Matheson, Philip José Farmer, Robert Bloch y otros muchos, algunos de ellos guionistas de la serie, se pusieron manos a la obra, iniciando una campaña de cartas cuyo objetivo era contactar con todo el que hubiera mostrado interés por Star Trek, a través de las convenciones de ciencia-ficción, para instarle a escribir a la NBC y a la Paramount, exigiendo que se respetasen los criterios de calidad y compromiso bajo los que Roddenberry había creado la serie. La campaña postal saturó no sólo a la Paramount y a la NBC, sino también a empresas patrocinadoras de series televisivas y a las revistas de ciencia-ficción de todo el país. Fue un completo éxito, que obligo a los que pretendían desvirtuar Star Trek a dar marcha atrás.

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La superación de este primer escollo animó a Roddenberry, que emprendió el rodaje de la segunda temporada con nuevos bríos. A pesar de todo, Star Trek no era adecuadamente publicitada, y aunque Gene bregó cuanto pudo ante Paramount y NBC, no logró que se avinieran a darle más publicidad a un programa en el que no creían. Hacia la mitad de la temporada se hizo público que Paramount pretendía cancelar la serie. Entonces se movilizaron aquellos primeros y heroicos fans, capitaneados por Bjo Trimble, la trekkie número uno, que inició otra campaña postal incluso más exitosa que la de El comité. El departamento de correo de la NBC se colapsó por los miles de cartas recibidas, y nuevamente tuvieron que recular los que pretendían acabar con Star Trek. EL ESPLENDOR DE OMEGA, penúltimo episodio de la segunda temporada, se emitió el 1 de marzo de 1968, justo después del telediario en el que el presidente, Lindon B. Jonhson, informó al pueblo norteamericano que no se presentaría a la reelección. Inmediatamente después de EL ESPLENDOR DE OMEGA, la Paramount anunció que había decidido prolongar Star Trek una temporada más.

A pesar de haber sido ninguneada miserablemente en lo que a publicidad se refiere, Star Trek estaba muy viva y contaba con muchos seguidores. Así las cosas, sus detractores en las altas esferas de Paramount y NBC no podían cancelarla alegremente. La campaña postal encabezada por Trimble les había sentado como una patada en el trasero, y se vengaron de la única forma que podían hacerlo: ninguneando aún más a la producción de Roddenberry. Ya habían cambiado el horario de emisión a la noche de los viernes, con lo cual lograron que la audiencia de la serie bajara considerablemente, pues muchos espectadores, estudiantes de los últimos cursos del instituto y universitarios, preferían hacer otras cosas las noches de los viernes en vez de ver la televisión. Pasar Star Trek a la denominada, en argot televisivo, como la hora de la tumba hizo mucho daño a la producción de Roddenberry. Pero lo peor llegó cuando se redujo drásticamente el presupuesto por episodio para la tercera temporada. Will Shatner declaró a mediados de los 90 que rodaban un capítulo de Star Trek por lo que ahora se paga por el catering en cualquier serie. Lo cierto es que la tercera temporada de TOS se completó, más que por otra cosa, por la férrea determinación del equipo de Roddenberry para seguir adelante. La Paramount le impuso a Gene no sólo un presupuesto raquítico, sino también al productor asociado Fred Freiberger, que presumiblemente debería darle a la serie un tono más comercial. Freiberger desempeñaría idéntica función en la segunda temporada de Espacio 1999, con los resultados que todos los aficionados conocemos. No obstante, la figura de Roddenberry pesaba bastante, por lo que la tercera temporada de Star Trek no resultó desvirtuada, a pesar de la presencia de Freiberger. La precariedad económica en que se desenvolvió la última etapa de la serie apenas se notó en pantalla, porque TOS siempre había destacado por la notable calidad de sus guiones, y éstos dieron origen a un puñado de buenos episodios.

Cuando se comentó que la tercera temporada sería la última, se inició una nueva campaña de cartas, pero en esta ocasión, por las razones que fueran, no alcanzó la repercusión esperada y los enemigos de Star Trek pudieron cancelarla por fin. El último episodio, se emitió el 6 de marzo de 1969, marcando el final de una producción que había intentado ofrecer una perspectiva más seria y adulta en la ciencia-ficción catódica.

