VUELTA A LA TIERRA
VUELTA A LA TIERRA Félix Díaz
Título original: ---
Año de publicación: 2015
Editorial: Juan José Aroz, editor
Colección: Espiral, ciencia-ficción, nº 56
Traducción: ---
Edición: 2015
Páginas: 367
ISBN:
Precio: Descatalogado

El género postapocalíptico nunca pasa de moda y el último par de servicios de prensa que he recibido (LA FRANJA DE VIDA y este, VUELTA A LA TIERRA, aunque en realidad es una suscripción) son buenos ejemplos de ello. La epopeya de los supervivientes es un tema atractivo y al que se puede sacar mucho partido, sea cual sea el origen de la catástrofe, que por otro lado configura el escenario en el que se desenvuelven los protagonistas. No es lo mismo una catástrofe nuclear que un fenómeno natural, nada tiene que ver una crisis sanitaria con el impacto de un meteorito, una invasión extraterrestre con un colapso económico, cada una deja sus secuelas que se deben afrontar con distintas soluciones y, por supuesto, el infinito coraje y habilidad del grupito de elegidos para sortear todas las dificultades y sobrevivir, o no.

Estas historias también dejan huella de la época en la que son escritas. Hoy por hoy está más que pasada de moda la Guerra Nuclear, el peligro, sin haber desaparecido del todo, se ve muy lejano y ha quedado olvidado ante problemas más acuciantes, hermanas ideológicas de ésta, las invasiones extraterrestres han ido perdiendo fuerza quizá por los mismos motivos; al no haber un gran enemigo amenazador a nivel global (sigue habiéndolos, y con muy mal fondo, pero no es lo mismo la mordedura de un león que la picadura de un mosquito) a nadie se le ocurre proyectar esa posibilidad en un futuro más o menos cercano. Ahora están saliendo a la luz las ideas que se fraguaron durante la paranoia mediática del Cambio Climático (antropogénico) Es decir, tocan catástrofes naturales y filosofar acerca de lo cochinota que es la humanidad, aunque la catástrofe en si no tenga mucho que ver con cambios en el clima. Dentro de poco empezaremos a ver de nuevo historias ambientadas en sociedades deprimidas por la pobreza y la corrupción, que en realidad siempre han estado ahí, pero con la que está cayendo raro se me hace que no se escriba más sobre ello, aunque ciertamente nadie suele tener ganas de que le cuenten su propia vida, aunque sea proyectada en el futuro.

Dicho esto, VUELTA A LA TIERRA trata de cómo un meteorito impacta con la Tierra en mitad del Pacífico mandándolo todo al carajo. ¿Todo? ¡No! Unos pocos afortunados han podido encontrar hueco en los refugios habilitados al efecto (el meteorito se vio venir desde lejos, y esa fue la única solución viable que se encontró) otros pocos, más afortunados aún, sobrevivieron milagrosamente en la superficie al impacto y al posterior y largísimo invierno que le sucedió (por aquello de la atmósfera saturada de partículas en suspensión, y tal), por último, los reyes de la suerte se encontraban en una base en la Luna, con lo que fueron espantados testigos de la catástrofe, aunque de primeras les afecto bien poco.

El escenario que propone Félix Díaz, setenta y cinco años después del Apocalipsis, es el pausado renacimiento de la civilización en la Tierra, mientras que la base lunar ha ido medrando como buenamente ha podido con los pocos recursos disponibles. Sin embargo, faltos de suministros, se ven obligados a organizar una expedición al planeta madre con la intención de comprobar como están las cosas y, principalmente, reestablecer las vías de comunicación para poder escapar del callejón sin salida en el que se encuentran.

Aunque Félix Díaz se desenvuelve muy bien en el relato, esta novela no resulta todo lo redonda y novela que sería deseable. Por lo pronto la situación que plantea se hace notablemente extraña. Una especie de gobierno mundial con sede en Ginebra (estos suizos...) consigue que las gentes de diversas partes del mundo colaboren en la medida de lo posible facilitando los viajes y el gobierno. Cada región mantiene sus propios usos y costumbres, asumiendo tácitamente la autoridad global de Ginebra, lo que facilita los desplazamientos y el incipiente comercio a nivel mundial. No obstante, se ha extendido con fuerza la idea de que todos los males de la civilización se debieron al uso y abuso de la tecnología, y francamente, asumir eso se me hace imposible.

En algún pasaje se intenta justificar sin mucho éxito por qué se proyecta en la tecnología la culpa de una catástrofe de índole cósmico. No es en absoluto creíble, lo que ya de por si hace muy endeble en edificio que se construye alrededor, máxime cuando esta civilización de corte casi bucólico, además de hacer un uso interesando de la tecnología (vale, es mala pero útil, tapémonos las narices) rehuye las ruinas de las grandes ciudades porque en ellas se ocultan los bandidos, o la parte de los supervivientes que decidieron que la premisa antitécnológica era una memez y que había que aprovechar lo que había.

En este estado de cosas llegan los selenitas a la Tierra, la misión ha sido complicada y continuamente al borde del fracaso, pero logran aterrizar ante el estupor de los nativos. Como suceso excepcional y un poco molesto que es, los lugareños se desentienden de ellos y los mandan a Ginebra, donde inician las negociaciones para lograr reestablecer la relaciones Tierra-Luna. Como mecanismo para mostrar como anda el planeta el autor considera que los selenitas son muy nostálgicos y, mientras se establecen las condiciones adecuadas para iniciar los trabajos de construcción de las nuevas naves, manda a los viajeros de turismo por la Tierra. La excusa resulta ser un tanto pobre. Además de la lógica curiosidad, en general están atacados por la morriña (ellos, que son al menos la tercera generación de seletinas puros) y los manda a buscar a los descendientes de sus familiares a lo largo y ancho del mundo. La idea, nuevamente llena de arena los engranajes de la historia, ¿qué descendientes? Al cabo de setenta y cinco años la mezcla de linajes lunares ha debido mezclarse de tal manera que cualquiera de los expedicionarios tendría que dar un par de vueltas al mundo para visitar las tierras de sus ancestros, por no hablar de que no se explica (aunque podría tener su lógica) porqué los selenitas tienen todavía tan marcado el perfil cultural de sus ascendientes.

Algún detalle interesante hay, como la obsesión por recolectar material genético (si, por el método divertido), imprescindible por parte de los selenitas, no tanto por parte de los humanos tecnológicos confinados en las ciudades, pero en general quedan oscurecidos por un planteamiento más que cuestionable.

Siguiendo su estilo habitual, Félix Díaz se decanta por las frases cortas y sencillas, demasiado gráficas, lo que si bien ayuda a la correcta comprensión del texto, no es la mejor forma de conseguir un nivel literariamente destacable.

La premisa y el escenario son, aunque no precisamente novedosos, si muy interesantes, aunque la situación tal y como se plantea crea grandes dudas y no hace cómoda la lectura de la novela.

© Francisco José Súñer Iglesias, (1.143 palabras) Créditos