SIMBIOSIS
Star Trek TNG: SIMBIOSIS EE. UU., 1987
Título original: SYMBIOSIS
Dirección: Win Phelps
Guión: Robert Lewin, Richard Manning y Hans Beimler
Producción: Gene Roddenberry
Música: Dennis McCarthy, Jerry Goldsmith y Alexander Courage
Fotografía: Edward R. Brown
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (capitán Picard); Jonathan Frakes (comandante Riker); Brent Spiner (teniente-comandante Data); Marina Sirtis (consejera Troi); Levar Burton (teniente La Forge); Gates McFadden (Dra. Crusher); Michael Dorn (teniente Worf); Denise Crosby (teniente Yar); Wil Wheaton (Wesley Crusher); Judson Scott (Sobi); Merritt Butrick (capitán T´Jon); Richard Lineback (Romas); Kimberly Farr (Langor)
Temporada: 1, Episodio: 21

Sinopsis

Fecha estelar desconocida. La Enterprise llega a un sistema planetario para proceder al estudio de su estrella. Una destartalada nave es detectada por los sensores de a bordo. El vetusto navío espacial está a punto de ser destruido y Picard ofrece su ayuda a la tripulación del mismo. El capitán T´Jon se muestra confuso y reticente, pero al final acepta el auxilio de los federales. A bordo de la vieja nave se encuentran seis humanoides, y cuando intentan transportarlos al navío de la Flota Estelar, se materializan en la sala de transportación unos extraños contenedores. Sin comprender lo que ocurre, Riker insta a la tripulación de T´Jon a abandonar su nave, que está a unos segundos de colapsarse. En el último momento los federales logran subir a la Enterprise a cuatro de los tripulantes, mientras otros dos perecen en su destrucción. Pero a los supervivientes no parece preocuparles las muertes de sus dos compañeros, sino tan sólo el cargamento que transportaban, por cuya propiedad disputan ante un perplejo Picard. Al parecer, se trata de una medicina, el fellicium, indispensable para aliviar una plaga que azota el planeta Ornara. Pero la doctora Crusher acaba descubriendo que en realidad es una sustancia muy adictiva, gracias a la cual los nativos del planeta Brekka mantienen a los ornarianos bajo su dominio desde hace dos siglos terrestres.

Amigos trekkies, este es uno de los episodios más duros y notables de TNG, pues trata del tema de la drogadicción y sus consecuencias. La proliferación de las drogas es uno de los problemas más acuciantes de la sociedad occidental desde hace mucho tiempo. En los años 80, y gracias sobre todo a la tremenda corrupción que los cárteles de la droga implantaron en Hispanoamérica, los Estados Unidos se vieron literalmente invadidos por todo tipo de narcóticos y el número de adictos se disparó. La administración estadounidense se vio obligada a redoblar sus esfuerzos para combatir el narcotráfico. Y mientras esto sucedía en la vida real, Star Trek, siempre atenta a los temas de interés social, trató el problema de la drogadicción en una de sus historias.

La peculiar relación de dependencia entre los drogadictos y quienes les proporcionan la droga, los camellos, está perfectamente retratada en las relaciones establecidas entre la sociedad de Brekka y la de Ornara. Los ornarianos, convencidos de que padecen una enfermedad crónica que sólo puede ser aliviada con el fellicium, se comportan como lo que realmente son, desdichados drogadictos que viven por y para la próxima dosis. Los brekkianos, muy conscientes de esa adicción, llevan largo tiempo aprovechándose de la situación, e incluso tratan de potenciar la dependencia de los ornarianos del fellicium para controlarlos mejor. En esencia, y obviando los detalles argumentales imprescindibles para darle a la historia una típica impronta Trek, estamos ante la misma situación que se da en la vida real: la explotación de los vicios y debilidades de muchos por unos pocos. Los personajes están concebidos de forma que representen con claridad y sin ambigüedades de ningún tipo las dos partes del problema. Sobi y Galor son los narcotraficantes, y T´Jon y Romas los adictos. Los primeros observan en todo momento una actitud chulesca y prepotente, y los segundos muestran claramente los síntomas de degradación física y moral a los que conduce el consumo de estupefacientes.

Picard no comprende nada al principio, pero aun así intenta que brekkianos y ornarianos lleguen a algún tipo de acuerdo. El cargamento de fellicium está bajo su custodia y ambas partes intentan convencer al capitán para que se lo entregue. Obviamente, éste no da su brazo a torcer, pues no está nada claro a quiénes pertenece la mercancía. No obstante, como los ornarianos parecen encontrarse cada vez peor, solicita a los brekkianos que proporcionen a T´Jon y Romas un par de dosis para aliviar los efectos de la enfermedad, a lo que Sobi y Galor acceden. Pero cuando Beverly comprueba el efecto del fellicium en los ornarianos, descubre horrorizada que éste es en realidad una droga, a la que al parecer es adicta toda la población de Ornara. Esto cambia totalmente la percepción del problema que tiene Picard, pero aun así debe observar en todo momento la Primera Directriz de la Flota Estelar, que prohíbe tajantemente a sus miembros interferir en otras culturas.

