EL GRAN ADIÓS
Star Trek TNG: EL GRAN ADIÓS EE. UU., 1988
Título original: Star Trek TNG: The Big Goodbye
Dirección: Joseph L. Scanlan
Guión: Tracy Tormé
Producción: Gene Roddenberry
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Edward R. Brown
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Levar Burton (La Forge); Gates McFadden (Dra. Crusher); Michael Dorn (Worf); Denise Crosby (Yar); Wil Wheaton (Wesley); Lawrence Tierney (Cyrus Redblock); Harvey Jason (Felix Leech); William Boyett (Whelan); David Selburg (Teniente McNary); Gary Armagnal (Dan Hill); Rhonda Aldrich (Secretaria de Dixon Hill); Erik Cord (Matón); Mike Genovese (Sargento); Dick Miller (Vendedor de periódicos); Carolyn Allport (Jessica Bradley).
Temporada: 1, Episodio: 11

Sinopsis

Fecha estelar 41997.7. Para descansar de las tensiones que le provoca el próximo contacto con los Jaradan, una quisquillosa raza que observa un peculiar código diplomático, y siguiendo una sugerencia de la consejera Troi, Picard accede al simulador holográfico para disfrutar de unos momentos de distracción emulando a su héroe de juventud, el detective Dixon Hill. Picard invita a la doctora Crusher, a Data y al historiador Whelan a que se unan a él en tan interesante experiencia. Mientras el capitán y los demás disfrutan del programa de la sala de hologramas, una sonda Jaradan explora la Enterprise, provocando una avería en el sistema holográfico. Picard y sus amigos están ahora prisioneros en el simulador, cuyos protocolos de seguridad han sido anulados y la comunicación con el exterior de la sala cortada.

Yo quiero uno de esos para mi
Yo quiero uno de esos para mi

EL GRAN ADIÓS es uno de los episodios de TNG más apreciados por los fans, y en mi caso concreto lo aprecio doblemente, pues además de una interesante historia de ciencia-ficción encierra un sentido homenaje al cine negro americano, y más concretamente a EL HALCÓN MALTÉS (THE MALTESE FALCON, John Huston, 1941), una de las obras imperecederas de ese movimiento cinematográfico. También es el primer capítulo de TNG en el que se explora el personaje de Picard, mostrándonos una de sus aficiones más marcadas, su pasión por Dixon Hill, detective de novela negra que fue su héroe literario de juventud.

El simulador holográfico ambiental, conocido como sala de hologramas u holodeck, apareció brevemente en ENCUENTRO EN FARPOINT, pero este es su episodio de presentación. En la sub-sección tecnología de la sección Star Trek del Sitio tengo una entrada dedicada a tan peculiar dispositivo, y a ella remito al lector interesado en conocer sus características y funcionamiento. En TNG la sala de hologramas tendrá una relevancia especial, ya que gracias a ella podrá situarse ocasionalmente la acción en un período histórico concreto, sin tener que recurrir a viajes en el tiempo, o a la peculiar evolución paralela a la terrestre de alguna cultura alienígena, como ocurría frecuentemente en TOS. De todas formas, también en TNG tendremos alguna aventura en el tiempo, pero esa es otra historia.

El caso es que Picard decide seguir la sugerencia de Troi y programa en la holodeck EL GRAN ADIÓS, su novela favorita de Dixon Hill, reservándose para sí mismo el rol del protagonista. Su primera incursión en la holodeck le impresiona muchísimo, quedando maravillado por lo que ha creado el sistema holográfico. Evidentemente, aunque Picard ya había estado antes en salas de hologramas, las que integran las nuevas naves de clase Galaxy son de última generación, con unos altísimos niveles de definición.

Mientras Picard y los demás se lo pasan en grande en la holodeck, los Jaradan envían una sonda a explorar la Enterprise. La sonda provoca una avería en el sistema de la sala de hologramas, anulando los protocolos de seguridad que protegen la integridad física de sus usuarios, y desconectándola del resto de los sistemas de a bordo. Picard y sus compañeros están atrapados en la holodeck, que se ha convertido en una trampa mortal para ellos. Con los protocolos de seguridad inactivos, hasta una bala holográfica puede matar. Una de las representaciones holográficas dispara sobre Whelan, y la doctora comprueba, perpleja, que está herido de gravedad. Si no se le traslada de inmediato a la unidad médica morirá. Pero no pueden salir de la holodeck, ni lo que es peor aún, comunicarse con el puente. Así pues, mientras aguarda que su tripulación solucione el problema, cosa que no duda logrará, Picard trata de ganar tiempo interactuando con las criaturas holográficas, que se han convertido en una terrible amenaza para él y sus compañeros.

Riker, por su parte, tiene una buena papeleta que resolver. Los cargantes Jaradan no quieren rebajarse a tratar con un simple primer oficial. Sólo hablarán con Picard, de forma que Will debe hacer lo posible por sacar al capitán de la holodeck. Los encargados de encontrar una solución son La Forge y Wesley, que conocen muy bien el sistema holográfico. Huelga decir que resolverán el problema y Picard podrá cumplir la difícil misión de establecer relaciones entre la Federación y los Jaradan.

Tracy Tormé obtuvo el premio Peabody al mejor guión, y fue desde luego un galardón muy merecido. Pero, a título personal, opino que el episodio podía haber quedado más redondo si se hubiese suprimido todo el segmento dedicado a los Jaradan. Se podría haber buscado otra explicación para la avería de la holodeck, y dedicar todo el metraje a la fascinante peripecia de Picard and company dentro de la realidad virtual creada por el sistema holográfico. La sub-trama de los Jaradan es lo único que flojea algo en una historia por lo demás bien pergeñada. Lo ideal, a mi juicio, hubiera sido comenzar el episodio con una mención a los Jaradan y al complicado contacto diplomático establecido con ellos por Picard, para seguir con la aventura en la holodeck.

