J. M. STRACZYNSKI Y EL DIFÍCIL ARTE DE NARRAR HISTORIAS
por Alejandro Caveda
J. M. Straczynski
J. M. Straczynski

Aunque el ascenso de recién llegados como Jonathan Hickman o Matt Fraction le haya dejado relegado a un discreto segundo plano, J. M. Straczynski se mantiene como uno de los más sólidos valores de la editorial Marvel Comics gracias, en buena medida, al éxito de su larga etapa al frente de Spider-Man, el personaje estrella de la casa. La aparición en castellano del segundo y último volumen recopilatorio de Los Doce, uno de sus más recientes y personales proyectos, supone una buena excusa para repasar la trayectoria de este gran autor que cuenta en su currículum con títulos de tanto éxito como Babylon 5, Rising Stars, Midnight Nation o Supreme Powers, entre otros no menos destacables.

El espacio, la última frontera

Babylon 5
Babylon 5

Antes de convertirse en el guionista estrella de The Amazing Spider-Man Joseph M. Straczynski no era más que otro aspirante a novelista con buenas ideas pero fortuna desigual, faceta que simultaneó durante algunos años con su trabajo como escritor para diversas series de televisión, hasta que a principios de los noventa tuvo la oportunidad de desarrollar su propio proyecto: una serie de ciencia-ficción diferente de todo lo que se había hecho hasta la fecha. Se trataba —como no— de Babylon 5 y el resto, como se suele decir, ya es historia.

Curiosamente, buena parte del éxito de dicha serie se debió a que Straczynski logró transplantar a la pequeña pantalla de forma eficaz buena parte de los recursos y postulados habituales del mundo del cómic. Aquí es necesario hacer un inciso para explicar brevemente el procedimiento habitual de trabajo de las grandes cadenas norteamericanas. Por lo general el autor suele presentar un guión o proyecto de episodio piloto en el que se presentan a grandes rasgos los personajes principales y el argumento general de la serie. Si el guión pasa el examen previo se rueda el episodio y si, tras el visionado, los expertos de la cadena deciden que tiene posibilidades, se rueda una primera temporada, después una segunda, y así sucesivamente, mientras los índices de audiencia se mantengan. En el momento en que descienden por debajo del mínimo aceptable la serie se cancela, a veces de forma tan precipitada que la trama queda colgando en el aire para desesperación de sus seguidores (tal y como pasó en su momento con la mítica Twin Peaks de David Lynch).

El proyecto de Straczynski, por su parte, consistía en una ambiciosa saga desarrollada a lo largo de cinco temporadas durante las cuales se alternarían episodios más o menos autoconclusivos con una trama general que se iría desgranando de fondo a lo largo de toda la serie. Dicho planteamiento implicaba que la historia fuese acumulativa; que un acontecimiento de la primera temporada, por nimio que pudiera parecer en su momento, podía tener importantes repercusiones más tarde; que los personajes, asimismo, iban cambiando y madurando episodio a episodio, lo que los hacía más reales y les dotaba de una complejidad rara vez presente en el medio. Nada nuevo bajo el sol para cualquier seguidor de los X-Men de Chris Claremont, pero poco habitual para el espectador medio norteamericano.

No es de extrañar que cuando Straczynski consultase su proyecto con su amigo, el también escritor Neil Gaiman, este lo tildara de poco menos que imposible. Sin embargo, contra todo pronóstico, los responsables de la cadena PTEN dieron el visto bueno a la serie, cuyo primer episodio se emitió el 22 de febrero de 1993. Justo es decir que su creador se implicó a fondo en el desarrollo de la misma escribiendo los guiones de la mayoría de los episodios (sobre todo a partir de la tercera temporada) y participando de forma activa en el diseño de escenarios, personajes y situaciones comunes del universo de Babylon 5. Como recompensa a sus esfuerzos, esta se convirtió en una de las series más populares de la televisión de los noventa, en dura competencia con rivales del calibre de Expediente X o las diversas franquicias de Star Trek, tal y como atestiguan las encendidas discusiones al respecto entre Leonard y Sheldon­, los dos particulares protagonistas de The Bing Bang Theory.

El éxito de Babylon 5 favoreció la aparición de varias colecciones de cómic, novelas y antologías de relatos cortos que exploraban más a fondo diversos aspectos y personajes del universo creado por Straczynski. La editorial elegida para adaptar la serie en viñetas fue DC Comics, que ya tenía una merecida reputación gracias a su experiencia previa con Star Trek, otra de las sagas televisivas por excelencia del género. Sin embargo, pese al esfuerzo por ofrecer al público un producto digno, el autor no quedó muy satisfecho con el resultado, ya que la editorial prefirió trabajar con su propia gente y además el formato escogido no le parecía el más adecuado. Todo ello unido al fracaso de Crusade, el spin-off de la serie, hizo que Straczynski abandonara temporalmente la televisión y se desencantase de su trato con las grandes editoriales, aunque posteriormente ha reconocido que la experiencia le sirvió para darse cuenta de lo distinto que era escribir guiones para un cómic en vez de para un episodio televisivo.

