LA VERDAD DE LOS HECHOS, LA VERDAD DEL CORAZÓN
LA VERDAD DE LOS HECHOS, LA VERDAD DEL CORAZÓN Ted Chiang
Título original: The Truth Of Fact, The Truth Of Feeling
Año de publicación: 2015
Editorial: Sportula
Colección: ---
Traducción: Manuel de los Reyes
Edición: 2015
ISBN:
Precio: 16,95 EUR
Comentarios de: David Quintero

Ted Chiang lo vuelve a lograr

En el muy recomendable recopilatorio de relatos de ciencia ficción contemporánea A LA DERIVA EN EL MAR DE LAS LLUVIAS Y OTROS RELATOS pueden encontrar la historia LA VERDAD DE LOS HECHOS, LA VERDAD DEL CORAZÓN (THE TRUTH OF FACT, THE TRUTH OF FEELING) de Ted Chiang. Cada relato de Chiang supone todo un acontecimiento en el mundo de la ciencia ficción: ha escrito poco más de quince historias (ninguna novela) en unos veinticinco años y aunque seguramente podría vivir de la escritura, prefiere seguir su propio ritmo en su proceso creativo y continúa trabajando como escritor técnico para la industria del software. Pero la principal razón de que sea tan admirado en el mundo de la ciencia ficción es la calidad de su producción: para quien esto escribe, que ha leído casi toda su breve obra, sus relatos están todos a un nivel altísimo y no pocos merecen directamente el calificativo de obra maestra (EXHALACIÓN, LA HISTORIA DE TU VIDA o este LA VERDAD DE LOS HECHOS, LA VERDAD DEL CORAZÓN).

¿Y qué significa un nivel altísimo? Pues algo tan sencillo (¡y tan difícil!) como mezclar las grandes ideas, esas que te dejan pensando durante días y que los aficionados al género tanto amamos con la calidad de su escritura. Sí, porque el señor Chiang escribe muy bien: sencillo, sin buscar la floritura, pero conmovedor cuando quiere serlo, retratando maravillosamente personas o inteligencias artificiales como en EL CICLO DE VIDA DE LOS OBJETOS DE SOFTWARE. Solo por ser capaz de llevar a cabo semejante conjunción ya merece un lugar muy destacado dentro de la ciencia ficción contemporánea.

Pero es que además, es un autor originalísimo. Como suele pasar con la originalidad máxima, resulta difícil de clasificar. Por ejemplo, me inclinaría a situarlo como un autor hard, dado que sus argumentos suelen (no todos) estar basados en la ciencia, pero la fantasía también es muy importante en su obra, una fantasía muy personal, quizá borgiana, pues me parece ver en su escritura la influencia de ese gigante que fue Borges. En este LA VERDAD DE LOS HECHOS, LA VERDAD DEL CORAZÓN, retoma lo que es para él uno de sus temas favoritos: el lenguaje y su configuración del mundo.

Chiang conoce (y le llama mucho la atención) la llamada hipótesis de Sapir-Whorf, que establece que existe una cierta relación entre las categorías gramaticales del lenguaje que una persona habla y la forma en que la persona entiende y conceptualiza el mundo; o en otras palabras, el lenguaje determina cómo ves el mundo. Hablé un poco sobre esto en otro artículo mío en el Sitio ( La ciencia-ficción y el lenguaje). En LA VERDAD DE LOS HECHOS, LA VERDAD DEL CORAZÓN existe una tecnología que graba cada momento de tu vida y que te permite recordar a voluntad cualquier instante con mínimo esfuerzo (pues el software de grabación estaría de alguna forma entrelazado con tu propio cerebro), lo que lleva al protagonista a reflexionar sobre las consecuencias que ello tendrá sobre los seres humanos (tropo habitual de la ciencia ficción). ¿Cómo afectará a una relación de pareja, por ejemplo, el recordar cada detalle de una discusión y ser capaz de revivirlo, de repasarlo? Pero aún más, si la hipótesis de Sapir-Whorf es cierta, cómo afectará semejante tecnología a nuestra estructura cerebral a nivel molecular, cómo nos cambiará? En definitiva, ¿cómo seríamos si no pudiéramos nunca olvidar? Se dice que somos la suma de nuestros recuerdos, pero, ¿no somos también, en un cierto sentido, la suma de nuestros olvidos?

Junto a esta historia/reflexión principal, se nos cuenta cómo un miembro de una tribu en un estadio de desarrollo primitivo aprende a leer y escribir. Vemos que efectivamente la escritura modifica, al menos parcialmente, determinados aspectos de su pensamiento y de su concepción del mundo. El autor (que en un juego de metaficción literaria resulta ser el narrador de la primera historia) reflexiona que la introducción del lenguaje tuvo más ventajas que inconvenientes. Uno de los momentos más bellos del relato, es cuando uno de los ancianos de la tribu dice que hay dos formas de decir de hablar de algo, el mimi (o decir lo adecuado) y el vough (o lo preciso, lo exacto). Los europeos se sorprenden ante estas dos aparentes categorías para el concepto de verdad, para ellos (nosotros) decir la verdad es exclusivamente hablar vough: nuestro lenguaje ha modelado nuestra forma de ver el mundo. Quizá lo que más se aproxima a esa concepción que tienen en la tribu es la reflexión del crítico y escritor Roy Pascal que Chiang cita en el relato: Por una parte, tenemos la verdad de los hechos; y por otra, la verdad del corazón del escritor; y no hay autoridad exterior capaz de decidir con antelación dónde coinciden las dos. Esta forma de pensar puede tener semejanza con la filosofía oriental (Taoísmo, Zen...) y con la curiosa y rompedora concepción del mundo que trajo la física cuántica; según Niels Bohr, uno de los padres fundadores de la cuántica, lo contrario de una verdad es una mentira; lo contrario de una gran verdad bien puede ser otra gran verdad.

Así pues, el narrador de la historia decide probar esa tecnología. Comienza a grabar en una especie de segundo plano todo lo que le sucede y recurre a otros para recuperar los instantes de su pasado anteriores a la implantación de su lifelog (como se llama en la historia). Y... bueno, en mi opinión, aunque estoy seguro de que habrá gente que no esté de acuerdo conmigo en esta interpretación, se empieza a ver, en tiempo real, cómo al protagonista empieza a importarle cada vez más la precisión, la exactitud y el detalle. Aunque se niega a un uso obsesivo de la tecnología del lifelog aduciendo, con razón, que sería perjudicial para él, no puede evitar que la tecnología, de forma sutil, le cambie, le modifique. La tecnología que ofrece una precisión cuasi infinita le convierte en un individuo que valora la precisión por encima del resto de cosas. El cambio, como digo, es sutil, pero está ahí.

Ojo, que tampoco es que Chiang se ponga en plan apocalíptico, sugiriendo que los individuos que usan esa tecnología dejan de ser seres humanos y se vuelven androides sin sentimientos, no, simplemente son modificados, sutilmente, igual que lo fueron nuestros ancestros cuando aprendieron la escritura. Chiang se abstiene de hacer juicios de valor, deja eso para nosotros; él se limita a mostrar que la vida nos modifica, y la tecnología forma parte de la vida. Y así quizá debe ser, para bien o para mal. La filosofía (occidental y oriental) nos enseña que todo cambia, que nunca te bañas dos veces en el mismo río; la ciencia nos enseña que el cambio es una realidad, y que de saber adaptarse a él depende la supervivencia de las especies.

© David Quintero, (1.377 palabras) Créditos