¡MALDITOS TERRÍCOLAS!
¡MALDITOS TERRÍCOLAS! José Ángel Olloqui
Título original: ---
Año de publicación: 2013
Editorial: Ilarión
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 2013
ISBN:
Precio: 16 EUR

Bien, uno es de Madrid y hay cosas que le llegan más que otras, y si una de esas cosas es ver un Madrid destrozado por una invasión alienígena pues... ¡Perfecto! Al fin alguien la pone al nivel de Niu Yol, Los Ángeles, Wachintón o Londón. Bastante harto estaba de ver como cada vez que los alienígenas invadían la Tierra iban a parar, indefectiblemente, a un territorio de influencia anglosajona. Con lo grande que es el mundo. Vale que para el caso se supone que la invasión es planetaria, y cada ciudad con una cierta entidad recibe lo suyo, pero ya esta bien de que John Smith lleve todo el peso de la lucha contra los invasores, dejemos que Pepe García (en el caos que nos ocupa, Iván Uturria) tenga algo que decir al respecto.

En realidad, y siendo serios, más que una novela de invasiones alienígenas (aunque de hecho hay una, y gorda) es una novela costumbrista que habla de las miserias cotidianas de un artista (nótese el sutil uso de las comillas) además de toda una serie de personajes-satélite que da un relieve a la historia que el bueno de Will Smith (Uy, se me ha escapado) no ha podido dar a sus incursiones con y de extraterrestres.

El mentado Iván Uturria es una ex estrella del rock. Al final no tuve claro si por agotamiento físico o psíquico, por agotamiento de la propuesta, por las cosas de los vicios, o por pura vagancia, la banda a la que pertenece Iván, Doctor Infierno (nombre poderosamente evocador, pero hay trampa, Doctor Hell es uno de los malos malosos de Mazinger Z) se deshace dejando a todos sus componentes en el paro. Solo conoceremos a dos, al propio Iván, batería de la banda, y al Ingrato, el guitarrista del grupo.

El Ingrato, comido por las drogas, vive un poco al amparo de Iván mientras busca su dosis diaria. Iván vive cabreado con el mundo porque en realidad su vida es una mierda, alejado de la gloria del rock y sin saber hacer la o con un canuto, sobrevive malamente como dependiente de una megatienda de discos, pero tanto es su hastío y falta de adaptación que acaban por echarle del trabajo, y cuando su novia se entera de eso, también acaba saliendo por la puerta con lo puesto.

Su desesperado refugio es la casa de Fede, un antiguo compañero de clase, gay fanático de los videojuegos que vive en Chueca con Sebas, su pareja, maricona mala, mala, mala, fanática del heavy metal. La única ilusión que le queda en la vida a Iván es una Maya, una funcionaria de la oficina de desempleo, de carácter funcionarialmente arquetípico, a la que conoce durante breves minutos cuando regulariza su nueva situación laboral.

Con ese panorama, lo mejor que le ocurre a Iván es que una raza de extraterrestres insectoides invada la Tierra. Su vida sigue siendo una mierda, pero consigue igualarla a la de otros seis mil millones de seres humanos.

A partir de ahí se suceden toda una serie de episodios tan chuscos como delirantes, como los del perro afásico, el del labriego ilustrado, o el encuentro con su abuela, pasando, por supuesto, por toda la gama de devastación que los alienígenas son capaces de provocar, hasta el no por lógico, desconcertante final.

Todo en ¡MALDITOS TERRÍCOLAS! es pura parodia, desde la sangrante situación de las estrellas de rock venidas a menos (bien pensado es lo único que no es paródico de toda la novela) hasta los fantasmas familiares ocultos en el fondo de los armarios o en recoletas celdas monacales. La exageración y el exabrupto es santo y seña de la novela. Iván es un listillo más tonto que dar bocados a las esquinas que está en el mundo porque tiene que haber de todo, Sebas un maricón que aún estando orgulloso de ello, se odia a si mismo y proyecta ese odio contra todo lo que tenga dos piernas, Maya vive frustrada porque no encuentra a un hombre con la mili hecha, aunque bien se encarga ella de ahuyentar a cualquier civil, sea compentente o no, el labriego ilustrado es un dependiente de su padre, con el que mantiene una insana relación simbiótica. Así un personaje tras otro, caracterización de la que no se libran ni los insectóides.

Todo ello aderezado con la citada destrucción alienígena y diversos incidentes de diverso calado entre los supervivientes, que eso de sobrevivir es, ante todo, lo más importante, independientemente de lo que piense en vecino.

José Ángel Olloqui desarrolla una historia trepidante e hilarante a partes iguales, entre risas y bromas deja el alma humana al desnudo y aunque finalmente resuelve la situación de una forma bastante convencional (humanos, malos, malos) lo consigue a base de hilvanar con soltura un buen montón de estampas y personajes.

Eso si, creo que la novela es difícilmente exportable. El lenguaje es demasiado arrabalero, demasiado carabanchelero como para que ya no solo sea bien entendida fuera de Madrid, sino para que sea comprensible al otro lado del charco.

© Francisco José Súñer Iglesias, (843 palabras) Créditos