GALILEO SÉPTIMO
Star Trek TOS: GALILEO SÉPTIMO EE. UU., 1966
Título original: The Galileo Seven
Dirección: Robert Gist
Guión: Oliver Crawford y S. Bar-David
Producción: Gene Roddenberry
Música: Alexander Courage
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: Willian Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); Nichelle Nichols (Uhura); James Doohan (Scott); George Takei (Sulu); Peter Marko (Gaetano); Don Marshall (Boma); Phyllips Douglas (asistente Mears); Rees Vaughn (Latimer); Grant Woods (Kelowitz); John Crawford (comisario Ferris).
Temporada: 1, Episodio: 16

Sinopsis

Fecha estelar 2821.5. La Enterprise, en ruta hacia Markus III con un cargamento de suministros médicos, hace un breve alto en el camino para examinar Murasaki 312, una formación tipo quásar. Con este objetivo es enviada una lanzadera, pero todo se complica cuando la navecilla sufre una avería y se estrella en un planeta inexplorado. Los sensores de la Enterprise, dañados por el quásar, no pueden localizar la minúscula nave, pero Kirk no se da por vencido y comienza a buscar la lanzadera intensivamente. El comisario de la Federación, Ferris, insiste en que deben proseguir con su misión principal, que es llevar las medicinas a Markus III. Mientras tanto, Spock y los demás tripulantes de la lanzadera deben tratar de reparar ésta, siendo acosados al mismo tiempo por los primitivos y violentos aborígenes del mundo en el que han caído.

GALILEO SÉPTIMO es el primer episodio de Star Trek en el que aparecieron las características lanzaderas cúbicas de TOS. la navecilla auxiliar se convertirá a partir de aquí en un elemento indispensable a bordo de la enterprise. bautizada de tal modo en honor de Galileo Galilei, uno de los astrónomos y matemáticos más relevantes de la historia, aparecería también en los capítulos METAMORFOSIS y SÍNDROME DE INMUNIDAD, aunque, obviamente, se tratará de otra navecilla con el mismo nombre. además, la Galileo VII sería la madre de todas las lanzaderas vistas en Star Trek, el modelo básico que sirvió de patrón para diseñar los vehículos auxiliares de la flota que han visto la luz durante medio siglo. En el rodaje del presente episodio se emplearon dos maquetas, una en miniatura y otra a escala, ésta última diseñada y construida por la empresa AMT Corporation. Está muy lograda, pero como los interiores del transbordador se construyeron en un plató aparte, y los actores tenían que desenvolverse con comodidad, la altura del techo en las escenas de interior es bastante mayor de lo que debería ser, viendo la maqueta a escala real. Otro detalle curioso es que la puerta de la nave muestra unas ventanillas, de las que carece por dentro. Pero salvo estas pequeñas incongruencias, en las que seguramente pocos espectadores repararon en su día, la Galileo VII da el pego. Gene Winfield, que se ocupó de supervisar su construcción, diseñaría más de una década después todos los vehículos vistos en BLADE RUNNER (ídem, Ridley Scott, 1982).

Pero vamos a lo que interesa. GALILEO SÉPTIMO es un gran episodio de personajes. El accidente de la lanzadera pone a nuestros amigos en una situación límite, que servirá para ahondar aún más en las personalidades de Kirk, Spock y McCoy, los tres protagonistas principales de TOS.