Y que aventura. En EL GRAN ADIÓS se homenajea por todo lo alto al mejor cine de serie negra. El diseño de producción es sencillamente fantástico, al igual que las interpretaciones de todo el elenco. Para el recuerdo ha quedado la fabulosa escena del encuentro en comisaria de Beverly y Dixon / Picard. Hay que reconocer que la doctora está imponente vestida a la moda femenina de 1941. Tal escena nos retrotrae a otras escenas míticas del mejor film noir, y Patrick Stewart y Gates McFadden tienen poco que envidiar a Humphrey Bogart y Lauren Bacall, Alan Ladd y Veronica Lake o Van Heflin y Lizabeth Scott, por citar algunas de las parejas más notables del cine negro.

El típico hotelucho de mala muerte
El típico hotelucho de mala muerte

El capítulo tiene sus toques humorísticos, centrados principalmente en Data. Aparte de su peculiar aspecto, que obliga a Dixon / Picard a presentarle como oriundo de Sudamérica, resulta impagable la escena de la lámpara. Aunque, a decir verdad, es un poco increíble que a Data, un banco de datos ambulante, se le escape la función de un simple enchufe. ¿Y qué decir de Beverly y sus problemas con los tacones? Maravillosa esa escena en comisaria, cuando una chica de vida alegre cruza las piernas, enseñando buena parte de ellas, y la doctora, ni corta ni perezosa, la imita mostrando sus bien torneados remos. ¿Pues qué se creía esa prójima? Beverly Crusher puede tener una formación científica impresionante, pero también es una mujer de bandera, aunque no siempre lo demuestre.

La disfunción causada por la sonda en el sistema provoca, entre otras cosas, que las criaturas holográficas adquieran conciencia de su propia existencia, es decir, que teóricamente estén vivas. La emotiva despedida entre Dixon / Picard y el teniente McNary así lo da a entender. Con un metraje de apenas 42 minutos no se podía explorar esta posibilidad. No obstante, los guionistas tomarían buena nota del detalle. En ELEMENTAL, QUERIDO DATA, de la segunda temporada, la tripulación tendría que enfrentarse a Moriarty, un holograma viviente creado por el ordenador para competir con Data en una aventura virtual holmesiana. Más adelante, en Star Trek Voyager, aparecería el programa MHE (Médico Holográfico de Emergencia), capaz de interactuar con los humanos fuera de una holodeck, y utilizado, como su propio nombre indica, para sustituir al médico de la nave en caso de necesidad. Pero de eso ya hablaré cuando reseñe el piloto de Voyager.

Vamos ahora con los defectillos del episodio. Hay dos fallos de rodaje notorios. En uno de ellos las posiciones de Picard y Data están invertidas respecto al plano general. En otro, la posición de la manta que cubre a Whelan es distinta de una toma a otra. En realidad lo más chocante es lo que se refiere a lo creado por la holodeck. En esencia se trata de imágenes luminosas tridimensionales, rodeadas de campos de fuerza que las dotan de una aparente solidez. En teoría, nada puede existir en el exterior de la sala de hologramas, fuera del campo de acción de los proyectores holográficos que integran el sistema. Así pues, ¿cómo se explica que Picard salga de la sala llevando en el rostro la marca del carmín de Jessica Bradley? No es que la cosa tenga demasiada importancia, pero es un tanto incongruente. En el ya citado ELEMENTAL, QUERIDO DATA, ocurre algo parecido. El androide abandona la holodeck a la carrera, llevando un dibujo de la Enterprise hecho por el holograma Moriarty. El dibujo, incluido el papel, es una imagen holográfica. La verdad es que con el simulador holográfico ambiental los guionistas metieron bastante la pata, como demuestro en mi ensayo Holopifias.

La mafia invade la Enterprise
La mafia invade la Enterprise

Por ejemplo, cuando Redblock y su compinche Leech, ignorando la advertencia de Picard, se disponen a salir de la holodeck, tendrían que haber desaparecido en el acto, apenas intentaron franquear la compuerta. Esta habría sido la solución más lógica. Pero como se pretendía filmar un final más impactante, los mafiosos conseguían trasponer la compuerta, accediendo al corredor de la nave, y solo entonces desaparecían. Y para darle más dramatismo a la escena, en vez de esfumarse en un segundo, como sería lo lógico, comenzaban a desvanecerse paulatinamente, desde los pies y en sentido ascendente. La secuencia está reñida con el funcionamiento básico de la sala de hologramas, tal como nos lo explican, pero indudablemente contribuye a crear un clímax único para el episodio.

La actitud de La Forge y Wesley es un tanto absurda. Tras reparar la avería de la holodeck se vuelven a sus quehaceres como si tal cosa. Si tan importante era sacar de la sala a Picard, ¿por qué no le avisan de que le necesitan en el puente de inmediato? Lo de Wesley es todavía más inexplicable. Su madre está atrapada en la holodeck y puede morir, así que no es lógico que ni siquiera entre en la sala para ver cómo está la autora de sus días. Estos pequeños detalles no restan interés al capítulo, pero llaman la atención del espectador.

EL GRAN ADIÓS, pequeñas pifias aparte, es uno de los episodios fetiche de TNG. Disfrutad, pues, de la magnífica historia que sirvió para presentar la holodeck.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.545 palabras) Créditos