Estrella Naciente

Rising Stars
Rising Stars

Para su siguiente proyecto —un cómic de súper héroes, provisionalmente titulado Rising StaraStraczynski optó por una editorial más asequible, como era el sello Top Cow de Image. El estudio de Marc Silvestri le daba, por un lado, la libertad creativa que él necesitaba y además tenía una estrecha relación con el mundillo del cine y la televisión de tal manera que en caso de querer reconvertir Rising Stars en una serie televisiva, o incluso llevarla a la gran pantalla, los contactos de la editorial podrían facilitar el trabajo.

A estas alturas cabe preguntarse por qué un autor que ya ha triunfado en televisión cambia de tercio para dedicarse a escribir comic-books, en vez de dar el siguiente paso natural, que es el salto al cine. Sin embargo, Straczynski siempre ha reconocido que es un gran aficionado al género, y que al niño que aun hay dentro de él, y que creció leyendo al Superman de la Edad de Plata, le atraía la idea de desarrollar sus propios personajes. Así pues, en marzo de 1999 aparecía en las librerías norteamericanas el número 0 de Rising Stars, publicitado como la nueva serie del creador de Babylon 5, al que seguirian pocos meses después el número 1 y así sucesivamente hasta un total de 24 entregas divididas —a la manera clásica— en tres actos con algún episodio de transición más un par de miniseries que amplían algunos aspectos de la trama. También parece claro que el autor tenía bastante claro el desarrollo y desenlace general de la saga desde el primer momento, ya que toda la historia está narrada en flash-back por el único superviviente de los personajes protagonistas.

La serie comienza una noche cualquiera en Pederson, un aparentemente tranquilo pueblecito del medio oste americano, donde se estrella un extraño meteorito sin consecuencias aparentes en un primer momento. Sus habitantes continúan con sus vidas sin pensar más en ello, hasta que descubren que los niños concebidos durante esa noche son diferentes: todos ellos poseen poderes extraordinarios, que no se manifiestan hasta una determinada edad, y que los alejan del resto de la humanidad. El gobierno decide, pues, aislarlos y estudiarlos hasta descubrir si son una amenaza potencial y, en ese caso, descubrir como destruirlos. Como vemos, Straczynski mezcla aquí elementos de la más rancia ciencia-ficción (el meteorito parece sacado de EL COLOR QUE CAYÓ DEL ESPACIO, de H. P. Lovecraft, mientras que los protagonistas recuerdan a los niños mutantes de LOS CUCLILLOS DE MIDWICH, una de las novelas de más éxito del escritor británico John Wyndham) con otros más propios del mundo del comic (la desconfianza ante los Especiales de Pederson recuerda a la paranoia anti-mutante de los tebeos Marvel de los sesenta) para crear una serie que muchos en su momento tildaron —de forma algo despectiva— como de Súperhéroes, una definición no exenta de polémica por los motivos expuestos a continuación.

Los protagonistas de Rising Stars tienen, es cierto, superpoderes en el sentido más clásico del término, aunque ninguno de ellos resulte excesivamente original: pirokinesia, superfuerza, invisivilidad, levitación... vamos, prácticamente nada que no hayan usado ya Stan Lee y Jack Kirby allá por los años 60. Sin embargo, a diferencia de los mutantes de Marvel, los niños de Pederson prefieren no usar sus poderes para convertirse en superhéroes al estilo tradicional, sino que la mayoría prefiere llevar una vida lo más normal y discreta posible, buscando un trabajo que se adapte a sus particulares dones.

Así, salvo contadas excepciones, como Matthew Bright (un trasunto realista de Superman) Cuervo Sombrío (ídem de Batman) o Flagg/Patriot, la mayor parte de los niños afectados huyen del mundo de las capas y mallas hasta que las circunstancias les obligan a echar mano de sus poderes. Por lo tanto, se podría deducir que más que de superhéroes, estamos hablando de superhombres o suprahumanos, poderosos, pero con sus defectos y miserias. Como muestra, ahí está el triste ejemplo del Hombre Invulnerable y su imprevisible final.

El elemento que altera esta situación es una serie de asesinatos de Especiales (que es como los niños afectados se denominan a sí mismos). Durante la investigación los supervivientes descubren que cada vez que uno de ellos muere su energía se reparte entre los demás, reforzando sus poderes. Ahora bien, si ese es el móvil, el asesino ha de ser necesariamente uno de ellos.