Y llegamos entonces a lo más destacado de Simbiosis, porque este episodio es el primero de TNG que ofrece un estudio serio de la Primera Directriz y sus implicaciones. La doctora Crusher, que poco antes le confiesa al capitán que les ha cogido manía a los brekkianos (al igual que el espectador), quiere intervenir, pues, con toda lógica, considera que los ornarianos están siendo explotados por sus vecinos de Brekka. Jean - Luc, aunque comprende y comparte los sentimientos y opiniones de Beverly, es ante todo el capitán de la Enterprise, y él más que nadie debe observar en todo momento la Primera Directriz, por lo que no puede acceder a los ruegos de su oficial jefe médico. Pero, ateniéndose en todo momento a lo marcado por la norma principal de la Flota, Picard maniobra muy inteligentemente para dejar las cosas como estaban, lo que, de paso, fastidiará bastante a los brekkianos.

Es importante recordar que, cuando Picard acepta al principio ayudar a los ornarianos, proporcionándoles los carretes electromagnéticos para sus vetustas naves, no contraviene ninguna normativa de la Federación o de la Flota Estelar, porque tanto ornarianos como brekkianos conocen la existencia de la UFP, aunque no hayan tenido tratos con ella. Ayudar a una especie que conoce los viajes espaciales y la Federación no está prohibido por ninguna ley. Sin embargo, y gracias a la información proporcionada por ornarianos y brekkianos, Picard acaba por colegir que en Ornara se está produciendo una involución cultural, que a la larga desembocará en la completa desaparición de los viajes espaciales. En realidad, ambas sociedades están cogidas en una trampa cuya pieza principal es el fellicium. Tras muchas generaciones de adicción, los ornarianos han acabado por convertirse casi en despojos humanoides, que sólo viven para el consumo del fellicium. Poseen industrias, pero la adicción ha hecho de ellos seres apáticos, que han abandonado cualquier perspectiva de desarrollo social e industrial. En consecuencia, muestran una incapacidad notable para resolver cualquier pejiguera técnica, aunque sea algo tan sencillo como alinear debidamente un carrete electromagnético. De hecho, tras la destrucción de la nave de T´Jon, en Ornara sólo quedan dos navíos más y muy dañados, y no hay nadie que pueda repararlos, así que cuando se averíen definitivamente, los ornarianos perderán la capacidad de realizar viajes espaciales. Los brekkianos, por su parte, no están en mejor situación. Como llevan siglos explotando la adicción de los ornarianos, y éstos les proporcionan absolutamente todo lo que necesitan, su sociedad también se ha vuelto dependiente del fellicium. En Brekka no hay más industria que la de la elaboración de la droga, a la que los brekkianos dedican todos sus esfuerzos y recursos. No han desarrollado, por lo tanto, naves espaciales, y si los ornarianos pierden su capacidad espacial, también ellos quedarán aislados en su planeta.

Picard, una vez que conoce la situación exacta, sólo busca dejar las cosas como estaban antes de la aparición de la Enterprise, y actúa en consecuencia. Está claro que le gustaría ayudar a los ornarianos, y también que personalmente desprecia a los brekkianos, pero debe seguir las líneas de actuación marcadas por la Primera Directriz. Ésta, como le explica poco después a la doctora Crusher, es más una filosofía de comportamiento que un compendio de normas. La historia nos demuestra, una y otra vez, que cuando una cultura interfiere con otra menos avanzada, por bienintencionada que sea, los resultados siempre son terribles, le dice Jean - Luc a Beverly. Y tiene razón. Y a una pregunta de la doctora sobre el inmediato futuro de Ornara y Brekka, Picard responde: Seguramente, nunca lo sabremos. En efecto, el futuro de ornarianos y brekkianos es cosa exclusivamente suya y nadie debe inmiscuirse. La involución tecnológica de Ornara, si llega hasta sus últimas consecuencias, tendrá un efecto positivo, porque, imposibilitados de acceder al espacio, los ornarianos no podrán obtener ningún otro cargamento de fellicium, y su adicción acabará por desaparecer. Y los brekkianos, no disponiendo de estructuras industriales, y al depender exclusivamente de las naves ornarianas para transportar la droga y obtener suministros, se verán igualmente recluidos en su planeta. Claro que también podrían los ornarianos ser capaces de reparar sus buques, con lo que la situación se mantendría igual. No sé lo que pensarán otros, pero, como trekkie de la Vieja Guardia, afín al más ortodoxo espíritu Roddenberry, opino que la pérdida de la capacidad ornariana para realizar vuelos espaciales sería lo más deseable.

El episodio encierra un claro mensaje, sobre todo para los más jóvenes. La conversación entre Wesley y Tasha está dirigida a la importante audiencia juvenil de TNG, en un momento en que, con un hombre de principios como Ronald Reagan en la Casa Blanca, Estados Unidos estaba recrudeciendo sus esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico.

Este es un episodio muy recomendable para los trekkies de pro, no sólo por la historia de interés humano que cuenta, sino también por la aparición de Judson Scott y Merritt Butrick, que intervinieron en LA IRA DE KHAN, el primero dando vida a Joachim, lugarteniente de Khan, y el segundo a David Marcus, hijo de Kirk y la doctora Carol Marcus. Butrick interpretaría el mismo papel en EN BUSCA DE SPOCK.

Y para los entusiastas de las anécdotas Trek, comentaré, por último, que Simbiosis se rodó después de LA PIEL DEL MAL, aunque, por razones obvias, se emitió primero. Así que es la última aparición de Denise Crosby en TNG, al menos hasta el ocasional regreso de Tasha en el fabuloso EL ENTERPRISE DEL AYER, y los capítulos dobles REDENCIÓN y UNIFICACIÓN, donde la actriz encarnaría a Sela, hija de Yar y un comandante romulano.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.431 palabras) Créditos