Empecemos por Spock. El vulcaniano se hace cargo de lo que ocurre con su eficiencia habitual. Están en un planeta inexplorado, con la navecilla muy dañada y escasas probabilidades de sobrevivir. Spock sabe que la Enterprise tendrá que abandonar ese sector en breve, así que no tiene tiempo que perder, y desde el primer momento se concentra en el problema principal: tratar de reparar la lanzadera para salir al encuentro de la nave estelar. Las cosas se complican con la aparición de los nativos del planeta, unos humanoides muy primitivos, que causan la muerte de Latimer y Gaetano. Este hecho, unido al no poder contactar con la Enterprise y la dificultad de reparar la lanzadera, hace mella en el ánimo de todos, provocando que la tensión entre ellos aumente. El más irritado es el teniente Boma, que se muestra muy contrariado ante la frialdad de Spock, quien declina enterrar a los muertos porque eso le restaría un tiempo precioso, necesario para continuar con las reparaciones. Tanto Boma como McCoy le echan en cara al vulcano su insensibilidad, pero éste sigue impertérrito con el plan que se ha trazado, pues confía en que así podrán aumentar sus posibilidades de sobrevivir. Mientras Boma y McCoy se dejan vencer por su zozobra interna, Spock, con la inestimable ayuda de Scott, lucha por sacarles de allí. El ingeniero comparte con el vulcaniano una gran formación científica, siendo el único que apoya a Spock sin fisuras, consciente de que éste está haciendo lo mejor para todos. McCoy y Boma focalizan su desagrado en Spock, sin darse cuenta de que Scotty actúa de la misma manera. Para él lo más importante, lo prioritario, es reparar la nave, porque sin ella nunca podrán salir de allí, y a esa tarea dedica todos sus esfuerzos. Puede afirmarse que en GALILEO SÉPTIMO se marca el inicio de una estrecha colaboración entre Spock y Scotty. Conforme avance la serie, descubriremos que ambos se admiran y se respetan mutuamente, tanto en el plano personal como en el profesional. En este episodio Scott da prueba una vez más de su talento e inventiva para solucionar los problemas más peliagudos, utilizando la energía de las pistolas fásicas como combustible alternativo para la Galileo.

El cascarrabias de McCoy está más tenso e irritado que nunca, y eso se trasluce en el tira y afloja verbal que sostiene con Spock. No obstante, también McCoy admira y respeta al vulcaniano. Pero su temperamento es así, no puede evitarlo, y se pica constantemente con el primer oficial científico. Spock, por su parte, considera a Bones el mejor médico de la Flota Estelar y también siente admiración por él, pero piensa que es demasiado sentimental. En cierto modo, tanto Spock como McCoy parecen disfrutar un tanto con esa lucha verbal. Las discusiones entre ellos serán algo habitual, y aunque en ocasiones parezcan enfrentarse entre sí, en realidad estarán de acuerdo en lo básico. Lo que ocurre es que la principal diferencia entre ellos está en la filosofía de uno y el temperamento del otro, y claro, es normal que de vez en cuando salten chispas cuando se enzarzan en una discusión.

El conflicto de Spock con el resto de la tripulación de la lanzadera, exceptuando a Scott por las razones antes mencionadas, se produce porque sus compañeros no comprenden el empleo del razonamiento frío y lógico que hace el vulcaniano para llegar a sus conclusiones. No obstante, incluso Spock llegará a dudar de sus deducciones lógicas, si bien momentáneamente, al observar las ilógicas reacciones de los primitivos habitantes del mundo en que se encuentran. No obstante, en esta aventura se reafirma una vez más el profundo respeto del vulcaniano por cualquier forma de vida, aunque sea tan salvaje y hostil como los habitantes de Taurus II, que así se llama el planeta al que han ido a parar.

Ferris en lo suyo, incordiando
Ferris en lo suyo, incordiando

Mientras los tripulantes de la lanzadera luchan por salir adelante, Kirk tampoco lo tiene fácil. Está dispuesto a lo que sea por rescatar a sus compañeros, y organiza varias expediciones de búsqueda para ello. Pero el comisario Ferris, uno de esos patéticos burócratas que gozan haciéndole la pascua a quien es mejor que ellos, no deja de darle la lata con que hay que llevar las medicinas a Markus III, con que si patatín, si patatán. Hasta osa recordarle el reglamento a Kirk, a quien no le hace maldita la falta que se lo recuerden, y menos un tipo como Ferris. Pero éste sigue en sus trece y acaba por darle un ultimátum a Kirk: tiene un plazo determinado para localizar la lanzadera; después, la Enterprise deberá seguir rumbo hacia su destino.

