CIBERTORMENTA
CIBERTORMENTA Matthew Mather
Título original: Cyberstorm
Año de publicación: 2013
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova
Traducción: Albert Solé
Edición: 2014
ISBN:
Precio: 19 EUR
Comentarios de: Luis del Barrio

Entretenida novela catastrofista sobre la mucha dependencia que tenemos hoy día de todas esas maquinitas modernas: móviles, ordenadores e internet. No acaba siendo una novela apocalíptica porque termina más o menos bien, e incluso clasificarla como ciencia-ficción es un poco exagerado, a lo mejor conviene más hablar de techno-trhiller.

La cosa va de un apacible matrimonio de acomodados neoyorkinos, Mike y Lauren que conviven amigablemente con los vecinos de su bloque de apartamentos. Con unos mejor que otros, claro. Con Chuck y Susie son uña y carne, sin embargo, Mike no soporta a Richard, al que Lauren frecuenta demasiado para su gusto. Están también los entrañables Aleksandr e Irena, dos ancianos judíos rusos, supervivientes de los campos de concentración nazis, Pam, enfermera abnegada, Tony, el portero del edificio y generoso chico para todo, y unos cuantos más que se van difuminando en segundo plano.

La novela empieza con Nueva York funcionando a todo trapo y nuestros protagonistas celebrando el día de Acción de Gracias con una barbacoa en la azotea del edificio, a la que están invitados los padres de ella, un par de aristócratas bostonianos que no comprenden como su hijita se ha podido casar con un muerto de hambre como Mike, al que desprecian sin disimularlo demasiado.

Entre dimes y diretes se va trazando el transfondo socio-económico-tecnológico de la novela y a las pocas páginas todo empieza a fallar, que si Internet va lento, que si la televisión tiene cada vez menos canales en antena, que si las emisoras de radio que se reciben con solo las locales... hasta que acaba fallando todo, no hay luz, ni agua, ni internet, ¡hasta el teléfono deja de funcionar! Como esto es poca cosa, el autor añade para complicar todavía más la trama una epidemia de gripe aviar, los rumores de una invasión china, ataque nuclear mediante, y una tormenta de esas que dejan Times Square con tres metros de nieve, en este caso seis.

A partir de ese momento ya es una novela de supervivencia. Mike y Chuck, con la colaboración de Tony y la más reticente de Richard, lideran la resistencia en el edificio, gracias principalmente a que Chuck es un paranóico-conspiranóico y acumula suministros y material de supervivencia para equipar a un ejército.

Lo que llama la atención es lo rápido que se disuelve todo. La gente intenta que las instituciones públicas les salve la papeleta, pero queda claro que ni el público y las instituciones están preparadas para según que cosas. Lo cierto es que la paranoia de Chuck es rara, y lo normal, y barato, no es acumular, sino ir reponiendo según se gasta. Hice el ejercicio de ver lo que teníamos en casa entre la despensa y el frigorífico y apenas daba para una semana con raciones escasas, y sin reservas de agua, lo que agudiza el problema tanto de sed como higiénico. A partir de ahí ya todo es el sálvese quien pueda, que añadido a la falta de información, rumores sin confirmar y el clima feroz que describe Matthew Mather, culminan el desastre.

La ultradependencia de la tecnología y los peligros de la deslocalización no solo de su producción, sino del conocimiento al respecto, es otro de los ejes centrales de CIBERTORMENTA. Como su propio nombre indica todo parte del colapso de internet, ayudado por una tormenta real de proporciones bíblicas. Como todo está interconectado todo está en riesgo de ser atacado e infectado, incluso vieja maquinaria a la que se ha incorporado nuevos sistemas de control. Lo malo no es que dejen de funcionar, lo malo es que nadie sabe realmente como volver a ponerlos en marcha, ni siquiera manualmente, porque esos equipos los produce una industria que está a miles de kilómetros, en otro continente.

Lo que molesta un poco a lo largo de la lectura es la previsibilidad. Como buen best-seller está milimétricamente planificado y las desgracias se van sucediendo casi por orden alfabético. Que si nos quedamos sin internet, que si nos quedamos sin electricidad, que vaya colapso que tienen los servicios municipales, que si nos quedamos sin agua, que sin nos quedamos sin comida, que vaya mal olor que desprende todo el mundo, que si mira todos esos piojos, que mira esos que vienen a robarnos en plan tribu salvaje, que si mira como matan a ese a pedradas... Todo muy lógico, pero a la vez demasiado milimetrado. Y como las desgracias nunca vienen solas, en algún momento se llega a deducir que si A+B = CD, y ya me ha contado C, a la siguiente página... ¡ajá! Ahí está D. A veces Matthew Mather se da un respiro y relata hechos con muy poca lógica, como cierta huida rocambolesca que no voy a detallar, claro, pero obviamente, sin esas licencias, la novela no hubiera ido por donde él quería.

El final no es bueno, y resulta un problema hablar de él sin reventarlo, pero lo voy a intentar. Con todas las penalidades que pasan los protagonistas, se me antoja que el desenlace debe ser consistente con el resto de la trama. Algo así como que los pocos supervivientes vuelven al neolítico, o la cosa se reorganice en plan pequeñas tribus casi autosuficientes, con alguna ciudad estado poderosa o zonas puramente feudales. Pero es tan descafeinado que la conclusión es que tanto sufrimiento, de los protagonistas y el lector no ha servido para nada más que para lanzar un buen montón de moralejas. La verdad es que está en línea con la sosería de la novela. Absorbente y bien planificada, desde luego, pero muy poco arriesgada.

Como entretenimiento está bien, pero no deja de ser un best-seller y no se le puede pedir más.

© Luis del Barrio, (1.113 palabras) Créditos