LOS VENGADORES
LOS VENGADORES EE. UU., 2012
Título original: The Avengers
Dirección: Joss Whedon
Guión: Zak Penn, Joss Whedon
Producción: Kevin Feige
Música: Alan Silvestri
Fotografía: Seamus McGarvey
Duración: 143 min.
IMDb:
Reparto: Robert Downey Jr. (Tony Stark / Iron Man); Chris Evans (Steve Rogers / Capitán America); Mark Ruffalo (Bruce Banner / The Hulk); Chris Hemsworth (Thor); Scarlett Johansson (Natasha Romanoff / Black Widow); Jeremy Renner (Clint Barton / Hawkeye); Tom Hiddleston (Loki); Clark Gregg (Agente Phil Coulson); Cobie Smulders (Agente Maria Hill); Stellan Skarsgård (Selvig); Samuel L. Jackson (Nick Fury); Gwyneth Paltrow (Pepper Potts); Paul Bettany (Jarvis (voice))
Comentarios de: Antonio Santos

Me divierte ver cómo el cine está reivindicando la figura de Iron Man, situándolo en una posición de grandeza y respeto que le niegan en los cómics, aun en su propia colección. Oh, sí, es Iron Man, uno de los baluartes fundadores de Marvel. Pero ocurre que los malos tiempos que han aquejado a Tony Stark y su alter ego blindado son más que los buenos. Producir una buena saga de IRON MAN es anecdótico. Un ejemplo lo da Kurt Busiek: Intentamos propinarle una pátina de dignidad, ajá, sí, pero no de protagonismo. No como a LOS 4 FANTÁSTICOS, por poner.

En este filme de Joss Whedon (ése, el de Buffy) empero la figura que más destaca es la de Tony Stark (incontenible actuación de Robert Downing, Jr.), muy seguida (eso sí) por la de Hulk (Mark Ruffalo). Ante sí destacan ejemplos de perfección y belleza, como Hawkeye (Jeremy Renner), Captain America (Chris Evans), similar a un Geyper Man con pectorales hinchables, Thor (Chris Hemsworth), o la Viuda Negra (Scarlett Johansson aspirando a icono fetish), que, por su misma pulcra naturaleza y equilibrada hermosura, deberían ser quienes salvasen el día. Pero ¿quiénes lo hacen?

El genio mujeriego medio moribundo y el monstruo esmeralda irracional. Son, incluso, quienes más se esfuerzan por demostrar que sus taras en absoluto afectan a su eficacia (conspicua), confiando así ganarse el respeto de los perfectos, dotados también de notables talentos. Hay paradoja, quizás moraleja, en el asunto.

No creo, sin embargo, que Whedon persiguiera tal intención aleccionadora realizando este filme. Se ha abocado a juntar todas las líneas paralelas iniciadas con el IRON MAN de Jon Favreau (que gana a cada revisión) y cerrada con el espectacular aunque insuficiente THOR de Kenneth Branagh. A esto debemos sumar su propósito de justificar y amortizar al máximo cada dólar invertido en la producción.

La película, puro espectáculo de calidad y soberano entretenimiento (en nuestro país, palabras aborrecidas), está hecha con inteligencia, por gente en la onda. Si son, o no, freakies de LOS VENGADORES, lo ignoro, pero que han sabido imprimirle atractivos que atraigan aun al espectador más in albis de tal mitología, evitando que sus filias entorpezcan la historia, es otro de sus notables aciertos.

Cosas que oscurecen la película son S.H.I.E.L.D. (una organización paramilitar decidida a gobernar el mundo, según su criterio, no por consenso general) y el carácter fanático de Captain America (aunque el malo de los seis dedos también va despachado; encarna el estúpido histrionismo histérico que Stan Lee imprimió a su producción, sujetos con soflamas y peroratas trekkies sobre la pobre calidad del carácter humano).

Vengo apreciando que todo aquél realizador que declara apasionadamente su querencia por un personaje (me cuentan que los del remake de CONAN), hace un estropicio. Pero que quienes se limitan a hacer su trabajo, dándole un enfoque de desapasionado respeto (Bryan Singer), firman una obra maestra. Supongo que la virtud está en ser capaz de distanciarse y criticar el mito cuando corresponda. En eso destaca Tony Stark, como su actuación manifiesta. Su contrarréplica, sin embargo, es Steve Rogers.

Rogers ha permanecido décadas preservado en hielo, con sus ideales de un patriotismo exacerbado (Dios, Patria, Tarta de Manzana Forever) intactos. Despierta en un mundo aparentemente distinto, mejor, aunque igual de radical en sus conceptos básicos. Y empieza a notar (merced a Stark, rey de los iconoclastas gracias a Dios) que quizás el enemigo no estuviera tan allende los profundos mares azules como creía.

A él lo enviaron a tundir nazis dispuestos a devorar un mundo aplastado por sus crueles botas claveteadas; Captain America personifica la democracia y libertad del estilo de vida norteamericano, pero ¿tal patrón vale para todo el mundo? Stark se lo intenta hacer comprender. Nick Fury (expeditivo y manipulador Samuel L. Jackson) pudiera ser un Hitler con soterradas intenciones, pues imponer por la fuerza tal estilo de vida, ¿no es una forma de fascismo? Rogers no puede creerlo.

Tiene el cerebro demasiado lavado; ver un uniforme, un mando, un sigul de autoridad, basta para poner en OFF sus sesos y en ON su credulidad sin crítica. Reacciona como un estúpido, un poster viviente de reclutamiento, reliquia de cierto pasado, pues se percata de que cuestionar sus arraigados ideales supone enfrentarse a un aterrador y vacío abismo. La disputa entre creer la Propaganda o su sentido de lo justo desaparece cuando la cibernética e imponente amenaza extraterrestre ataca Nueva York; durante la lucha no hay que tomar concretas decisiones. Sólo obedecer y sacrificar (se), y asumir las inevitables bajas amparándose en el socorrido lema el bien de la mayoría. Lo malo vuelve cuando termina la guerra. Por eso busca conflictos sin fin-sin fin. Le evitan pensar por sí mismo.

Thor, aunque importante y vistoso, sigue siendo el inútil bibelot de su cinta. Está ahí para repartir hostias, ¡bien que de nuestra parte! pero semeja una caja falta de contenido, sin carácter, vacía.

Loki (Tom Hiddleston), aunque desarrolla una personalidad cuya cumbre llega cuando está prisionero en el impactante Helitransporte (mucho más logrado que el extraño cetáceo de los tebeos), no deja de ser una suerte de fatuo intrigante palaciego que rinde pleitesía a un poder mayor, y ya sólo debe atenerse a los clichés propios, pese a que su trauma infantil le da para un alma.

Y como todo gran filme que aspira a la gloria (aun sin pretenderlo), al final sucede un sacrificio, y lo emprende el menos capacitado, en teoría, para hacerlo. Tony Stark lo arriesga todo, afrontando incluso morir, con espíritu sardónico. Abajo quedó el gran patriota, el que así debía proceder en virtud de su naturaleza, y el tonante dios, invulnerable al tacto de la Parca, como meros y dolidos espectadores.

Ese gesto es la bofetada sin mano que Stark propina a toda esa caterva de directivos de Marvel que le detestan. Pero sospecho que no han captado el mensaje; prefieren los cómodos convencionalismos conservadores que arropan a Reed Richards, ejemplar de científico enfrascado en inmensos descubrimientos y leal padre de familia, que a un valiente y desprendido golfante como Stark.

No. Norteamérica no es así. No puede representarnos.

© Antonio Santos, (1.023 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 19 de noviembre de 2012