Kirk es muy consciente de sus obligaciones, y sin duda habría reemprendido el viaje hacia Markus III llegado el momento, aunque no estuviera el pesado de Ferris a bordo. Pero nuestro idolatrado capitán no piensa abandonar ni el sector ni la búsqueda de sus compañeros hasta el último segundo. Los espectadores participamos de la angustia creciente de Kirk, que ve cómo se va agotando el tiempo concedido por Ferris sin encontrar ni rastro del transbordador.

En el planeta las cosas se ponen muy difíciles para los náufragos, de forma que tienen que despegar para escapar de los aborígenes. Según los cálculos de Scott, podrán mantenerse en órbita durante 45 minutos, como mucho, pasados los cuales entrarán en una órbita decadente que incendiará la nave al entrar en la atmósfera. Todos parecen resignados a su suerte, pues las probabilidades de ser localizados por los sensores de la Enterprise son escasas. Y entonces, Spock, inopinadamente, acciona un interruptor y todo el combustible de la Galileo se inflama. La sorpresa ante la acción del vulcaniano es la nota dominante entre los náufragos, y sólo Scotty acaba comprendiendo la razón de Spock para actuar así. Consciente de que la Enterprise está a punto de abandonar la zona, y de las dificultades que los sensores de la nave tendrán para localizarlos, debido a las interferencias del quásar, Spock ha concluido que la única alternativa que les queda es tratar de llamar la atención de Kirk con una señal, algo que resulte relativamente fácil de detectar. La apuesta es muy arriesgada, pero tiene éxito. En la Enterprise captan la repentina luminosidad del combustible inflamado y transportan a bordo a los tripulantes de la lanzadera, segundos antes de que ésta se desintegre al entrar en la atmósfera.

El personaje principal de Galileo VII es Spock, insistamos en ello. Sobre el vulcaniano se focaliza la acción dramática, ofreciendo al espectador un nítido retrato del primer oficial de la Enterprise. Los personajes principales de Star Trek iban creciendo a medida que se sucedían los episodios, y en Galileo VII se nos muestra a un Spock llevado al límite por la apurada situación en que se encuentran. En este capítulo se ponen de manifiesto las extraordinarias virtudes del vulcaniano, así como su gran preparación para el mando. Aunque su comportamiento frío y lógico, casi inhumano, despierte la animadversión de la mayoría de sus compañeros, queda claro que sus decisiones son las más acertadas, y al final hasta Boma acabará admitiéndolo.

La tripulación conspirando
La tripulación conspirando

Pero Spock es medio humano, y ése es un detalle que no debemos olvidar. En el clímax del episodio, cuando decide inflamar el poco combustible que tienen, puede parecer que actúa por simple lógica; pero, en realidad, y como revela la expresión de su rostro, un tanto crispada, lo hace impulsado, al menos en parte, por una considerable dosis de humana desesperación. Más tarde, en el puente de la Enterprise, Kirk, puesto al tanto de lo ocurrido por Scott, McCoy y los demás, trata de obligar a Spock a admitir que actuó guiado exclusivamente por una emoción humana. Pero el vulcaniano, genio y figura hasta el final, si bien admite que la desesperación formó parte de su decisión de inflamar el combustible, ofrece al capitán una explicación lógica y razonable de lo ocurrido, lo que provoca la risa de todos los presentes. Y es que, pese a su tozudez, en cierto modo lo que dice Spock puede interpretarse como un reconocimiento de su parte humana.

Galileo VII es, en conclusión, uno de los mejores episodios de la primera temporada, que nos permite observar el comportamiento de unos personajes a los que vamos conociendo un poco más en cada capítulo, y con los que compartimos, cada vez más, los guiños de la historia. Disfrutad de él, pues realmente vale la pena.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.845 palabras) Créditos