LOS TEXTOS DE CONTRACUBIERTA
por Mario Moreno Cortina

Según el Instituto Nacional de Estadística, en el año 2013 se publicaron en España 56.435 títulos. Eso son nada más y nada menos que casi 155 títulos al día, casi 4.703 al mes. Y eso que según la misma fuente, fue un año malo, en el que salieron al mercado un 19% menos de títulos que el año anterior.

Obviamente, nadie es público objetivo de absolutamente todas las publicaciones, por muy diversos que sean sus intereses y por muy vasta que sea su cultura, así que nadie se ve obligado en realidad a elegir todos los meses entre esas más de 4.700 opciones. En el supuesto caso de que tuviera tiempo material de leerlos, por supuesto.

De cualquier forma, incluso los que pertenecemos a eso que llaman fandom, nos encontramos con un problema serio cuando acudimos a una librería especializada, donde por fuerza nos encontraremos con un catálogo mucho menos amplio de entre el que sacar nuestras lecturas. El problema es que no podemos comprar todo lo que sale. Y aunque pudiéramos comprarlo, seguramente no podríamos llegar a leerlo. De modo que toca elegir.

Hay diversos criterios y yo tengo los míos, que son tan válidos como cualquier otro. Las franquicias tipo Warhammer 40.000 están descartadas de entrada. Las novelas de zombis, también. Las ucronías deben pasar un filtro muy severo y es posible que alguna llegue a comprarla, pero estoy predispuesto a no dedicarles ni siquiera una mirada. Pero eso sigue dejando muchas novelas entre las que decidirse, porque no todos los meses saca novela nueva uno de tus autores favoritos. Así que toca leerse el texto de contracubierta.

No, los Warhammer ni así
No, los Warhammer ni así

Para empezar, lo más habitual es que haya sido ocultado convenientemente con la pegatina del precio, incluso en los casos en los que el diseño tiene los aires suficientes como haberlo evitado. Censurable vicio éste que comparten desde el pequeño librero hasta las grandes superficies. Si lee esto algún profesional del ramo, me gustaría que nos ilustrara al respecto. Porque lo cierto es que es muy molesto. Yo he dejado muchísimas novelas, a las que no he concedido siquiera una oportunidad, sólo porque no podía leer de qué iban. Y la ilustración de cubierta no es un criterio demasiado fiable, creo que en eso podemos estar de acuerdo.

Pero supongamos que el texto de contra es visible, o estamos consultando la ficha online de la novela. ¿Qué problema tenemos entonces?

Bueno, tenemos varios. Para empezar, mi texto de contra ideal es como un biquini: te excita porque te muestra lo suficiente y te oculta lo que más te interesa. Así es como debería ser. Pero no siempre es así. Qué coño. Casi nunca es así.

Para empezar, tenemos el texto de contra tipo burka. No enseña nada. Todo es un misterio y debe quedar a tu imaginación. Se trata de textos de contra absolutamente esotéricos, extraños y de cierto tono ditirámbico. No te aportan información alguna sobre la novela ni el autor. Si no vas predispuesto a la compra, lo más normal es que vuelvas a dejar el volumen en su sitio con un interrogante flotando sobre tu cabeza.

Hay un ejemplo que siempre pongo para ilustrar este caso.

A primeros de los años 80, como casi todo el mundo, leí CABALLO DE TROYA, de J. J. Benítez, que para los más jóvenes podríamos describir como el CÓDIGO DA VINCI español de la época. La novela me encantó, porque era joven y tonto. Básicamente trata de una expedición que parte al pasado para filmar la Pasión y muerte de Cristo. J. J. Benítez escribió otras ocho continuaciones, que no leí porque pronto abandoné mi fe magufa y le cogí al autor esa fobia irracional típica de los nuevos conversos. Sin embargo, siempre me pregunté de qué tratarían las otras ocho novelas... si lo más interesante (la Pasión y muerte) ya lo había contado al principio... ¿de dónde sacaba material para los otros tochos?

Así que un día, en el Carrefour de Aluche, me encontré con el último, titulado CANÁ. CABALLO DE TROYA 9. Le dí la vuelta y me encontré con este texto de contra.

Al leer CANÁ. Caballo de Troya 9, el lector llega a una conclusión: todo lo contado sobre Jesús de Nazaret conviene ponerlo en duda.

La verdad, probablemente, fue más intensa e inquietante. Si usted acierta a leer la primera línea de CANÁ no será por casualidad.

Y atención: sus principios se tambalearán.

