LA FRANJA DE VIDA
LA FRANJA DE VIDA Gonzalo Gobert-Cézanne
Título original: ---
Año de publicación: 2015
Editorial: Círculo Rojo
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 2015
Páginas: 477
ISBN:
Precio: 18 EUR

Estoy bastante acostumbrado a ver ideas bastante pobres narradas con gran efectismo literario e ideas atractivas simplemente redactadas con un estilo no muy espectacular. El caso de LA FRANJA DE LA VIDA es el segundo. El argumento parece sacado de aquellas películas catastrofistas de los año 50 y 60: CUANDO LOS MUNDOS CHOCAN, ¿HACIA EL FIN DEL MUNDO? EL DÍA QUE LA TIERRA SE INCENDIÓ (de la que esta novela es heredera directa), en las que tras una brutal catástrofe de carácter planetario, los protagonistas se ven abocados a una lucha contrarreloj por salvar la vida. La cosa va de un megaterremoto que arrasa con todo lo que se menea sobre la Tierra y además provoca interesantes consecuencias en la rotación terrestre. La novela cuenta cómo unos pocos supervivientes se embarcan en un viaje imposible para huir del desastre, cómo lo preparan, las buenas y malas cosas que les sucede por el camino y como el destino final tampoco llama precisamente a la esperanza.

El problema es que la narración ya nace anticuada. El mismísimo Julio Verne, en el que el autor parece inspirarse, hubiera considerado su estilo bastante pasado de moda. Se me hace raro que a estas alturas todavía alguien se lance a escribir con ese envaramiento rebuscado típico de la literatura del siglo XIX. El estilo en general ha evolucionado, el vocabulario ha ido cambiando con el tiempo, aspectos que en su momento podían llegar a quedar bien en ciertos géneros, hoy resultan ciertamente afectados. Solo se me ocurren dos causas: que o bien el autor está profundamente influenciado por sus lecturas juveniles de Verne o Salgari y ahí se quedó (hasta Wells es más moderno), o que visto el tema a tratar se ha inclinado por homenajear a aquellos autores y aquella forma de narrar.

El ritmo tampoco está especialmente logrado. La primera mitad de libro se va entre la descripción de las consecuencias del megaterremoto en la pequeña comunidad rural en la que viven los protagonistas, la presentación de los personajes y los conflictos que surgen entre ellos, y el descubrimiento de que el megaterremoto es lo de menos y que el viaje es inevitable si se quiere sobrevivir. Algunos pasajes reiterados, como lo malamente que lo pasan los heridos y los esfuerzos sobrehumanos por atenderles, las reacciones imposibles de algunos personajes, lo artificioso de las relaciones entre ellos y lo poco creíble de algunos caracteres, tampoco ayudan demasiado.

Tampoco se hace creíble la gestión que las autoridades hacen de la catástrofe. Hay contradicciones como la concentración de la población en grandes puntos de reunión, y a la vez la distribución de medicinas y comida a comunidades aisladas como la que nos ocupa. También se hacen un poco cuesta arriba las largas conversaciones radiofónicas entre las fuerzas vivas del pueblo y las lejanas autoridades, que no hacen más que repetir que se deben dejar todos los canales libres para atender los asuntos urgentes pero se embarcan a continuación en largos discursos explicativos para que los lugareños (más bien el lector) se haga una idea de lo que está pasando por el mundo.

La segunda mitad, centrada en el viaje en si, es algo más ágil, aunque algunos episodios, quizá por previsibles, acaban sobrando, pero se nota que es aquí donde quería llegar el autor y la historia avanza con más fluidez, caracteres y conversaciones imposibles aparte. Las historias de robinsones siempre se leen con agrado, sobre todo por el ingenio e inventiva que se ven obligados a desplegar.

Lo que no queda claro para nada es el origen de la catástrofe, un megaterremoto, si, pero el autor elude explicar porque un sistema geológicamente tan estable como el terrestre (anda que no lleva dando vueltas millones de años) se vuelve loco de repente, sin un aviso, sin nada que haga sospechar lo que se viene encima. En realidad no deja de ser la excusa para lanzar la historia postapocalíptica de los supervivientes.

Por resumir, una idea atractiva, aunque cogida por los pelos, y una migración al límite que, si se hubiera narrado con soltura, habría resultado en una novela más que interesante. En su estado actual, en los tiempos de Quatermain ya hubiera sido añeja.

© Francisco José Súñer Iglesias, (699 palabras) Créditos