LA AFIRMACIÓN
LA AFIRMACIÓN Christopher Priest
Título original: The Affirmation
Año de publicación: 1981
Editorial: Minotauro
Colección: Biblioteca Christopher Priest
Traducción: Matilde Horne
Edición: 2003
Páginas: 290
ISBN:
Precio: 8 EUR
Comentarios de: Daniel Salvo

Una novela difícil de reseñar, como muchas de las cosas que he leído de Priest. El tipo de ciencia-ficción que escribe es mas bien introspectiva, muy centrada en los cambios que se producen en la percepción y en la personalidad humana ante lo maravilloso o extraño, aún cuando se trate de fenómenos que podrían tener una explicación racional, vulgar inclusive. El sentido de la maravilla propio de la ciencia-ficción no está ausente pues, en su obra, pero Priest lo presenta de una manera muy británica acaso, con un estilo mas bien parco, de resonancias ballardianas.

Con todo, LA AFIRMACIÓN inicia de una manera que pone sobreaviso al lector de que no se trata de un texto de narrativa realista, por decir lo menos. En efecto, las primeras líneas son todo un ejemplo de cómo enganchar al lector en lo fantástico casi sin proponérselo.

De ciertas cosas al menos estoy seguro.

Me llamo Peter Sinclair, soy inglés y tengo, o tenía, veintinueve años. Ya aquí hay una incertidumbre, y mi seguridad vacila. La edad es una variable: ya no tengo veintinueve años.

¿Quién inicia una narración de su propia vida informando que tenía veintinueve años, o que los sigue teniendo? Lo que continúa es la narración en primera persona de alguien que ha pasado por período de mala racha total, que ha padecido una serie de catástrofes personales terribles pero nada fantásticas (muere su padre, es abandonado por su esposa, pierde el empleo). Su entorno de amigos y parientes le ofrece ayuda, la cual se concreta en la posibilidad de pasar una temporada en una casa de campo, cómodamente pertrechada para permitirle cierta holgura y paz. En este ambiente, no tan bucólico como pudiera pensarse, Peter Sinclair se embarcará en un nuevo proyecto: escribir su biografía, en un intento expreso de recuperarse a sí mismo.

Su estrategia como escritor en ciernes será idear una suerte de mundo alternativo en el cual él y otros personajes desempeñarán, de manera simbólica, los roles que en la realidad han llevado a cabo. Pero en algún momento, Peter dejará de ser un inglés afincado en una casa de campo para convertirse en el ganador de una lotería única en su género, pues el premio principal es nada menos que un tratamiento que asegura la inmortalidad, la cual podrá disfrutar por siempre (sic) en cualquiera de las innumerables (o infinitas) islas del Archipiélago de Sueños.

Si. De lo fantástico (el posible e inexplicable salto de una realidad a otra, que bién podría explicarse como un delirio del personaje) pasamos a la ciencia-ficción en su aspecto más especulativo, el otorgamiento de una de las cosas que más ha soñado la humanidad durante milenios, la posibilidad de ser inmortal. Claro que a la manera de Priest. Es decir, ser inmortal en un mundo que apenas ofrece otros retos a los inmortales que dedicarse a escribir, fundaciones de caridad o resolver crucigramas. Además de la certeza de ver morir, uno tras otro, a quienes dan sentido a la existencia.

Podría parecer que Priest se explaya demasiado en describir el entorno emocional de los protagonistas, siempre desde el punto de vista de Peter Sinclair. Pero esto es coherente con la historia, pues proporciona al lector una explicación de cómo es que se pudo producir ese cambio de una realidad a otra, jugando con la ambigüedad propia de lo fantástico: ¿ha tenido lugar realmente? Y de ser así, ¿cuál es la verdadera realidad? ¿La realidad final es producto de las vivencias que ha tenido Sinclair en el pasado, o éste se pasado se ha creado como un subproducto del impacto emocional que se avizora hacia el final de la novela?

Habrá quienes cuestionen el hecho de considerar LA AFIRMACIÓN como una novela de ciencia-ficción. Pero si queda claro de que se trata de un gran libro.

© Daniel Salvo, (639 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ciencia-ficción Perú el 12 de abril de 2013