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Todo parecía indicar que Star Trek se había acabado, y que muy pronto tan sólo se acordarían de ella Roddenberry, los actores y algunos nostálgicos. Pero a finales de 1969, coincidiendo con el interés general despertado a raíz de la llegada a la Luna del Apolo XI, Star Trek comenzó a ser emitida por un montón de pequeñas emisoras de televisión locales, a las que luego se sumarían otras cadenas más importantes. Las reposiciones de la serie cubrieron prácticamente todas las franjas horarias, y como además fue debidamente publicitada, en apenas un par de años Star Trek se había convertido en un fenómeno del mundo del espectáculo. La Paramount, consciente de lo que eso significaba, se apresuró a tomar cartas en el asunto, controlando férreamente todo lo que se relacionara con Star Trek. Seguramente, a la vista del repentino interés que despertaba todo lo relacionado con ella, debió haber bastantes lumbreras en Paramount y NBC que se echaron las manos a la cabeza, lamentando el día en que decidieron cancelar la producción de Roddenberry. Éste trató de aprovechar la situación, y propuso a la Paramount volver a rodar la serie. Pero los asesores económicos consideraban que los costes de unos nuevos telefilmes de acción real serían inasumibles, e inopinadamente los jefazos de la Paramount les hicieron caso, sancionando así el fin del Star Trek clásico. ¿O no? Poco después, y ante la insistencia de Roddenberry y la trekmanía imperante entre un amplio sector del público, se dio luz verde a una versión animada, que también emitiría la cadena NBC. Esta serie contribuyó a aumentar el furor trekkie, por decirlo de algún modo, y por fin, una década después del estreno de Star Trek, la Paramount se avino a rodar una continuación con personajes reales, proyecto que ilusionó sobremanera a Roddenberry, y que, por influencia del éxito de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, acabaría convirtiéndose en STAR TREK: LA PELÍCULA.

Star Trek, la serie clásica, tuvo una vida corta y accidentada. Una legión de detractores bregó contra ella en las sombras, he hizo todo lo posible por ponerle fin. La gran creación de Gene Roddenberry ofrecía, bajo la apariencia de ciencia-ficción de consumo, una serie de historias que eran, en realidad, inteligentes extrapolaciones de los graves problemas de la sociedad norteamericana de los años 60. En su primera emisión tuvo mucho más éxito del esperado, considerando que apenas tuvo publicidad. Fue cancelada antes de tiempo, y con ello se perdió algo distinto y bueno en televisión. El culto del que ha sido objeto posteriormente facilitó su traslación a la pantalla grande, en forma de una franquicia cinematográfica que ha roto taquillas y que ha dado origen a varias sagas televisivas Trek, empezando por la memorable TNG. Pero aunque el universo de ficción surgido a su sombra es impresionante, nada puede ni podrá igualar la sencillez y claridad expositivas características de aquellos viejos episodios, rodados en un tiempo en que Estados Unidos y los norteamericanos empezaban a perder su inocencia, y a ser conscientes realmente de los gravísimos problemas a los que se enfrentaba su sociedad. En una época así, Star Trek TOS significó un soplo de aire fresco y una nueva forma de afrontar la filmación de series televisivas, prestando más atención a las cosas verdaderamente trascendentes, aunque sin olvidarse del aspecto entretenido que debe cuidarse en toda producción para televisión, incluso en la más seria y comprometida. ¿Cómo habría sido el Star Trek clásico si no hubiera sido cancelado? No tengo respuesta para esta pregunta. Pero quiero creer que, de no haber sido estúpidamente cancelada, Star Trek TOS habría tenido una existencia tan larga y estimable como su ilustre sucesora TNG. En todo caso, es con mucho la creación más importante de Roddenberry, la mejor serie de ciencia-ficción jamás filmada, el punto de partida de una exitosa franquicia que se ha prolongado durante décadas en cine, televisión, literatura y cómics, y el mayor fenómeno del mundo del espectáculo. Todos los que se consideren trekkies, independientemente de la edad que tengan, deben verla. Así se maravillarán ante lo que Roddenberry y sus colaboradores consiguieron en plenos años 60, y podrán valorar mejor los Star Trek actuales visionando la serie con lo que todo empezó.

Star Trek TOS acaba de cumplir 50 años. Yo ya no estaré en esta tierra para el centenario, pero estoy seguro de que, cuando Star Trek, la serie clásica, cumpla cien años, será aún más mítica si cabe, y generaciones de fans continuarán venerando a ese genio que fue Gene Roddenberry.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.953 palabras) Créditos