LOS VIAJES DE JOENES
LOS VIAJES DE JOENES Robert Sheckley
Título original: The Journey of Joenes
Año de publicación: 1962
Editorial: Ediciones Acervo
Colección: Colección Gaudeamus nº 2
Traducción: Sebastián Castro
Edición: 1977
Páginas: 181
ISBN:
Precio: Descatalogado

Definitivamente, Robert Sheckley es un autor incomprensiblemente sobrevalorado y David Pringle se marcó una sobrada con su celebrada lista, CIENCIA-FICCION: LAS CIEN MEJORES NOVELAS (anglosajonas), en la que incluye esta novela. Ni el uno me parece un autor tan excepcional ni el otro un especialista más digno de atención que cualquier otro especialista que hubiera elaborado su propia lista.

Párrafo lapidario mediante, admito que el terreno en el que se mueve Sheckley en esta novela me importa muy poco, la sutil e irónica crítica de ciertas instituciones anglosajonas me resulta tan lejana como aburrida, y en cuanto a Pringle, pues oiga, hizo su, ya desfasada, lista como le inspiró su entendimiento y es problema del resto de los mortales darle el pábulo que mejor le parezca.

LOS VIAJES DE JOENES se trata del típico libro que pretende ser gracioso pero que se queda a medias. Volvamos a las puntualizaciones, en ese mundo de instituciones anglosajonas (mas bien norteamericanas) en el que se movía Sheckley, y leído en su buen inglés original, el libro bien pudiera ser cáustico y desopilante, pero traducido al español y leído con un trasfondo cultural vallecano, con fuertes influencias de aluvión extremeño, manchego y castellano, algunas gotas de cosmoplistismo europeo, y con un punto de vista notablemente tecnológico, no deja de ser un verdadero plomo.

Por lo que he leído personalmente de Sheckley, y otras opiniones de terceros, ese respeto que se le tiene es más bien importado, quizá por opiniones leídas en revistas americanas y posteriormente viralizada por los enteraos de turno, o bien, siendo menos malpensado, que algún conocedor aventajado del inglés y con buen conocimiento de la cultura yanki se haya despistado y no haya tenido en cuenta en que entorno lo elogia. Definitivamente, amigos, y dándole el beneficio de la duda, puede que Sheckley sea un fenómeno en su pueblo, pero eso no le hace universalmente exportable.

Con LOS VIAJES DE JOENES ocurre eso. Sheckley critica la policía, la justicia, los servicios secretos y la universidad yanki... y oiga usté, que me parece muy bien, pero a excepción de la injerencia de los servicios secretos en el extranjero, el resto se me hace bastante indiferente. Imagínense las historias de Plinio (el de García Pavón) traducidas al ruso y vendidas en Moscú. Pues eso, exitazo total (o siendo literales y olvidándonos de la ironía, puede que ocurriera así, ¡¡¡si hasta los suecos son capaces de vender novela negra en Cádiz!!!). El caso es que los clichés que ridiculiza Sheckley me son bastante ajenos, y por eso sus esfuerzos en ser pierden mucho fuelle. Con todo, algunos episodios son realmente graciosos por si mismos, independientemente de donde o con quien sucedan.

Por ejemplo, la meteórica carrera universitaria de Joenes es digna de novela aparte. Tras su paso por un psiquatrico es reclutado por un intrépido rector para dar clases en su universidad. ¿Clases de qué? Ni el mismo Joenes, ¡ni el rector! lo saben, y cuando se enfrenta a sus alumnos, utiliza una serie inacabable de subterfugios y movimientos dilatorios para que nadie se de cuenta, acabando finalmente por convertirse en un respetabilísimo profesor... de nada.

Sin embargo, la historia de los tres camioneros es directamente infumable. Joenes se encuentra con tres tipos que le cuentan sus vidas, retorcidas, pesadas y de un interés relativo.

Del resto se puede decir lo mismo, va de lo absurdo a lo aburrido, con ciertos destellos que no consiguen hacerles levantar el vuelo. Como ya me ocurrió con TRUEQUE MENTAL, los episodios que componen la novela se me iban haciendo progresivamente más extravagantes y faltos de interés hasta el punto de pasar las páginas con una rápida lectura diagonal.

Lo dicho, Sheckley podrá ser muchas cosas, pero no puedo evitar leerlo con distancia y no apreciar su aparente sentido del humor.

© Francisco José Súñer Iglesias, (634 palabras) Créditos