Sinopsis
Fecha estelar 1672.1. Una avería del transportador desdobla
a Jim Kirk en dos mitades, una buena y otra mala, lo que provoca confusión y situaciones límite en la Enterprise. El capitán deberá enfrentarse a su lado negativo, mientras el equipo de misión, que no puede ser subido a bordo hasta que sea reparado el sistema de teletransporte, trata de sobrevivir en un mundo hostil.
EL PROPIO ENEMIGO es una interesantísima aproximación al siempre complejo concepto de la dualidad humana, que ya fue tratado magistralmente por Robert Louis Stevenson en su celebérrima obra EL EXTRAÑO CASO DEL DOCTOR JEKYLL Y MISTER HYDE, llevada al cine en numerosas ocasiones. La calidad del episodio es notable gracias al magnífico guión de Richard Matheson, novelista especializado en el género fantástico, cuya mejor narración tal vez sea SOY LEYENDA, que originaría tres adaptaciones cinematográficas.

En EL PROPIO ENEMIGO se nos muestra cómo es Kirk por el procedimiento de presentarnos a sus dos mitades separadas. Nadie es totalmente bueno o malo, en nuestra personalidad coexistentes sentimientos positivos y negativos, y esta gran verdad es explicitada a través del desdoblamiento del capitán, ejemplificando magistralmente la lucha interna que, en mayor o menor medida, todos sostenemos. Nuestra parte negativa está ahí y tenemos que convivir con ella, aunque a menudo no seamos conscientes de ello. Pero ¿qué ocurriría si tuviéramos la ocasión de ver realmente al otro yo negativo que todos encerramos dentro? Eso es lo que le ocurre a Kirk, y gracias a él comprenderemos un poco esa parte de nosotros mismos. Porque es cierto que cuando nos dominan los sentimientos viscerales tendemos a convertirnos en personas odiosas; pero también lo es que nuestro lado supuestamente negro irradia la fuerza y la determinación que, convenientemente controladas, contribuyen a hacernos más fuertes, y, en el caso de Kirk, a que pueda afrontar los muchos desafíos de su trabajo con posibilidades de éxito.
William Shatner siempre se ha distinguido por su atracción por los papeles dobles, y en este episodio tiene ocasión de ofrecernos una interpretación magistral, quizá un poco exagerada, pero muy efectiva. En esta ocasión, nuestro idolatrado capitán se ve obligado a enfrentarse a la parte más oscura de sí mismo, aquella cuya existencia ignoraba. Lo más terrible de todo es que los dos son él, y que, a pesar de lo muy desagradable que pueda parecer el Kirk malvado, ambas mitades no pueden vivir separadas ni la una sin la otra; por lo que, una vez descubierto lo que ocurre en realidad, Scottie debe trabajar contra reloj no sólo para rescatar al equipo de misión, sino también para volver a fusionar las dos partes de Kirk, usando como cobaya a un curiosísimo perrito cornudo.
Gracias a este curioso desdoblamiento descubrimos que, como decía antes, es la mitad supuestamente negativa de Kirk la que le da a nuestro capitán buena parte de su carácter. La inteligencia, la disciplina y sobre todo la compasión son características muy admirables de James T. Kirk; pero si no están templadas por las del otro lado, no bastan por sí solas para formar a un buen capitán de la UFP. El Kirk bueno es inteligente, sí, pero muy indeciso, pues le falta la determinación que emana del otro. Ciertamente, nos pone un nudo en el corazón ver a este Kirk que apenas puede tomar una decisión, a pesar de tener a todo un equipo al borde de la muerte, y que se muestra tan temeroso y vacilante que casi da pena. Menos mal que Spock está a su lado y le ayuda a superar la prueba. El vulcano es quien mejor conoce al capitán, y aunque le recuerda que no puede permitirse el lujo de no ser perfecto, está a su lado en todo momento, dispuesto a echarle una mano en lo que sea. En este episodio se afianza la amistad entre Spock y Kirk, pues el vulcano es el tripulante más capacitado para entender lo que le ocurre al capitán. Después de todo, también él, al ser mestizo de vulcano y humana, posee dos mitades antagónicas que sobreviven sólo gracias a su inteligencia. Dado que estamos ante uno de los primeros capítulos de la serie, esto es determinante para explicar la especialísima relación que se establecerá entre el capitán y el primer oficial, una de las bases sobre la que se sustentará el éxito de Star Trek.
El Kirk malvado da casi tanta lástima como el indeciso y un tanto pusilánime bueno. Tiene un carácter muy fuerte, pero al faltarle el contrapeso que representa la parte positiva del capitán, actúa de manera errática, centrado sólo en satisfacer sus egoístas ambiciones sin freno. Para la posteridad ha quedado esa terrible y poderosa secuencia en la que intenta violar a la asistente Janice Rand, imágenes perturbadoras que nunca más se repetirían en la serie. Por cierto, al final del episodio Spock, que no pierde detalle, le hace ciertas observaciones a Rand sobre el Kirk malvado, que dejan no poco perpleja a la bella oficial. Ciertamente, ese Kirk era peligroso e imprevisible, pero poseía cierto magnetismo salvaje por el que Rand, que como es sabido siempre ha estado enamorada del capitán, no podía evitar sentirse muy atraída a su pesar.
La interpretación de Shatner es excelente, especialmente en las escenas con su otro yo, destacando, ya al final, la emotiva secuencia en el puente de mando, que provocó los aplausos del resto del elenco y del equipo de rodaje.

EL PROPIO ENEMIGO ha pasado a los anales Trek por el pinzamiento vulcaniano, visto aquí por primera vez. En el guión se especificaba que Spock dominaba al Kirk malo por el expeditivo procedimiento de arrearle en la cabeza con la culata de un phaser. Nimoy consideraba que el vulcano, seguidor de una filosofía pacifista, encontraría una forma más elegante y menos violenta de controlar a un adversario, así que se sacó de la manga lo de pinzar un nervio. Justificó su postura, además de lo ya explicado, en que los vulcanos poseían cierta energía que se propagaba desde las puntas de los dedos, y que eran capaces de aplicarla con determinada presión sobre el cuello de los humanoides, en una zona por la que pasan ciertos nervios. Como la explicación no satisfizo a Leo Penn, Nimoy y Shatner escenificaron un pinzamiento. El resultado convenció al director, y así nació la más famosa llave de defensa vulcana.
Una incongruencia notable se refiere al equipo de misión. Averiado el transportador, se les podría haber subido a bordo de una lanzadera. ¿Por qué no se hizo así? Pues porque estamos en los inicios de la serie, y todavía no se habían planteado la existencia de los transbordadores. De todas formas, la apurada situación del equipo de tierra contribuye a acentuar el tono dramático del episodio.
También es destacable el fallo de rodaje merced al cual, cuando Kirk y su gemelo se materializan en la sala del transportador, ninguno de ellos luce en su casaca la insignia de la Federación. En cuanto a la imposibilidad real de que un hipotético sistema de teletransporte pueda desdoblar en dos a una persona, es un tema que trataré ampliamente en un futuro ensayo sobre el transportador.
EL PROPIO ENEMIGO es uno de los episodios más populares de la primera temporada. Estábamos en los comienzos de Star Trek y, poco a poco, se iban perfilando los personajes. Gracias a esta magnífica historia conocemos mejor a Jim Kirk, precisamente porque, sin que sirva de precedente afortunadamente, se comporta de un modo muy distinto al esperado de él. Ahí es nada verle, tan enérgico y decidido él, pedir en un hilo de voz: Que alguien tome una decisión por mí
. Un capítulo memorable, sin duda.
EE. UU., 1966