Ante la premisa del ejecutor de superhéroes, no falta quien ha comparado Rising Stars con esa obra maestra del cómic de todos los tiempos que es The Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, en especial después de que Straczynski aludiera a Moore como su principal influencia en la génesis de la serie. Comparación a todas luces exagerada, porque más allá de algunas similitudes superficiales, ambos títulos difieren de forma radical, tanto en la forma como en el contenido. Mientras que The Watchmen es una lúcida reflexión sobre el papel del Justiciero en una sociedad desquiciada, en Rising Stars predomina un tono lúdico y más aventurero, con ribetes de novela de misterio y ciertas reminiscencias del cómic de los años dorados del género. Sin embargo, en lo que si coinciden ambos autores es en una preocupación casi obsesiva por los pequeños detalles, además de una esmerada construcción de personajes. De hecho, Straczynski ha reconocido en alguna ocasión que ese es siempre su primer paso a la hora de abordar una historia: empezar por los protagonistas.

En Rising Stars, donde tiene que lidiar con un amplísimo elenco, el autor se esfuerza en desarrollar a cada personaje y darle una personalidad propia, creible y diferenciada. Curiosamente, el otro leiv-motiv sobre el cual se construye la trama es la responsabilidad. Esa idea clásica de que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad (¿a alguien le suena esa frase?), aunque el autor prefiere no hacer un sermón de ello y en su lugar entretener al lector.

A la altura del número 9 USA Straczynski decide hacer un punto y aparte para dar paso al segundo acto de la saga. Una vez descubierta la identidad del asesino, los supervivientes se dividen en dos bandos, uno de ellos apoyado por el gobierno. Durante el enfrentamiento posterior mueren los especiales suficientes como para que el poder de los demás alcance su punto más alto. A partir de ahí, la confrontación adquiere un caracter apocalíptico. El autor hace aquí que la acción avance varios años en el tiempo. Mientras que los Especiales victoriosos han prosperado, el resto han tenido que huir y esconderse donde han podido. Otros han aprovechado sus poderes para convertirse en los dueños y señores de ciudades como Chicago. Uno de los fugitivos, Cuervo Sombrío, llega a un acuerdo con el gobierno: la amnistía para él y aquellos de sus compañeros que le ayuden a recuperar el control de la ciudad.

Curiosamente, en este segundo acto Straczynski da una nueva vuelta de tuerca a lo visto en el primero y nos descubre que el asesino de superhumanos no era quien realmente creiamos... o, al menos, que sus motivos no eran los que se habían expuesto hasta entonces. Ante esto los lectores se dividieron en dos posturas: hubo quien acusó al guionista poco menos que de estafa, por haber alterado la premisa original, mientras que otros pensaron que el nuevo curso de los acontecimientos resultaba congruente con el desarrollo de la serie. Lo cierto es que, teniendo en cuenta como le gusta al autor que nos ocupa tener todos los cabos bien atados desde un principio, y no dejar nada libre a la improvisación, cuesta creer que este no lo tuviese todo previsto desde el primer número.

Rising Stars
Rising Stars

El tercer y último arco argumental de la colección abarca los números 17 a 24 USA. En ellos, los supervivientes de ambos bandos, tras la reconciliación, deciden empezar a usar sus poderes en beneficio de la humanidad y no en el suyo propio. Tal es el caso de Patriot, el cual se propone librar al mundo de la amenaza de las armas nucleares, lo que provoca el recelo de las diversas superpotencias del planeta —especialmente los EEUU— empeñadas en deshacerse de los especiales a toda costa. Nuevamente encontramos aquí esa ecuación Poder = Responsabilidad, tan querida del autor, y que tendría ocasión de explotar más a fondo durante su etapa al frente de The Amazing Spider-Man.

Un último aspecto —pero no menos importante— a la hora de valorar en su justa medida el alcance de esta serie es el apartado gráfico. Por desgracia, ni Keu Cha (números 1 a 3) ni Christian Zanier y Kevin Lashey (4 a 13) están a la altura de las circunstancias. Pese a que el autor intenta disculparles aduciendo que sus guiones son muy detallados, y lleva mucho tiempo plasmarlos en imágenes, su dibujo, impersonal y frío, con los peores vicios de la escuela Image —una puesta en escena la más de las veces farragosa, rostros inexpresivos, posturas estáticas, torsos hiperabultados sobre piernas kilométricas al estilo Liefeld, etc.— lastra la serie hasta su número 14, a partir del cual se incorporan Stuart Immonem y Brent Anderson. Su estilo, más natural y elegante que sus predecesores, se amolda como un guante a la trama, impregnando las viñetas de un romanticismo sombrío y acentuando el ambiente de tragedia que se cierne sobre sus protagonistas.

