PARÍS EN EL SIGLO XX
PARÍS EN EL SIGLO XX Julio Verne
Título original: Paris au XXe siecle
Año de publicación: 1994
Editorial: Planeta
Colección: ---
Traducción: Julia Escobar Moreno
Edición: 1995
Páginas: 182
ISBN:
Precio: 14 EUR

Ciertos autores trascienden a su destino y acaban convertidos en seres míticos llenos de virtudes y capaces de las mayores y afortunadas creaciones. Verne es uno de ellos, con una formidable obra a sus espaldas y una legión de panegiristas dispuestos a embarcarse en sólidos escritos y no menos rocosas discusiones a favor de su héroe literario favorito, y donde digo Verne póngase cualquier autor sobrevalorado que a usted le parezca bien. De hecho todos los autores, sin excepción, están sobrevalorados, aquello del escribano y el borrón es una ley universal que junto a la de la tostada (siempre caerá con la parte untada hacia el suelo) y la del USB (nunca se enchufará a la primera... ¡¡¡y a veces ni a la segunda!!! en su posición correcta) hacen del mundo mundo.

Verne, como todos los autores, tuvo su época de crecimiento y aprendizaje, escribió un buen montón de obritas de teatro y opúsculos entre lo olvidable y el mal gusto (LAMENTACIONES DE UN PELO DE CULO DE MUJER, pongamos por ejemplo) y poco a poco fue abriéndose camino hasta que Hetzel lo fichó e hizo de él lo que conocemos hoy día. Decir que todo Verne es genial es, siendo considerados, una exageración, siendo sinceros, una estupidez. Nunca sabremos a ciencia cierta cuanta de la obra temprana de Verne se fue por los sumideros del rechazo editorial y, como cualquier escribidor sabe, no tuvo que ser poca.

Respecto a PARIS EN EL SIGLO XX yo prefiero guiarme por el criterio de Hetzel, un señor muy listo que publicó a Balzac, Víctor Hugo y Zola, y que hizo rico a Verne (de paso también se forró a su costa) Una lección importante que deben aprender los aspirantes a escribidor es que los editores se juegan SU dinero por publicarles a ellos. Lógicamente para multiplicarlo todo lo posible, y como negociantes que son, ya procurarán publicar cosas que se vendan, ya sea por su interés o por su calidad.

Si, claro, luego tenemos los socorridos ejemplos de J. K. Toole o J. K. Rowling (curioso, ¿no?) a los que decenas de miopes editores no dieron pábulo hasta que llegó el espabilado de turno y triunfó con ellos. O los autores que arrasan en el maravilloso mundo de la autoedición, al que se han volcado desesperados porque editores avaros y cortoplacistas los despreciaron y tuvieron que buscarse la vida por ellos mismos, consagrándose por Obra y Gracia del Espíritu Santo, además de llenar la cuenta del banco con buenos sacos de duros. De lo que nadie habla es de que estos triunfadores son la milmillonésima parte de un todo en el que la basura y la mediocridad es lo que realmente abunda.

Dicho esto, Hetzel rechazó el manuscrito de PARIS EN EL SIGLO XX porque era malo, muy malo, y se lo dijo a Verne muy clarito en una famosa carta que anda dando vueltas por ahí. Ciento cincuenta años después PARIS EN EL SIGLO XX sigue siendo la misma basura, y su mayor interés reside en que es un manuscrito ¡¡¡que le rechazaron a Verne!!!! y que anduvo perdido cerca de 80 años. Estoy casi seguro que de haberse encontrado desde un principio entre los papeles de escritorio que fueron saliendo a la luz de mano de Michael Verne nunca se hubiera publicado sencillamente por mala.

La novela es pesada, ñoña, las aventuras de Michel (en realidad, un adolescente inadaptado) irrelevantes, las predicciones de Verne entre lo obvio (nuevos y no tan nuevos inventos de inmenso potencial) y lo casual, de hecho sus más rendidos admiradores pasan muy de puntillas, si es que las llegan a mencionar, por las exageraciones absurdas que abundan en la novela (como el extravagante Libro Mayor) para centrarse en los detalles que más se ajustan a la realidad de cada momento.

En realidad Verne da más bien la impresión de querer hacer una caricatura exagerada de la situación social y económica de su época. El capitalismo salvaje, represor y alienante, la ciencia y la tecnología instaladas ya en un ritmo constante de progreso, las nuevas corrientes sociales que sin sacar de la miseria a los explotados, si propugnaban mejores sueldos (para el que trabajaba), mejores servicios (si se podían pagar) y una educación más generalizadas, además de da caña disimuladamente a muchos de los literatos franceses del momento. Por algún lado he visto intentar equiparar PARIS EN EL SIGLO XX a las utopías socialistas que vendrían más tarde, a finales del siglo XIX (como EL AÑO 2000, UNA VISIÓN RETROSPECTIVA, de Edward Bellamy), nada más lejos de la realidad, PARIS EN EL SIGLO XX es más bien una pesadilla neocon donde el utilitarismo está por encima de todas las cosas, por mucho funcionario que desfile por sus páginas.

Quien piense que PARIS EN EL SIGLO XX es una joya literaria que un obtuso editor no supo apreciar en su momento y se perdió en el limbo durante casi 100 años que se olvide de esa idea. PARIS EN EL SIGLO XX es una obrita mediocre y mal escrita (el final es penoso) que mereció su justo olvido. A día de hoy tiene valor como curiosidad histórica, pero poco más.

© Francisco José Súñer Iglesias, (863 palabras) Créditos