Así, sin anestesia. Por cierto, intenten imaginarse a Marcos Mundstock, de Les Luthiers, leyendo este texto. Es un ejercicio gratificante. Risas y risas para toda la familia.

Ballard se merece un poco de esmero, al menos en la composición
Ballard se merece un poco de esmero, al menos en la composición

Como maquetador profesional, les voy a contar un secreto: ese texto es el típico que se saca de la manga el editor a última hora porque ha contratado el libro sin leérselo. J. J. Benítez es apuesta segura, así que para qué tomarse la molestia. Lo malo es que a los lectores nos deja igual que estábamos.

Luego está el texto de contra que yo llamaría Desnudo integral. Pa´ qué tapar el chusco si el personal me lo quiere ver. Ahí va el pelusón y que lo disfruten los cristianos. Ale, alegría.

Este es el texto de contra que te lo cuenta todo o casi todo de la novela. Hay muchos ejemplos, pero el último que ha llegado a mis manos es EL ÚLTIMO JURADO, de John Grisham. Atentos al texto de contra en su edición de Debolsillo, que es la que yo tengo.

Clanton, Mississippi, 1970. El joven Willie Traynor llega a la ciudad montado en un Triumph Spitfire y armado de ambición. Al poco tiempo se convierte en el propietario del único periódico local, conocido por sus cuidadas necrológicas. Mientras el país vive sumergido en la confusión causada por la guerra del Vietnam, la lucha racial y el abandono de unos valores caducos, Willie vive aislado. Su vida da un giro cuando una joven madre es asesinada, y él es el único que se atreve a documentar los hecho... Pero jamás podrá olvidar la cara del asesino, que juró vengarse tras ser sentenciado a cadena perpetua.

El autor del crimen fue Danny Padgitt, miembro de una poderosa familia conocida por sus negocios turbios. Ahora, nueve años más tarde, es liberado gracias a la influencia de su familia y a un sistema legal corrompido. Es peligroso y soberbio. Y no ha olvidado. El día más temido por aquellos que formaron parte del jurado ha llegado: ¿cumplirá Danny su palabra?

En principio, bien. Me iba a la playa y lo que necesitaba era exactamente una buena ración de ¡protesto, señoría! y ¿¡Mató usted a la acusada!?. Para la saca.

Bien, si han leído la novela ya saben de qué hablo. La novela tiene algo menos de 460 páginas. El juicio de Danny Padgitt sucede aproximadamente hacia la página 200, casi la mitad. Yo voy por la 285 y quedan años para que el paleto en cuestión abandone la prisión del condado de Clayton, Missisipi. Vamos, que el autor del texto básicamente me ha reventado la novela. Espera que te pille, chaval, que vamos a tener una temática tú y yo.

¿Qué es lo que ha ocurrido aquí? Bueno, ya conocen a John Grisham. Tiene estupendas novelas, pero también mucha bazofia. Y... les voy a dar una pista, ésta no es de las estupendas. Básicamente, el bueno de Jack se lo pasa pipa narrando el día a día de una pequeña ciudad del sur. Es una historia costumbrista que transcurre en una pequeña ciudad del Profundo Sur americano, con el trasfondo de un juicio por violación y asesinato para darle algo de vidilla. Pero si el editor cuenta eso en el texto de contra, ni el tato compra la novela. Y harían bien, porque es mala con avaricia.

En realidad, ahora que lo pienso, éste sería más bien un caso de e-Darling: en la foto era un pibón y en persona hay que mirarla de reojo. Me han contado, ¿eh? Que yo no...

En el mundillo de la ciencia-ficción, el caso más clamoroso que recuerdo es el de LA CAÍDA DEL DRAGÓN, de Peter Hamilton, cuyo texto de contra decía.

De niño, Lawrence Newton solo quería pilotar naves espaciales y explorar la galaxia. Pero vive en la época equivocada: la edad de los vuelos estelares del hombre está tocando a su fin, por lo que se rebela y huye en pos de su sueño. Veinte años después es el sargento de un problemático pelotón que está invadiendo otro planeta, eufemismo para un acto de piratería de una de las grandes corporaciones.

Mientras está luchando en tierra, Lawrence escucha la historia del Templo del Dragón Caído, el lugar sagrado de una secta que adora a una criatura mítica que cayó de los cielos hace milenios. Se dice que allí hay un tesoro de proporciones épicas, para garantizar la felicidad eterna de un hombre. Esta información le lleva a planear una misión privada.

Con esta magnífica novela se presenta en España Peter F. Hamilton, una estrella refulgente en el firmamento de grandes estrellas literarias del Reino Unido.

