DESCOMPOSICIÓN ORBITAL
DESCOMPOSICIÓN ORBITAL Allen Steele
Título original: Orbital Decay
Año de publicación: 1989
Editorial: Ultramar Editores, S.A.,
Colección: Ciencia-ficción nº 118
Traducción: Elías Sarhan
Edición: 1991
ISBN:
Precio: Descatalogado

Nunca me han entusiasmado las historias de futuro cercano sobre los pioneros del espacio. Siempre llegan tarde y ya suenan a cuentos viejos antes de haber empezado el primer párrafo. DESCOMPSICIÓN ESPACIAL había sido una de esas novelas a las que me había resistido a causa de su temática, y ya a estas alturas tengo que reconocer que en este caso concreto mis temores al respecto no estaban demasiado justificados, si bien José Carlos Canalda, en un extenso artículo, describe detalladamente los problemas de este tipo de narraciones que da en llamar astronáutica ficción.

La cuestión es el como se cuentan las cosas. En algunos casos las historias de astronautas se centran más en sus andanzas terrestres que en el verdadero asalto al espacio. Problemas familiares, con las amistades, en el trabajo... acaban convirtiendolas en historias costumbristas en la que el orbitar alrededor de la Tierra o la Luna se convierte en una anécdota más o menos alborotada. Afortunadamente, Allen Steele consigue hacer lo contrario, la vida en la estación Skycan constituye el verdadero eje de la narración y la problemática particular de cada personaje no dejan de ser pinceladas que le dan profundidad y ayudan a comprender sus motivaciones particulares para subir a un montón de hierros a medio montar.

La primera parte de la novela se extiende en aspectos técnicos de la estación: que es, porqué se construye y quien la construye. Presenta a los técnicos que trabajosamente le van dando forma e introduce someramente los politiqueos que rodean su razón de ser. Desde luego, hay que tener la cabeza muy bien estructurada para lograr describir todas estas cuestiones sin caer en el didactismo o en la pura enumeración ingenieril, Steele lo consigue a medias, y los diálogos informativos o, directamente, los interludios enumerativos abundan aunque afortunadamente sin llegar a hacerse pesados.

Así, conocemos a los que serán los protagonistas principales de la segunda parte Sam Sloane, el informático de la estación y quien, al cabo, es quien narra entre primera y tercera persona los acontecimientos. Virgin Bruce, un exmotero conflictivo que ha huido de la Tierra perseguido tanto por la justicia como por su antigua banda. Popeye Hooker, un personaje sombrío y retraído, atormentado por infinidad de demonios personales, Jack Hamilton, ingeniero en hidropónica que será quien ponga todo patas arriba. Además tenemos una serie de secundarios con no tanto protagonismo pero si de vital importancia para los sucesos que se desarrollan: el capitán Wallace, el desquiciado director de la estación, Edwin Felapolous el médico, y ocasional psicólogo, confesor y mediador a partes iguales, Joni Lowenstein, la especialista en comunicaciones, y otros como el ingeniero Clayton Dobbs o la piloto Lisa Barnhart, que si bien no llegan a pisar la estación tienen una participación decisiva.

DESCOMPOSICIÓN ORBITAL tiene mucho de historia de frontera, el propio Wallace, en su delirio, clasifica los trabajos que se desarrollan como el asalto del hombre a la inmensidad del espacio. Incluso la financiación y la ejecución de los trabajos tienen más de iniciativa de pioneros que de planificación nacional. Al fin y al cabo la Skycorp es una empresa privada que invierte su capital en el proyecto, con el sólido apoyo de la NASA y el gobierno de los Estados Unidos, pero siempre con perspectivas mercantilistas. No obstante, el apoyo del gobierno tiene su contrapartida, y la estación dispone de un módulo espía disfrazado de estación metereológica, no obstante, la tapadera es tan burda que la tripulación y trabajadores de la Skycan se la toman a broma.

La segunda parte de la novela, profundiza más allá de la dureza y cinismo de los obreros. Como buena historia de frontera, todos ellos, incluso los que directamente se pueden calificar como delincuentes, poseen unas sólidas convicciones morales, El hecho de estar huidos y trabajar solo por la pasta no impide que en lo más íntimo tengan muy claro que el derecho a la libertad es fundamental, y eso les moverá más allá de un salario abultado y los obvios peligros de andar haciendo el Tarzan por el espacio.

Una última parte trepidante, en contraposición al inicio un tanto pausado, es un adecuado colofón a las piezas que Steele ha ido montando laboriosamene en las páginas que la preceden. Quizá, si se es científicamente riguroso tal y como pretente Steele, hay ciertas cosas que solo pueden suceder de una manera, y así hay que contarlas, de modo que esa última parte recuerda vagamente a la recta final de GRAVITY, o por mejor decir, que da la impresión que la última parte de GRAVITY está poderosamente influida por DESCOMPOSICIÓN ORBITAL.

Los únicos peros que se le pueden poner a la novela es que Steele abusa en ocasiones del flashback a la hora de dar cuerpo a las motivaciones de los personajes. Son interrupciones que sin llegar a hacerse pesadas, podrían haberse resuelto de otra forma para no truncar la narración en momentos no siempre oportunos.

Con todo, una novela ciertamente disfrutable si dejamos de lado el inevitable envejecimiento prematuro al que el futuro cercano somete a sus cultivadores.

© Francisco José Súñer Iglesias, (842 palabras) Créditos