ROBOCOP 2
ROBOCOP 2 EE. UU., 1990
Título original: RoboCop 2
Dirección: Irvin Kershner
Guión: 1990
Producción: Frank Miller, Walon Green
Música: Leonard Rosenman
Fotografía: Mark Irwin
Duración: 117 min.
IMDb:
Reparto: Peter Weller (Robocop); Nancy Allen (Anne Lewis); Tom Noonan (Cain); Belinda Bauer (Doctor Juliette Faxx); Felton Perry (Donald Johnson); Gabriel Damon (Hob); Mario Machado (Casey Wong); Leeza Gibbons (Jess Perkins); Roger Aaron Brown (Whittaker)
Comentarios de: Antonio Santos

Como ocurriera cuando dirigió EL IMPERIO CONTRAATACA, el británico Irvin Kershner filma una excelente y vibrante secuela que, en absoluto, tiene nada que envidiar al metraje original, el ROBOCOP del holandés Paul Verhoeven, aunque no son miméticos en tantas cosas como algunos han pretendido ver. En cierto momento, la película de Kershner adquiere aliento propio. Se desarrolla independientemente.

Si en la primera entrega Verhoeven intentó profundizar en el dilema del alma de RoboCop, si la máquina, merced a su hibridación, atrapó el alma de Alex Murphy (Peter Weller) y ésta dota a su computación de la esencia que nos hace sentir simpatía por el maltratado policía, sacrificado por mor de dar vida a cierto proyecto, o si es el tejido vivo el que retiene el ánima, pese a todo, y acaba inundando la recia coraza, Kershner, considerando todo eso ya resuelto, se permite explayarse en los aspectos más aventureros del personaje, fortaleciendo y respetando la vitriólica ironía y paradoja que impregnaban al RoboCop original, y dándole otra dimensión.

Para el espectáculo se contó con el guión de un Frank Miller pletórico; ROBOCOP 2 procede de cuando, a modo, Miller y Alan Moore se disputaban la titularidad del rey innovador del tebeo, el que más argumentos adultos podía concebir. (No creo que ninguno de ellos pensase estar compitiendo en algo semejante, sino que se limitaron a crear imprimiendo a su labor su sigul característico.) Por adulto no debemos entender pornográfico, sino ideas de cierta radicalidad o complejidad inusuales en el medio. También contrataron a Walon Green, quien ya tenía experiencia en tiroteos intensos, como demostró coescribiendo GRUPO SALVAJE, de Sam Peckinpah.

ROBOCOP 2 sigue aumentando un futuro Cyberpunk en que el desmoronamiento de los órdenes sociales y laborales clásicos está acelerado. (Pasan cosas que son actuales. Renace la pregunta de si el futuro se inventa, o deviene.) Por virtud del protagonista, el movimiento de la cámara suele centrarse en los elementos criminales de los bajos fondos, aunque estos delincuentes son un reflejo, descarnado, de los que pululan en los más altos y elitistas, influyentes, despachos de OCP.

Porque Caín (Tom Noonan), el toxicómano gurú iluminado, no es sino el degradado espejo de El Viejo (Daniel O´Herlihy), ambos con un sueño grandioso por cuya materialización no pararán en barras. Tal vez Caín sea el menos preparado para culminarlo (pretende legalizar la superadictiva droga nuke; que ésta enganche a todo el mundo, sumergiéndolo en un flipe sin fin-sin fin) porque, aunque decidido y cruel, su adicción lo hace borroso y débil, voluble a las decisiones que debe tomar. El Viejo quiere que su Ciudad Delta resplandezca sobre el sucio y degenerado Detroit, el escenario de las películas, y por tal meta comete cuantas tropelías hagan falta. Y en caso de peligro, interpone peleles (la doctora Megan Faxx-Belinda Bauer —) o su cuerpo de abogados se los proporciona, eludiendo así su responsabilidad penal.

El Viejo se hace más escarpado en la secuela; en ROBOCOP, parecía un firme, duro pero justo, ejecutivo in albis de las trapacerías criminales de Dick Jones (Ronny Cox), que podía maniobrar a placer mientras consiguiera hacer prosperar Ciudad Delta.

Empero, en ROBOCOP 2 lo vemos socavar la confianza y el crédito de Detroit para así ejecutar la abusiva hipoteca que tiene OCP sobre el municipio. El Viejo es totalmente insensible a las víctimas que su ambición está causando. Entre Caín y él se las reparten. Con una salvedad: Caín cae primero ante la obstinada cacería que Murphy ejerce sobre él. El traficante está más expuesto; El Viejo se pertrecha tras un grueso muro de leyes, reputación, abogados y procedimientos que, como observa con desesperanza Anne Lewis (Nancy Allen), lo hacen intocable. Pero Murphy tiene más fe (al fin y al cabo, ¿no es católico?) y presiente que el ocaso de El Viejo no tardará en acaecer.

A destacar que, en medio de esta barahúnda de caos y violencia, Johnson­: (Felton Perry) se las apaña para seguir ileso. Sobrevivió a la purga que Dick Jones efectuó cuando mandó matar a Bob Morton (Miguel Ferrer), responsable del Proyecto RoboCop, y ahora consigue capear el temporal cuando las actividades de la Dra. Faxx manipulan las decisiones de El Viejo (merced a favores sexuales).

Cuando Caín desguaza a Murphy, dejándolo reducido a ese torso agonizante cuyo sufrimiento calienta la sangre viendo la negativa de OCP a reensamblarlo, y Faxx se propone reintegrarlo al servicio pero alterando sus básicas pero eficaces directrices, insertándole un atajado de idioteces progresistas, Johnson adquiere la faceta de humanidad que puede dignificar a la Corporación. Oyendo la sarta de disparates con los que Faxx anulará la individualidad de Murphy, víctima del chaparrón de sandeces fruto de las mentes liberales de las asociaciones de padres y los ciudadanos horrorizados con el tabaquismo (y otras gilipolleces sacralizadas hoy día), Johnson se rebela. Porque empatiza con Murphy; lo han puteado demasiado y esto es el colmo. Ese sacrilegio no lo tolerará sin, al menos, rechistar sarcásticamente.

ROBOCOP 2 se cierra con un titánico duelo de máquinas de enorme potencia y resistencia, y donde Lewis obtiene una importante cuota de protagonismo; corría el riesgo de ser el bibelot femenino/bonito que se añade para que la cinta no quedase en un baño de testosterona para machotes con armas restallando; pero Lewis se reivindica como una voz de la cordura cuando, reintegrado a sus funciones, Murphy manifiesta la presión de todas las sandeces que inundan su disco duro, torturando la competente mente del policía ensamblado con la poderosa armadura.

Para dar relieve y profundidad a la película, introducen a Hob (Gabriel Damon), el delincuente infantil, cuya malevolencia y ambición corren parejas a las de Caín. Esto es un gesto audaz dentro de un cine que evita mostrar a los niños sicarios, efectuando una protección a la infancia tan excesiva como ambiguamente inútil.

Con Hob, personaje con aire de parábola, los responsables del filme querían avisar que no hay criminal pequeño que valga, y que, educado en un entorno tan tóxico, podría desarrollar al peor adulto imaginable. Y pudiera ser que RoboCop no estuviera allí para detenerlo. La Sociedad debería, pues, articular mecanismos realistas y eficaces para que no se engendren sujetos así. ¿Habrán tomado nota?

Vuestro Scriptor.

© Antonio Santos,
(1.035 palabras) Créditos Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 3 de abril de 2012