RANXEROX EN NUEVA YORK
RANXEROX EN NUEVA YORK Stefano Tamburini
Título original: Ranxerox a New York
Año de publicación: 1980
Editorial: La Cúpula
Colección: Víbora cómix
Traducción: Anna Maria Campeny Valls
Edición: 1995
Páginas: 41
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Antonio Santos

Desde un punto de vista conservador, RANXEROX EN NUEVA YORK es una obra escabrosa, de mal gusto. El reaccionario mirará sus planchas con desaprobación. Ni lo terminará de leer, incluyéndolo en el catálogo inquisitorial de libros prohibidos.

Con espíritu más desenfadado, se considera esta obra de Stefano Tamburini y Gaetano (Tanino) Liberatore como un desmadre original, underground y punk, precursor de muchos de los tics de los queridos contrahéroes (más que antihéroes) tipo Lobo.

Pero el examen de la obra no arroja un balance ideológico/argumental muy positivo, aunque, por desgracia, se encuadra en nuestra cotidianeidad. No cuenta nada que no veamos en un telediario. Hasta, incluso, se le puede acusar de pertenecer, y fomentar, una cultura que hoy día resulta problemática, fuente de traumas. Ranxerox, por otra parte, pertenece a una concreta época y ampara pasiones oscuras e infecciosas.

Este tebeo defiende el consumo de drogas (Ranxerox está enganchado al vinavil, sea lo que sea) y se entiende con una golfa yonqui descarada de doce años de edad, criminal, borde y sádica, Lubna, que le engatusa y maltrata como quiere, obteniendo de él una suerte de sumisión masoquista fanática. Sobreviven en unos bajos fondos habitados por una turbia humanidad (pero habitual de nuestras calles) tatuada y con el pelo coloreado, víctimas de un fashion Década 80 que se intuía provocador, rompedor. Ranxerox es un pilar de la sacralizada movida de los 80. ¿Sabéis qué era lo mejor de los 80? Que no sabíamos que lo eran. Sin embargo, los Evangelistas de la Movida predican que se vivía desde el primer segundo; falso. La movida se reconoció al final. Por entonces eran extravagancias de punks, postmodernos y los pre skinheads actuales.

RANXEROX, también, ensalza la violencia: todo problema lo resuelve a hostias y quebrando huesos (que Liberatore dibuja con tal detalle que hasta duele verlo). El androide se mueve, con masiva imponencia, cuan Terminator, entre la multitud, indiferente a las consecuencias de sus actos. Carece de ética y moral, como su entorno. Un ejemplo: cuando se le encarga asesinar al adolescente feroz crítico de arte (por orden del propio padre del chaval, un yonqui repelente), Ranx aguarda en un velador de una discoteca. Una niña mendiga gitana le ofrece una rosa. Aplasta su mano, acto que obtiene gran aprobación, cuan reflejo de una sociedad hastiada de la inoportuna injerencia de la pobreza en sus vidas elegantes y superficiales.

Lobo, harapo de mito hoy día, se nutrirá, con otro formato, de hazañas parecidas; el siguiente ejemplo está en HARD BOILED, de Frank Miller y Geoff Darrow. Es un RANXEROX bestial, más barroco, cuidado y ultraviolento, con una parábola social más pulida y cínica pero a lo made in USA.

Ranxerox, ya que estamos, no conoce las TRES LEYES DE LA ROBÓTICA de San Isaac Asimov ni de lejos. Y esto hace pensar en que todas esas obras de robots díscolos semejan una rebelión a una imposición despótica del buen doctor. Si Asimov hubiera leído RANXEROX habría abominado en arameo de él. Desafía sus parámetros sanitarios, que tanto tienen de anulación del individuo, tan caros al laureado escritor. Sólo por eso, ya nos sentimos algo cómplices del androide que pudiera haber avanzado el cyberpunk (punto discutible, que sin duda depende del gusto del reseñador).

No se escapa tampoco que RANXEROX sugiere adscripción a ideología de corte izquierdista, como proponen las alusiones, literarias o dibujadas, al comunismo. Los magnates, o burgueses, aparecen presentados como pervertidos de la peor calaña, practicantes de parafilias realzadas por los estupefacientes. También, el arte realista de Liberatore ilustra los perfiles de todos los personajes achatados, o como hocicos de comadrejas, o hurones, una imagen subliminal de inquietantes rapaces.

Merece unas líneas la virulenta Lubna, bestezuela adolescente, picota total, que espolea sin misericordia al corpulento Ranxerox a satisfacer su constante, dañino y destructivo vicio heroinómano. A estas alturas, conocemos, sobradamente, lo lesivo que es el consumo de drogas. Aun así, Lubna muestra saludable aspecto y parece afirmar que un par de picos de caballo al día hasta tonifican. Busca líos a Ranxerox por culpa del vicio. Mientras el androide se abre sangriento paso hacia su rescate, ella se coloca de continuo con farlopa de la buena.

No tengo claro si, con esto, los autores trataban de ser insultantes y procaces en una sociedad conservadora de marcada relevancia católica, o es que de verdad hacían apología de la droga. No seré ingenuo culpándoles de tal lacra, porque el problema es antiquísimo. Resalto que, pese a conocer su faceta nefasta, presentan a Lubna plena de facultades, cuando eso no es así. Tal vez los autores, en el fondo, pretendían hacer ver lo absurdo del asunto.

Apreciaré, finalmente, que las proezas priápicas con las adolescentes de Ranxerox, el gigoló Joe bestial, suelen estar enlazadas con la violencia, como estableciendo la idea de que el sexo es consecuencia de la fuerza extrema, una conquista arrastrada en los genes (aun artificiales) desde el alba de los tiempos.

Toda la fuerza de Ranxerox (¿sátira del juguete Big Jim?) reposa en el libro titulado EN NUEVA YORK, atractivo por su sutil ironía y lo desquiciado de su venenoso Universo roñoso y harapiento de una Italia en las últimas, siendo su máximo crédito el poderoso dibujo de Liberatore, que resalta la agilidad y la contorsión que esgrime Ranxerox en sus andanzas.

El dibujante posee un amplio aparato de recursos artísticos para seducir nuestra mirada, y si nos fijamos con atención, sospecharemos que Ranxerox es como una perversión de Superman, sobre todo el ilustrado por Alex Ross, con su flequillo de rocker alborotado por impulso de su rabia. El Riddick (Vin Diesel) de PITCH BLACK[P] me recuerda con vehemencia a Ranxerox. Hasta hubo rumores de que Bruce Willis iba a interpretarlo, pero, como otros tantos proyectos, quedó varado en la costa de los rumores.

Nacido en un fanzine, ensamblado con hardware underground, causa de una demanda judicial, ejemplo de una época que glorifican embadurnados en nostalgia, me pregunto qué sería, hoy día, de Ranxerox. ¿Hasta dónde llegaría por tal de estar en la onda de cafres como Lobo? ¿O declinaría participar en tal liza? Seguramente, pasaría. Posee su leyenda urbana y estilo propio, que otros han intentado emular con suerte desigual. No tiene, por tanto, por qué competir con nadie. Lo ha logrado: ya es inmortal.

Vuestro Scriptor.

© Antonio Santos, (1.051 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 30 de marzo de 2012