A 20 MILLONES DE MILLAS DE LA TIERRA
A 20 MILLONES DE MILLAS DE LA TIERRA EE. UU., 1957
Título original: 20 Million Miles to Earth (La bestia de otro planeta en Chile y México)
Dirección: Nathan Juran
Guión: Robert Creighton Williams, Christopher Knopf
Producción: Charles H. Schneer
Música: Mischa Bakaleinikoff
Fotografía: Irving Lippman, Carlo Ventimiglia
Duración: 82 min.
IMDb:
Reparto: William Hopper (Coronel Robert Calder); Joan Taylor (Marisa Leonardo); Frank Puglia (Doctor Leonardo); John Zaremba (Doctor Judson Uhl); Thomas Browne Henry (Mayor. Gen. A.D.); Tito Vuolo (Comisario Charra); Jan Arvan (Señor Contino); Arthur Space (Doctor Sharman); Bart Braverman (Pepe)
Comentarios de: Félix Capitán

¿De qué se trata?

Una narración en off con imágenes de otros planetas, galaxias, etcétera, nos pone en ambientación así como solía hacerse en el cine de ciencia-ficción de los 50s: la Humanidad ha emprendido la gran hazaña de viajar al espacio, y va a salir de la órbita terrestre para llegar hasta... ¡¡¡20 MILLONES DE MILLAS DE LA TIERRA!!! ¡¡¡UAAAAAÁ, TENGAN MIEDO!!! Pero por decepcionante que pueda sonar, la historia no se ambienta en ese otro lejano paraje no conquistado por el hombre (ni siquiera con cartón piedra, cabrones), sino en la muy terrenal Sicilia (bueno, al menos no es Estados Unidos, porque vayan ustedes a ver la fijación que tienen los bichos del espacio por invadir a los Yueséi). Una chatarra espacial cae en las costas de Sicilia, en donde un grupo de pescadores en vez de hablar en italiano, hablan en inglés con acento italiano (sobreactuado para colmo). Los pescadores van heroicamente hasta el sitio del accidente y rescatan a un par de astronautas (porque la nave es terrícola), pero el resto ahí queda porque la cosa se hunde y adios mondo cruele. En medio de toda la conmoción, aparece esa figura inevitable del cine en Italia que es el comisario, gritando esto o aquello, y en medio de la trifulca, uno de esos simpáticos bajitos que está en el grupo de pescadores se escabulle con una valiosa cápsula, que con muy buen espíritu así nos la apañamos en el Tercer Mundo, siempre buscando cómo estafar a los demás, va y se lo vende a un científico por 200 liras para comprarse un sombrero de vaquero texano (niño del Tercer Mundo, adicto a la TV, ¿recuerdan? Iba a decir algo sobre el etnocentrismo yanki, pero considerando que muchos adolescentes acá en Chile ven Yingo, pues bien, qué criticar...). El caso es que la cosa en el cilindro es un huevo, y rápidamente nace para convertirse en un reptil bípedo. Por supuesto que cuando los astronautas despiertan de la conmoción y tal, revelan que el contenido de la cápsula no debía ser abierto. Y por supuesto que es demasiado tarde cuando se enteran de que el contenido fue abierto y está en manos del científico, porque el bicho escapa. Ahora comienza la cacería del horripilante monstruo venusino por la campiña italiana, monstruo que, dicho sea de paso, no pidió ni nacer ni que lo trajeran como huevo a la Tierra. O cómo hacer que los terrícolas sean todo lo desconsiderados que se pueda, y el pobre bicho acabe pagando el pato (no sin cargarse a unos cuantos habitantes humanos y no humanos de la Tierra de paso, claro, que gratuito no iba a salir tampoco).

El espíritu de los tiempos

El cine de ciencia-ficción de los 50s. Nadie le estaba prestando demasiada atención (es que ese cine barato y de marcianos... ¡no era cine!), pero se cocinaban algunas cosas ahí. Resulta interesante observar que el ala más reflexiva, socialmente crítica e intelectualmente pesada del cine yanki no estaba forjándose en los grandes blockbusters de esa época, sino en esas denostadas producciones de serie B. Muchas de estas pelis, a través del conflicto humanos vs. extraterrestres, recrean la paranoia anticomunista que existía en Estados Unidos en los 50s. Además como el bicho no es humano, puede matársele sin que se susciten arriesgadas consideraciones de ética humanista de por medio, como si se tratara de un humano comunista. LA BESTIA DE OTRO PLANETA le da un par de vueltas de tuerca a este concepto, y por un par de detalles, brilla con luz propia dentro del más bien estandarizado y no siempre muy creativo cine de serie B de la época.

¿Por qué verla?

:: Partamos por lo obvio. El bicho es una creación de Ray Harryhausen, tipo al que le dabas un poco de plasticina entre las manos, y te devolvía un milagro. Podría haber sido otro monstruo cutre con traje de hulespuma, o un animatronic simplemente no tan logrado, pero el monstruo de la peli (el ymir, aunque esto figure en el guión porque no se lo menciona por ningún nombre en ninguna parte de la peli) es una creación bellísima. No tanto por su originalidad (no pasa de ser un dinosaurio bípedo y con cola, más o menos estilizado, aunque bien confeccionadito), sino porque posee una auténtica personalidad. Ayudado por los efectos de sonido y tal, de acuerdo, pero es que ves al bicho, lo ves moverse, lo ves pararse en una actitud u otra, y sabes de inmediato qué piensa, qué calcula, qué siente... ¡y estamos hablando de un montón de plasticina, vamos! Este bicho, en cuanto personaje, es una de las obras maestras de Ray Harryhausen, e incluso consigue voltear las simpatías del espectador y hasta da rabia cuando los humanos lo persiguen y todo. Bueno, para mí es más fácil, yo soy un gato detrás del teclado, pero tengo el presentimiento de que ustedes sentirán lo mismo.

