LAS LUCES DE ZETAR
Star Trek TOS: LAS LUCES DE ZETAR EE. UU., 1969
Título original: Star Trek TOS: The Lights Of Zetar
Dirección: Herb Kenwith
Guión: Jeremy Tarcher y Shari Lewis
Producción: Gene Roddenberry y Fred Freiberger
Música: Alexander Courage
Fotografía: Al Francis
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); George Takei (Sulu); Walter Koenig (Chekov): Jan Shutan (teniente Mira Romaine); Majel Barrett (enfermera Christine Chapel).
Temporada: 3, Episodio: 18

Sinopsis

Fecha estelar 5725.3. La teniente Mira Romaine se encuentra a bordo de la Enterprise, con la misión de supervisar el traslado de unos equipos a Memory Alpha, planetoide donde se encuentra el banco de datos central de la Federación, la biblioteca más grande jamás creada, que preserva todos los conocimientos de todos los mundos que forman parte de la UFP. Entre Mira y el señor Scott se ha establecido una relación íntima, que tiene al ingeniero jefe de la Enterprise un tanto distraído, pues se ha enamorado de la joven como un colegial.

Cuando se aproximan al planetoide, los sensores de la nave detectan una extraña nube de energía luminiscente, que provoca un curioso efecto en los tripulantes del puente y afecta sobremanera a la teniente Romaine. Las extrañas luces se abaten sobre Memory Alpha, causando la muerte de toda su dotación. Aunque en principio Kirk y Spock creen que se trata de algún fenómeno natural, pronto comprueban que tales luces son, en realidad, formas de vida incorpóreas, con un misterioso propósito en el que está implicada la teniente Romaine.

La teniente Romaine
La teniente Romaine

La tercera temporada de TOS estuvo marcada por una reducción drástica del presupuesto asignado para cada capítulo, y por un cambio de día y hora de emisión que se revelaría nefasto para la continuidad de la serie. A pesar de ello, esta última temporada tuvo episodios muy buenos, y LAS LUCES DE ZETAR es uno de ellos.

Lo más destacado de este capítulo es el enamoramiento del señor Scott y la forma en que reaccionan sus compañeros ante este hecho. Kirk recopila sus impresiones en el cuaderno de bitácora. Otro capitán quizá hubiera comentado el asunto en su cuaderno personal, pero Kirk aprecia de verdad al ingeniero jefe y confía sus pensamientos al respecto a la bitácora de la nave. Y aunque a veces Scott parezca encontrarse en las nubes, el capitán es muy paciente con él, y se alegra de que por fin tenga a una mujer como Mira a su lado.

Scotty ya tuvo algunos escarceos amorosos con la teniente Palamas en ¿QUIÉN LLORA POR ADONIS? pero aquí la cosa va más en serio. El ingeniero jefe de la Enterprise se ha enamorado de Mira como un colegial, y ella, a pesar de ser bastante más joven que él, le corresponde plenamente. Ambos trabajan muy bien juntos, pues tienen un punto en común muy importante: la ingeniería. Scott es, quizá, el mejor ingeniero en activo de la Federación, y ella es hija del que fuera jefe de todos los ingenieros de la Flota Estelar. Se compenetran muy bien a todos los niveles y, de hecho, apenas se separan en todo el episodio.

Aquí se menciona por primera vez en Star Trek la existencia de Memory Alpha, el planetoide que alberga las instalaciones de la gran biblioteca central de la Federación. Como Memory Alpha está situado en un lugar bastante céntrico de la galaxia, y como es un sitio dedicado a la ciencia y al estudio, de libre acceso para los estudiosos, carece incluso de escudos defensivos, una precaución mínima que dadas las características del lugar nadie ha tenido en cuenta. Al fin y al cabo, ¿quién va a atacar una biblioteca, por importante que sea? Este error lo pagarán muy caro los miembros de la dotación de Memory Alpha, pues la extraña nube luminiscente que da título al episodio se abate sobre el planetoide, y además de causar la muerte a cuantos trabajaban allí, provoca la destrucción de una gran parte de los núcleos de memoria, con la consiguiente pérdida de datos importantísimos.

