ESPADAS DE MARTE
ESPADAS DE MARTE Edgar Rice Burroughs
Título original: Swords of Mars
Año de publicación: 1936
Editorial: Río Henares Producciones Graficas S.L.
Colección: Omean nº 9
Traducción: Román Goicoechea Luna
Edición: 2003
Páginas: 223
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Antonio Santos

Aun relato pleno de aventuras, acción y maravillas, habitual despliegue de fantasía obra de Edgar Rice Burroughs, esta novela del ciclo John Carter WARLORD OF BARSOOM me parece la que más destaca lo chapucero que su autor podía llegar a ser. Sugiere que Burroughs no respetaba su ficción; sabía que la vendería y no tenía por qué currársela. ¿Gran escritor? No creo. Eficaz, sin duda. ¿Capaz de ilusionarte para continuar leyéndole y coleccionando su trabajo? Desde luego. Pero, buen escritor, no.

Y no porque fuera un analfabeto falto de vocabulario, o de adjetivos deslumbrantes, o fracasara con la retórica excesiva. Burroughs encomendaba su obra a un vasto delta de lectores que lo último que buscaba era alta literatura, que los aburrieran con extensas e ineficaces descripciones de lo vacuo, o trapisondas emocionales sin propósito. El análisis psicológico de sus personajes lo pulía en pocos renglones, dejando que sus actos terminaran de perfilarlos. (Un tanto al Modo Burroughs, esto es).

Burroughs, como esa generación de escritores, tendía a lo pragmático. Aunque muchos los consideren basura, esos autores de pulp respetaban a sus lectores como bastantes juntaletras no hacen. Sobrados de talento, radicales enemigos de la prosopopeya inútil, comprendían las necesidades de sus seguidores y ajustaban su ficción para colmar su esparcimiento. Entonces, la literatura era una diversión de calidad, y no este castigo actual, en que la obra, cuanto más profusa en ampulosidades metafóricas, mejor. Que no cuente nada, o dilate un argumento ya ralo por sí, es pecata minuta. Vivimos la Era de los Hedonistas, no de los Buenos Relatadores (cosa que afirma mi experiencia).

¿Por qué no buen escritor Burroughs, si atendía a casi todos esos parámetros? Pues porque, repito, no tenía respeto por su obra. Barsoom es un fecundo territorio poblado por un rico plantel de exóticos personajes y culturas que el autor desdeñó. No empleaba esos resortes para engrandecer la colección, efectuando referencias cruzadas que nos deslumbraran con lo profunda/profusa que era su mitología.

ESPADAS DE MARTE desprende la impresión de que Burroughs despertó un día con ganas de insinuaciones sáficas y el mejor lugar para hacerlas era Barsoom, mostrando, de paso, otra vez, qué fanfarrón de dos mundos es John Carter. La trama desarrolla un interesante anticipo de los cyborgs (a modo). También, el que Burroughs lograba hacer que lo más inverosímil pareciese funcionar (léase, el masena UMKA), aunque costase bastante tolerarle la licencia.

Cuan precedente de Mack Bolan, John Carter llega a Zodanga, ciudad que ayudara a arrasar en LA PRINCESA DE MARTE, confiando ejecutar al peligroso gremio de sicarios domiciliado allí, acaudillada por el violento Ur Jan. Para destacar que cada asesino fue víctima de la Liga de Justicieros John Carter (pues tal organiza, diseminándola por Barsoom), a éstos les plantan una cruz en el pecho tras matarlos. (Sigul imposible de imitar, por cierto).

Burroughs debió leer o EL ZORRO o The Panthom (El Hombre Enmascarado) y le plugo la idea de que también John Carter tuviera su sigul. (Lo sé, lo sé; hay otros antecedentes, pero muchos lectores reconocerán estos dos mejor.) Al fin y al cabo, el SEÑOR DE LA GUERRA de Barsoom era veterano y se lo merecía.

Ya en Zodanga, infiltrado como el torvo mercenario desempleado Vandor, esperaba ser rápidamente admitido en la cofradía de asesinos, mas obtiene un símil aceptable. Tratando con un icónico cobarde, Rapas, apodado el Ulsio (el rata), traba contacto con Fal Silvas, arrogante inventor, rival de Gar Nal, que a la sazón es igual de débil, canalla y retorcido que Fal Silvas.

La rivalidad entre ambos obliga a éste a contratar espadas potentes que lo mantengan vivo mientras culmina, sobre todo, un cerebro mecánico capaz de pilotar su nave espacial, con la cual piensa, modestamente, conquistar el Universo. (En La princesa de Marte, Burroughs menciona que los de Barsoom conocían la Tierra por verla con poderosos telescopios. Para Fal Silvas, la Tierra es... terra incognita. ¡El chapuzas Burroughs ataca de nuevo!).

Este émulo de nuestros pilotos automáticos, y escalón básico de la IA, Fal Silvas lo fue perfeccionando de forma escalofriante: mediante trepanaciones en barsoomianos vivos. Destapaba sus cráneos y exploraba, hasta el más mínimo-nimio detalle, los sesos de sus víctimas y sus reacciones ante diversos estímulos, cosa que al punto incorporaba a su valioso artilugio. (Esto, lo mecánico triunfando sobre las espadas, me parece más propio de Doc Savage).

[No deja de tener interés este método de investigación porque ESPADAS DE MARTE es de 1936; los nazis empezaban a efectuar experimentos que coronaría la siniestra labor de Joseph Mengele. Tal vez fuese un drenaje involuntario de información que el autor incorporó subconscientemente al relato, o quizás denunciara, con esta parábola, lo inhumano de ciertos procesos de investigación].

En casa de Fal Silvas, John Carter conoce a la joven (y siempre espléndida hembra) Zanda, cuya desgracia, ser esclava y cobaya del inventor, se debe a aquella expedición militar del virginiano. Por eso, ella ha jurado matarlo. Pero el riguroso código de honor de John Carter lo obliga a salvarla de las tropelías de Fal Silvas y sus sayones, generosidad en dosis masivas que muta la opinión de Zanda. (De esperar).

Al mediar la novela, empiezan los disparates, y conforme llega el final, todo sucede con vértigo. Como si John Carter no tuviera problemas en Zodanga, Ur Jan secuestra a Dejah Thoris (¡aclamad al icono fetish!), forzándolo a efectuar un viaje a Thuria, una de las lunas marcianas. Pero ésta es pequeña, así que Burroughs, sin desdoro, fantasea con que según te acercas al satélite, ¡encoges! y de regreso a Barsoom, ¡creces! En Thuria, John Carter embruja a otra hembra epatante, Qzara, compañera de fatigas y tentadora que no resiente la fidelidad del virginiano por Dejah Thoris.

El desenlace llega ¡YA! Suena a: ¡Eh, soy el bueno! Aparezco, ¡y todos los malos caen muertos! cosa que casi sucede así. De nuevo, la alta calidad moral de John Carter (exponente del colonialista blanco que civiliza salvajes tribus nativas) hace de un feroz enemigo, Ur Jan, un valioso aliado, con cuya ayuda rescata a Dejah Thoris de Gar Nal, y, tras un vindicativo final, pueden ser felices para comer perdices.

Es de lamentar que los gratos ratos de evasión que el libro proporciona terminen de modo tan precipitado.

Vuestro Scriptor.

© Antonio Santos, (1.044 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 22 de marzo de 2012