IN TIME
IN TIME EE. UU., 2011
Título original: In Time
Dirección: Andrew Niccol
Guión: Andrew Niccol
Producción: Marc Abraham, Eric Newman, Andrew Niccol
Música: Craig Armstrong
Fotografía: Roger Deakins
Duración: 109 min.
IMDb:
Reparto: Justin Timberlake (Will Salas); Olivia Wilde (Rachel Salas); Shyloh Oostwald (Maya); Johnny Galecki (Borel); Colin McGurk (Citizen); Will Harris (Ulysse); Michael William Freeman (Nardin); Jesse Lee Soffer (Webb); Aaron Perilo (Bell); Nick Lashaway (Ekman)
Comentarios de: Jorge Vilches

Nos encontramos ante una buena idea, que procede del viejo dicho El tiempo es oro, que ha sido desperdiciada por un tipo, Andrew Niccol, en aras de un mensaje chorra, propio de la izquierda pija. Si lo único que se le ocurre a Niccol (¡El autor de GATTACA! ¡Por todos los dioses!) para criticar al capitalismo es una película adolescente sobre las andanzas amorosas y peligrosas (huy, huy) de una pareja pija compuesta por un proletario a lo James Bond y la hija del supermillonario, es para echarse a temblar (después de haber bostezado, claro).

Da igual que la actuación de Justin Timberlake sea denunciable ante el Tribunal de La Haya, que el ritmo sea una copia mala, de top-manta, de MISIÓN IMPOSIBLE, o que los personajes estén más estereotipados que un culebrón venezolano. Da igual. Es que el guión es una porquería. Si esta izquierda de Beverly Hills se limita a esta alegoría para criticar la opresión capitalista, la diferencia entre ricos y pobres, y lo injusto que es todo, es mejor que sigan en sus piscinas privadas, mientras reciben masajes de su terapeuta y contestan a su inversor en bolsa (puedes ver aquí la biografía de Timberlake). Hay quien dice que esta película quería ser el emblema de los indignados (o perroflautas, depende de quién lo diga) que conectaron sus iPad y smatphones en Wall Street para protestar por todo a través de twitter. Escalofriante.

Al grano. La sociedad del futuro ha sustituido el dinero por el tiempo. No hay tarjetas de crédito o monederos, sino un contador verde fosforito que surge en el brazo a los veinticinco años y que refleja el tiempo de vida que queda al propietario: un año. ¿Por qué? No lo explican, las alegorías son así. El crecimiento se detiene a los veinticinco, que es la media exacta de edad del indignado de Wall Street, a quien se reclama como espectador a través del viejo truco de la identificación. El tiempo lo guarda una especia de policía que no sabemos a qué Estado pertenece, llamada: Los guardianes del tiempo.

El protagonista es un trabajador de una fábrica al estilo fordista; es decir, aprieta una palanca durante toda la jornada, y nada más. Bueno, hasta aquí, podría incluso tejerse una trama a lo LA FUGA DE LOGAN (la novela de William F. Nolan y George Clayton Johnson es de 1967), pero no. Cuando crees que vas a ver un thriller, y muere la madre del proletario, te envuelven en una comedia romántica sin gracia, descabellada, inmadura, torpe, llena de tópicos y sosita. De repente, el tipo se convierte en un superhombre, un superproletario que vence en todo tipo de peleas, carreras de coches envidiables para cualquier especialista, con un dominio de la diplomacia al nivel de la más alta sociedad, y muy muy sexy. En fin, una idiotez. A esto se suma que quien se supone que controla todo es una especie de gobierno mundial, a lo club Bilderberg —sí, los indignados creen en la teoría de la conspiración global—.

Sin duda alguna es la peor película que he visto en mucho tiempo. No tiene nada defendible. Un absoluto y completo desastre. Siento el chiste fácil, pero con IN TIME... no pierdas el tiempo.

© Jorge Vilches, (541 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Los ojos del marciano el 8 de octubre de 2013
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