Star Wars, 7, Episodio VII
EL DESPERTAR DE LA FUERZA
EL DESPERTAR DE LA FUERZA EE. UU., 2015
Título original: Star Wars: Episode VII - The Force Awakens
Dirección: J. J. Abrams
Guión: Lawrence Kasdan, J.J. Abrams, Michael Arndt
Producción: J.J. Abrams, Bryan Burk, Kathleen Kennedy
Música: John Williams
Fotografía: Daniel Mindel
Duración: 138 min.
IMDb:
Reparto: Harrison Ford (Han Solo); Mark Hamill (Luke Skywalker); Carrie Fisher (Princess Leia); Adam Driver (Kylo Ren); Daisy Ridley (Rey); John Boyega (Finn); Oscar Isaac (Poe Dameron); Lupita Nyong´o (Maz Kanata); Andy Serkis (Supreme Leader Snoke); Domhnall Gleeson (General Hux); Anthony Daniels (C-3PO); Max von Sydow (Lor San Tekka); Peter Mayhew (Chewbacca)

No se puede ocultar, Star Wars ya es, oficialmente, un culebrón.

Culebrón galáctico, con episodios que duran dos horas y con años de diferencia entre ellos, pero culebrón al fin y al cabo.

Les cuento, un chaval de habilidades sorprendentes es descubierto y tutorizado por una Orden de monjes-soldados para que potencie esas virtudes. Una facción díscola de la Orden, que se aparta significativamente de los principios éticos marcados por los fundadores, también está interesada por el chaval. Éste, de origen oscuro y enigmático, fruto de una familia desestructurada y con una infancia complicada, tiene un carácter difícil y rebeldón, por lo que se dedica a ignorar a sus tutores, dejarse llevar por el mal genio y tontear con chavalitas, lo que desemboca en un embarazo no deseado de, ¡toma ya! ¡mellizos! Nene y nena. Finalmente, la Facción Díscola recluta al chaval, que acaba por tener sus más y sus menos con sus antiguos tutores a los que intenta liquidar, empresa de la que él mismo tampoco sale muy bien parado, porque además de los duelos y quebrantos los mellizos son convenientemente escondidos por sus ya ex-tutores. Pasa el tiempo y uno de los retoños del chaval, que para el espectador no avisado también tiene un origen oscuro y enigmático, da muestras de sus mismas habilidades, y éste, recuperado con mucho de sus fatigas, intenta atraerlo al redil de la Facción Díscola. Para su disgusto, el del chaval, no del chiquillo, sus ex-tutores también tutorizan al nuevo fenómeno y lo vuelven contra él, produciéndose una lucha fraticida que acaba muy mal para el chaval, a estas alturas del partido ya bastante talludito, y la Facción Díscola, que pierde casi toda su fama y fortuna. Amparada por una elegante elipsis, la melliza crece y se reproduce repitiendo las pautas de su madre, es decir con el primer caradura que le sale al paso, pero algo ha aprendido de las experiencias vividas y procura que su retoño tenga una buena educación, pero éste ha heredado las habilidades y la mala uva del abuelo, esto es, el chaval, y se pasa a la Facción Díscola que, pese a todo y gracias a la chapucera faena de la Orden de Monjes-Soldado y sus aliados y, porque no admitirlo, una sólida y bien administrada organización, no ha sido destruida del todo. La melliza y el caradura no habían acabado muy bien entre ellos, y de hecho llevaban tiempo sin hablarse hasta que el nieto, esto es, su hijo, se ha torcido y es necesario que ambos unan fuerzas por ver de apartarlo del mal camino, pero se repite la lucha fraticida, en la que, por si fuera poco, se inmiscuye una jovencita con, ¡sorpresa! sorprendentes habilidades y un origen oscuro y enigmático, que a poco que se hayan visto los títulos de crédito de cualquier culebrón al uso, se intuye que no va a ser ni tan oscuro ni tan enigmático.

Como ya he avanzado, más que de Star Wars, podemos hablar con toda propiedad de La Saga de los Skywalker, porque en eso se ha convertido lo que en un principio parecía que iba a ser un gran collage galáctico sobre la ambición y las luchas de poder.

Al final, las batallas, persecuciones, espadazos, tiros y demás milongas no dejan de ser un escenario grandilocuente en el que se relatan las cuidas de una familia ciertamente excepcional, pero que al cabo tiene los mismos problemas que casi todas: una serie de desacuerdos intergeneracionales en los que cuñaos más o menos bien intencionados vienen a meter las narices sin que nadie se lo haya pedido.

En realidad, la película funciona como la aventurilla ligera que es, con grandes batallas, persecuciones, espadazos y tiros, por supuesto. Si no se le pide mas no hay nada que objetar al respecto, si se exceptúan varios hecho desconcertantes, como el descubrimiento de que cualquier indocumentado es capaz de manejarse competentemente con una espada láser aunque nunca la haya visto antes. No a gran nivel, por supuesto, pero si lo suficiente como para no achicharrarse las manos. Y como esta, unas cuantas, pero perdonables siempre dentro de ese contexto de aventurilla ligera sin pretensiones.

Lo demás, lo de siempre, los malos malosos andan detrás de los buenos, que pese a lo bien que acabaron la entrega anterior (la de 1983, no la de 2005, ya me entienden) han sido incapaces de consolidar su ventaja y vuelven a ocultarse bajo tierra como ratas a la espera de que otro golpe de suerte les permita asomar de nuevo los bigotes al sol y enfrentarse cara a cara con los malos por el dominio de la Galaxia.

Es una grandísima decepción que se haya decidido por poner al día la entrega original de 1977 en vez de avanzar en la línea argumental. Lo que pedía el cuerpo eran dos facciones poderosas, una pujante, la otra en retroceso pero capaz todavía de dejar la partida en tablas, enfrentadas en una mega batalla de proporciones inimaginables, con sus historias personales aquí y allá, haciendo crecer la historia entre todos. Pero no, la Disney­ ha optado por repetir formula, dejándonos de nuevo en la línea de partida y con un final cuyo único interés es saber si en las continuaciones se desenmarañarán las relaciones familiares entre los personajes.

Porque no hace falta ser Billy Wilder pasa barruntar cual va a ser el argumento general de la siguiente entrega: los malos malosos se recuperarán del golpe recibido y se lo devolverán multiplicado por dos a los rebeldes, que quedaran en muy mala situación, hasta que en la tercera entrega de esta nueva trilogía los buenos se levanten, devuelvan el golpe a los malos multiplicado ya por cuatro, quedando finalmente victoriosos entre serpentinas y fanfarrias rodeados por los espíritus de sus mayores.

¿Se puede ver entonces EL DESPERTAR DE LA FUERZA? Si se sabe que se va a ver, por supuesto, no es que sea de vergüenza ajena ni nada por el estilo, es una película entretenida y dignamente realizada, pero no es ninguna maravilla, solo una aventurilla ligera y lujosa, en la línea del espíritu de la original, aunque la plomiza mitología que lleva a sus espaldas le resta frescura y no la deja funcionar como película independiente, solo como otro episodio, retrospectivo, del culebrón.

© Francisco José Súñer Iglesias, (1.053 palabras) Créditos