Suficiente para que un triste friki como yo se relama y frote las manos. Compré la novela y comencé a devorarla. Me cansaba un poco el estilo minucioso de Hamilton, pero el entorno era excitante y estaba bien descrito. Y quería saber qué era aquello del Templo del Dragón Caído.

Me quedé con las ganas. De 576 páginas que tiene la novela, creo que abandoné hacia la 400, sin que allí sucediera nada que remotamente recordara a un templo, a un dragón ni a nada que pudiera parecer aventura. Lawrence Newton no paraba de dar vueltas por el futuro, había varios personajes sin sustancia ni provecho, y no sucedía maldita la cosa con un mínimo de interés. El autor rehúye aquí la diversión con una especie de anhedonia pertinaz a la que sin duda su psicólogo debería echar un vistazo.

Uno de los tipos más irritantes es el que te hace sentir como un pagafantas: todo el mundo la ha catado, todo el mundo cuenta maravillas, pero tú te quedas a dos velas. Ya saben. ¡Ah! ¿Qué no saben? Sí, hombre... se trata de esos textos de contra que consisten en una lista de citas textuales de prestigiosos críticos y publicaciones especializadas —o no—, una de las cuales puede ser la del inevitable autor de moda. Es el caso de la edición de bolsillo de AMERICAN GOD´S, de Neil Gaiman. Todos la conocen: se trata de una de esas novelas de las que todo el mundo habla, que todo el mundo ha leído menos tú, y la gente que lo ha hecho tampoco te aclara mucho por dónde van los tiros. Les confieso es que no comparto la común opinión de que Gaiman es un genio. El muchacho me aburre un poquillo, qué le vamos a hacer. Pero me habían contado que la cosa va de dioses disfrazados de personas, algo que excitaba mi imaginación, así que un buen día le eché un vistazo en la FNAC.

Para empezar me informaban de que había ganado los premios Hugo, Nebula, Locus y Bram Stoker. Ah, vale. Vamos bien.

La contra como arte. Tampoco está mal.
La contra como arte. Tampoco está mal.

Después, supe que Independent comparaba la novela con la seda y el chocolate derretido. Ok, no soporto la ropa de seda y no soy goloso. Pero sigamos. A continuación venía la opinión de Midweek (sea lo que sea Midweek): resulta que Gaiman es a la literatura lo que Gaudí a la arquitectura... ¿qué querrían decir? ¿sobrevalorado, recargado y cansino? Seguramente.

Luego venían las opiniones de Philip Pullman y Michael Chabon, a los que ya conoce el estimado público. Opiniones que eran dos generalidades que se podrían aplicar a AMERICAN GOD´S o la biografía de Jane Fonda.

Es decir, si querías hacerte una idea sobre la novela, tenías que leértela. Normalmente no pico en ese truco tan viejo, pero en aquella ocasión sentía una incontenible necesidad de leer algo, lo que fuera. Me aburrí y la dejé a mitad. Pero, por favor, no hagan como yo. Seguro que es como la seda y como el chocolate y Gaudí y a ustedes les va a encantar. Si es así, ya me dirán qué le han visto...

Hablaba antes de la opinión del autor de moda: es una costumbre que tienen los editores que es un arma de doble filo, esa de colocar bien visible la opinión tipo marchamo de calidad. En el momento de escribir esto, no hay novela fantástica que se precie si no va con la encarecida recomendación del gordo cabr..., quiero decir, de George R. R. Martin. Como digo, es un arma de doble filo, porque si te entusiasma Martin puedes pensar Vale, si le ha gustado a Martin debe ser buenísima. Si se te atraganta el autor, como es mi caso, puedes rechazar la novela sin haber leído más.

En fin, podría seguir dando ejemplos hasta hacerme odioso —de hecho creo que ya me he hecho odioso— pero creo que han pillado el concepto. La mayoría de editores no parecen tomarse en serio esta parte de su trabajo, quizá porque no son conscientes de la importancia de esos dos o tres párrafos que nos sirven de presentación a un libro. Seguramente se dirán a sí mismos que en la Era de la Comunicación, la gente puede ver una reseña en Internet, probablemente conectándose a través del propio móvil en la librería, y que para qué molestarse. Se equivocan. No tenemos tiempo de leernos una reseña por cada libro que cae en nuestras manos. Tienen que orientarnos un poco. En realidad no somos tan difíciles. Pero cúrrenselo.


Notas

Contracubierta y no contraportada, no me cansaré de decirlo.

Sí, leo a John Grisham, ¿y?

© Mario Moreno Cortina, (6 palabras) Créditos