ANDER
ANDER Abel Bri
Título original: ---
Año de publicación: 2013
Editorial: Ediciones Irreverentes
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 2013
Páginas: 183
ISBN:
Precio: 14 EUR

Lo primero que evoca este libro es EL JUEGO DE ENDER. Tanto los paralelismos entre el título, que se corresponde con el nombre de uno de los protagonistas, y el entorno en el que se desarrolla, una especie de escuela-cuartel, hacen inmediato el establecimiento de comparaciones. Aunque rápidamente se acaban, existe una diferencia abismal entre ambas obras, tanto por cuestiones estilísticas como por el tratamiento que se da al asunto de los niños soldado.

El escenario que plantea Abel Bri es el de un internado brutal donde los niños son entrenados y adiestrados con infinita crueldad y sin ningún miramiento. Tras ese periodo, llegados a la adolescencia, pasan a una segunda fase de instrucción más salvaje aún, de la que saldrán convertidos en implacables soldados destinados a las misiones más feroces. Los que quedan son supervivientes natos, gente con tanta habilidad como suerte, puesto que la arbitrariedad de las pruebas a las que son sometidos no deja mucho margen. Un grupo de estos soldados adolescentes, liderados por Ander, consigue escapar de tan terrible destino y descubrir finalmente qué son, por que se les somete a tal grado de barbarie y, en último extremo, luchar contra ello.

Dicho así suena bien, podría ser el germen de una trepidante novela de aventuras y, porque no, ser el inicio de una larga serie. No obstante Abel Bri desaprovecha el potencial de la idea y las aventuras de Ander, Rana, el narrador en primera persona de la novela, y el resto de su grupo, se convierten en una secuencia de episodios desarrollados y rematados con un exceso de precipitación, además de no conseguir de forma satisfactoria ese estado tan importante en las obras de género que es la suspensión de la credulidad

Por ejemplo, Rana relata sus primeros años en el cuartel-escuela donde es entrenado por el muy sádico sargento Gibberne, encantado haciendo pasar a los críos por mil y una penalidades de pesadilla. Hay contradicciones permanentes: uno de los personajes es descrito como regordete, cuando el trato recibido, la escasa alimentación y el régimen continuado de ejercicio hacen pensar en una pandilla de muchachos miserables, más bien fibrosos y sin un gramo de grasa. Tampoco resulta muy creíble que el mismo equipo de instructores esté plenamente dedicado durante casi diez años a un solo grupo de reclutas que no llegan a ocupar ni la quinta parte del cuartel, ni desde luego que tras esos diez años de brutalidad alguno de los chavales conserve el menor sentimiento humano, tal y como se describe en las páginas posteriores.

Estos detalles, y otros, más cuidados, mejor aclarados, hubieran ayudado a conseguir una base sólida, pero en la forma en la que están expuestos solo consiguen abordar con prevención el resto de la novela, que al menos en ese aspecto no remonta en absoluto.

El estilo de la obra es demasiado precipitado unas veces, poco refinado en otras, sin caer en la vulgaridad, tampoco deslumbra, lo que unido a lo ya comentado hace de ANDER una novela de no muy buen nivel. Es todo demasiado apresurado, demasiado esquemático, da la impresión de que las ideas no se han terminado de perfilar completamente y que, de haberle dedicado más tiempo, hubiera sido una obra más consistente.

Entretenida a su manera, ANDER se puede ubicar en la misma tradición de literatura ligera y sin complicaciones de las novelas de a duro de los años 60 y 70. Comparte las mismas señas de identidad: literariamente sencilla, llena de arquetipos, personajes ajustados a su rol, con malos muy malos y buenos muy buenos, pero planos en su desarrollo, y una secuencia de episodios en los que los buenos son acosados por los malos y salvan el tipo a duras penas una y otra vez.

© Francisco José Súñer Iglesias, (625 palabras) Créditos