El enviado de Cronos: PUERTA A LA HÉLADE
El enviado de Cronos: PUERTA A LA HÉLADE Miguel Merino Rivas
Título original: ---
Año de publicación: 2015
Editorial: Esdrújula Ediciones
Colección: Meteórica
Traducción: ---
Edición: 2015
Páginas: 385
ISBN:
Precio: 20 EUR

Al leer la sinopsis del libro lo primero que se viene a la memoria es la serie Caballo de Troya. La premisa es análoga: el CERN ha desarrollado la tecnología para viajar atrás en el tiempo y se dispone a enviar expedicionarios a momentos escogidos del pasado. La idea es recopilar los datos que, una vez de vuelta al presente, ofrezcan una visión veraz sobre personajes y hechos históricos. Para el caso, el personaje elegido es Alejandro Magno, y el audaz explorador Alcibíades Vidal, arqueólogo especializado, precisamente, en el periodo helenístico y poseedor además de otras habilidades muy oportunas como ser un experto jinete.

Otro paralelismo con Caballo de Troya es que El enviado de Cronos también es una serie. Además en modo optimista, es decir, no parece haber previsión de que las cosas se puedan torcer y el lector se vaya a quedar con la historia a medias. PUERTA A LA HÉLADE solo cuenta el inicio de la historia, y Miguel Merino ni se toma la molestia en convertirlo en un relato autoconclusivo, o al menos cerrar la mayor parte de los hilos relacionados con Alcibíades. Nos quedaremos a las puertas de la expedición asiática de Alejandro, más que dispuesto a zurrarles la badana a los persas. Todo queda en el aire, lo que le pasó a Alejandro y compañía ya se sabe, más o menos, pero todo en la aventura de Alcibíades queda en suspenso, cortado a cuchillo.

La primera recomendación que se me viene a la cabeza sería dejar pasar el tiempo hasta que El enviado de Cronos se complete, y así leerla de un tirón, pero si las ventas de este primer volumen no son buenas, se reduciría mucho la probabilidad de que las sucesivas partes encontraran un editor que se atreviera a publicarlas, con lo que volvemos a lo mismo, series (seriales, más bien) incompletos y lectores insatisfechos. A futuro, y si seguir la serie en papel no resulta viable, como solución de compromiso siempre queda la opción de la autopublicación electrónica hasta acabar la serie.

Independientemente de esto, la historia está bien, es dinámica, cayendo algunas veces en la pura precipitación, se lee con ligereza y no se hace en absoluto pesada, sin embargo, estilísticamente se me hace anticuada.

Por lo pronto, dispone de tres prólogos innecesarios. Puede ser oportuno poner en antecedentes al lector más joven respecto a Alejandro Magno, pero no se me hace necesaria la introducción de Alcibíades, para explicar su oportuna pasión por los caballos y como es manipulado por su padre para orientarle hacia el helenismo. Tampoco aporta mucho la presentación, rueda de prensa mediante, de los trabajos de la profesora Girard en el CERN y el alboroto subsiguiente, recurso muy querido por Julio Verne y Arthur Conan Doyle, pero que a estas alturas resulta bastante demodé.

Hay detalles incómodos, como eso de dejar un caballo, que además debe ser extraordinariamente viejo, en libertad en mitad de la Andalucía rural. Como estampa lírica es indiscutible, pero me da la impresión de que eso no solo es ilegal sino que también inmoral ¿cómo va a sobrevivir un caballo taaan viejo en mitad del campo? Malamente.

Existen otros recursos argumentales igualmente difíciles de aceptar: después de tres años de pruebas y reconocimientos médicos... ¿es creíble que solo unos meses antes de lanzarla misión se descubra en Alcibíades una notable miopía y cierta debilidad de carácter, y no se le someta a más pruebas y reconocimientos para corroborarlo? La profesora Girard ni se molesta en contrastar una información, que por mucho que venga de su más cercano colaborador, es profundamente contradictoria con los datos recopilados en los últimos años, cuando se hacia necesaria una profunda verificación independiente.

La narración es enumerativa, las cosas se cuentan ordenadamente pero sin relieve. Muy pocos personajes, entre los que no se encuentra precisamente Alcibíades están bien dibujados, son intercambiables y algunos hasta prescindibles de no ser históricamente contrastables. Las descripciones tampoco aportan demasiado, hay unas cuantas batallas, viajes en unos tiempos en los que viajar era, propiamente, aventurado, pero en general el lector tiene que aportar el escenario y el ambiente, porque la novela solo es capaz de ubicar el donde y el cuando, no el como.

Con todo, el gran lastre de PUERTA A LA HÉLADE es su abrupto final y la necesidad de tener que esperar a las siguientes entregas para saber cual es el destino de Alcibíades. El de Alejandro ya lo sabemos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (741 palabras) Créditos