:: La peli tiene el atrevimiento mayúsculo (eran los 50s, recordemos) de que el bicho es presentado sin tintes negativos ni bajo ningún aura maligna. Repasemos: al pobre bicho lo sacan de su planeta natal Venus en estado de huevo y sin poder defenderse, claro, luego nace en un mundo completamente extraño en donde apenas hay fuentes de alimentación, no se alimenta de carne sino de azufre, y no es agresivo si no es en defensa propia... y los humanos, cuando ven que el bicho desbocado puede causar más de algún estropicio, resuelven lisa y llanamente que lo mejor es matarlo. ¿Y el pobre bicho, qué culpa tenía de todo eso? El monstruo de KING KONG era menos querible porque era un poquito más asesino (por cierto, el guión en varias partes es un calco de KING KONG, y quizás sería hasta demandable judicialmente y todo). Pero esta pobre bestia, apenas se suelta y va en busca de su libertad, no amenaza realmente a nadie (mata a un perro guardián, pero porque el perro ataca primero). Es cierto que crece desmesuradamente de tamaño, pero eso tampoco es su culpa (la atmósfera de la Tierra, según la peli). Son los humanos tontos los que, para experimentar con él, lo electrocutan y lo meten en medio del zoológico de Roma, allí donde es más seguro que, si llega a soltarse por un fallo cualquiera, va a dejar la ciudad hecha una ensalada napolitana (como finalmente ocurre, claro). ¿Y qué hace el bicho cuando por fin logra zafarse del zoológico, luego de matar a un elefante que lo había atacado a él primero? ¿Ir al Vaticano a darle un raspacachos al Papa por tapar la pedofilia de sus subordinados? ¿Darle jaque al sistema de defensa geoestratégico italiano? ¿Ponerse a matar personas a lo loco? Pues no... simplemente se esconde para que no lo jodan más (en el fondo del Río Tíber, y allí van a sacarlo con granadas los humanos joputas). Esta peli es un raro ejemplo, siempre dentro de los cánones de la serie B atompunk de la época, de cine que podríamos llamar humanista, en que los verdaderos autores del desaguisado en realidad no es la bestia, sino los seres humanos que depredan el medio ambiente (en este caso, el medio ambiente de Venus) sin medir las consecuencias de sus actos. Como decía, al final tienes que ser muy corazón de piedra para que no te conmueva la suerte del pobre bicho.

:: El apartado científico de la peli es bastante decente, considerando que los guionistas de la serie B en general solían ser bastante, er... imaginativos a la hora de inventarse explicaciones científicas para lo inexplicable. Tiene algunas pifias garrafales (¿cómo diablos la bestia se la pasa toda la peli chillando si es que carece de pulmones, como afirma un científico por ahí? ¿y cómo crece tanto y por lo tanto aumenta tanto de masa, si no se la ve comer materia de ninguna clase, por mucho que para la bestia el aire engorde?), pero algunas de ellas pueden explicarse en términos de la ignorancia científica de la época (se afirma que los astronautas mueren envenenados por la atmósfera venusina, pero en ese tiempo se ignoraba que ésta era casi puro ácido sulfúrico y está a cerca de 450 unidades de presión atmosférica terrestre, por lo que se la suponía mucho más próxima a la terrestre, y seguramente respirable... era más fácil confiarse con una atmósfera como la de casa, que con un bañito de azufre a los pulmones). Tiene también algunas ideas interesantes: la idea de que el bicho se alimenta de azufre es consistente con la gran cantidad de dicho mineral en Venus, el concepto de que las balas no le hacen daño se explica porque no tiene corazones ni pulmones sino un complejo sistema de microtúbulos transportando nutrientes por la piel tiene una cierta lógica más allá de que para una criatura de ese tamaño podría ser complejo tener un metabolismo así, la idea de estudiar a la bestia para ver cómo se las arregla para no envenenarse con la atmósfera venusina también es buena... Y su comportamiento inofensivo es congruente con el hecho de que en su hábitat natural no es un carnívoro. En ese sentido, la ciencia presentada por esta peli, si bien no es perfecta ni mucho menos, al menos es verosímil y se apoya en nociones científicas más o menos aceptables para el estándar de la época (con alguna dificultad, sí, pero es que vamos, si todo fuera aceptable al ciento por ciento no sería ciencia-ficción sino ciencia pura y dura).

:: ¿El resto? Discreto-discreto. La peli podrá ser progresista en algunos respectos, pero en otros sigue siendo una yanki (los italianos son todos tontos, aprovechadores, temperamentales o a lo bestia, mientras que los yankis son idealistas, inteligentes, etcétera... ya se van haciendo la idea). Las actuaciones son planitas-planitas. Los efectos especiales son buenos en algunas partes (aparte de la bestia misma, claro), pero en otros los fotomontajes son dignos de los capítulos del Chapulín Colorado en que éste vuela por uno u otro motivo (particularmente penosos los escombros que caen durante la batalla en el Coliseo de Roma). Pero en ninguno de estos respectos es peor que la serie B de la época, y en cualquier caso, no llegan a fastidiar demasiado tampoco, así es que uno se los perdona.

Ideal para: Ver una pieza de ciencia-ficción inesperadamente humanista de una década declaradamente xenófoba en el género como lo eran los 50s.

© Félix Capitán, (1.733 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Cine 9009 el 27 de marzo de 2011
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