Caos y destrucción em Memory Alpha
Caos y destrucción em Memory Alpha

Tras atacar Memory Alpha, la nube energética se dirige hacia la Enterprise. Mira Romaine parece adivinar lo que va a hacer la nube en cada momento, pero nadie entiende por qué. Dispuesto a defender su nave como sea, Kirk ordena disparar los phasers contra la nube... y hete aquí que los disparos fásicos parecen afectar a la teniente Romaine. Ante tal descubrimiento, Kirk suspende el ataque a la nube luminiscente y Mira es examinada en detalle por el doctor McCoy, revelándose a poco que, por alguna extraña razón, las criaturas energéticas han establecido alguna clase de contacto mental con ella.

La situación es desesperada y nuestros héroes recurren a una solución también desesperada. Para poder combatir a esos seres eficazmente, Mira debe permitir que antes éstos entren en su mente. La chica, como una buena heroína trek, accede a ello. Las criaturas se introducen en la mente de la hermosa teniente Romaine, lo que le permite al capitán comunicarse con ellas. Los zetarianos, tras una existencia de miles de años como formas de vida incorpórea, anhelan volver a sentir, y Mira Romaine parece ser la única en toda la nave cuya mente puede acogerlos. No obstante, Mira trata de luchar contra ellos, de recordar en todo momento quién es para impedir que se adueñen por completo de su mente. Como Spock ha deducido que las presiones elevadas pueden matar a las entidades, Scott coloca a Mira en el interior de una cámara de presión. El aumento de dicha presión, controlado por Spock y Bones, obliga a las criaturas a abandonar el cuerpo de Mira. Como no hay en la nave otra persona cuya mente sea compatible con la colectiva de los zetarianos, éstos acaban yéndose por donde han venido.

Sin ser ninguna maravilla, LAS LUCES DE ZETAR es un buen capítulo, para pertenecer a la tercera temporada, tan denostada por algunos. El tema de la posesión de Mira Romaine y su posterior exorcismo era muy original para la época. No deja de llamar la atención que TOS tratase temas tópicos mucho antes de que éstos se pusieran de moda. Los exorcismos se popularizarían a raíz de un film titulado precisamente EL EXORCISTA (THE EXORCIST, William Friedkin, 1973), pero aunque la posesión de la bella teniente no tenga nada de demoniaca, puede afirmarse que fue en Star Trek donde se vio en pantalla, por vez primera, algo semejante a un exorcismo.

En la cámara de presión donde es introducida Mira reina la ingravidez. Como por aquel entonces no se tenía mucha experiencia en ese campo, los efectos especiales correspondientes muestran una pequeña pifia: en gravedad cero, los largos cabellos de la chica deberían flotar alrededor de su cabeza. Pero, como se aprecia cuando Scotty contempla a la muchacha a través de la ventanilla, su pelo sigue tal cual.

Ay, pobre Scotty
Ay, pobre Scotty

Jan Shutan, la actriz que da vida a Mira, dejó un buen recuerdo entre los trekkies. Algunos, como el que esto escribe, consideramos que era la compañera ideal para el veterano y un tanto solitario Scotty. El personaje de la teniente Romaine sólo volvió a aparecer en la novela franquicia MEMORY PRIME. No la he leído, pero, según parece, en esta historia se ha podido recuperar la mayor parte de lo que se perdió en Memory Alpha y la Gran Biblioteca Central de la Federación funciona perfectamente. Es de esperar que, en esta ocasión, la Flota Estelar haya tenido la precaución de dotarla de escudos y otros medios de defensa.

En el apartado de efectos especiales, aparte de la escena en la cámara de compresión, destacan aquellas en las que aparece la nube luminiscente, resueltas con sencillez y elegancia a un tiempo.

La escena final es memorable, con un Kirk un tanto perplejo al comprobar que, por una vez, y sin que sirva de precedente, su primer oficial, su ingeniero jefe y su oficial médico están de acuerdo en algo.

La serie estaba aproximándose a su final, pues tan sólo restaban seis episodios para éste. Pero, con reducción presupuestaria y todo, todavía era capaz de ofrecer buenas historias de ciencia-ficción como la que nos ocupa. Disfrutadla.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.281 palabras) Créditos