Curiosamente, para cerrar su historia Straczynski opta por un esquema circular similar al usado por Mike W. Barr en la mítica Camelot 3000, haciendo que el final sea un nuevo principio. ¿Balance de la serie? Quizás no sea todo lo que se esperaba de ella dadas las expectativas que había generado, aunque en general deja un buen sabor de boca gracias a la hábil construcción de personajes, el ritmo de los diálogos, y el suspense que el autor sabe dosificar a lo largo de toda la trama además de otras ideas originales que reducen esa sensación de Ya visto, ya leído que impregna otros cómics de la misma época menos inspirados. En general Rising Stars parece un banco de pruebas en el que Straczynski prueba —con mayor o menor fortuna— conceptos que luego desarrollaría en trabajos posteriores como Los Doce o su muy personal revisión del Escuadrón Supremo.

En España Rising Stars fue publicada en su momento por Planeta DeAgostini Comics, que editó los dos primeros arcos argumentales en grapas, mientras que el último salió al mercado recopilado en un sólo volumen de tapa blanda. En el 2008 Norma Comics acometió la reedición de la saga en una serie limitada de cinco volúmenes en tapa que incluian la serie principal más dos miniseries paralelas que habían quedado inéditas durante la etapa de Planeta.

Para su siguiente colaboración en Top Cow el autor optó por un una historia completamente alejada del género superheroico y que recuerda más a sus primeras incursiones como escritor en el género del terror. Hablamos, como no, de Midnight Nation, maxiserie de 12 episodios que analizaremos en profundidad en nuestra próxima entrega de este repaso por la trayectoria profesional de J. M. Straczynski.

Midnight Nation

Midnight Nation
Midnight Nation

A finales de 2001 Straczynski sorprendió a propios y extraños al sacar al mercado su segundo trabajo como guionista de comics (Midnight Nation) cuando aun no había concluido el primero, aunque aquí conviene señalar los continuos retrasos que sufrió Rising Stars durante su recta final. En todo caso, la serie que ahora nos ocupa presentaba importantes diferencias con respecto a su predecesora.

Para empezar, aunque Straczynski siga colaborando con Image, ha fundado ahora su propio sello, Joe´s Comics, para asegurarse un mayor control sobre su obra. Por otro lado (y esto no deja de ser mi muy discutible opinión personal) Midnight Nation esta a años luz de su predecesora, tanto a nivel argumental como por la calidad del apartado gráfico, que en esta ocasión corre a cargo del gran artista británico Gary Frank.

El punto de partida de esta maxiserie de 12 episodios es engañosamente simple. David Grey, un oficial de la policía de Los Ángeles es gravemente herido por unas misteriosas criaturas durante la investigación de una serie de macabros asesinatos en los suburbios de la ciudad. Al despertar en el hospital, una misteriosa joven llamada Laurel le explica que su alma está en peligro y que, si quiere salvarla, y salvarse, tiene que acompañarla en un desolador viaje a través de los EEUU. Tan sólo tiene doce meses escasos para recuperarla, o acabará convertido en una criatura similar a las que le hirieron. Escueto resumen que no le hace justicia a una serie tan fascinante y con tantos matices como esta. Midnight Nation es muchas cosas a la vez. Es una historia de terror. Es un viaje iniciático. Es un descenso a los infiernos. Es la búsqueda del alma de un hombre. Es una lúcida crítica sobre la sociedad de consumo norteamericana, la soledad y la incomunicación del mundo moderno. Todo ello presentado de forma amena y a la vez aterradora por el propio Straczynski con la invalorable complicidad del antedicho Gary Frank.

Como se puede comprobar, el transcurso del tiempo en el comic se corresponde con el del mundo real. Doce son los meses que tiene Grey para salvar su alma, es decir, lo mismo que dura la maxiserie. Ese es tan sólo uno de los muchos recursos que su autor utiliza para atrapar la atención del lector. Una atmósfera de misterio envuelve la trama. Todos los personajes ocultan secretos y odian dar explicaciones. El lector está tan desvalido como el protagonista. Al igual que él, no tiene la menor idea de qué es lo que ocurre y sólo puede hacer conjeturas sobre lo que pasará a continuación. Esa aureola de suspense y expectación es una de las mejores bazas de la serie, unida —como es habitual en Straczynski — a un atractivo plantel de personajes que van desde David, el protagonista, a Laurel, su atractiva e inquietante guía de entremundos, pasando por secundarios tan notables como Lázaro (sí, el de Levántate y anda), Arthur o Drake.

Midnight Nation es pues una serie de terror, terror metafísico con ocasionales toques gore, pero que no pierde ocasión de asestar aviesas puñaladas al Sueño Americano, tal y como sucede con la historia de los invisibles, los que se cuelan por entre las grietas de la acera y acaban en entremundos, ese lugar en el que sólo los objetos viejos y en desuso tienen valor. El argumento resulta así mucho más rico e interesante que el de su hermana mayor, Rising Stars, y a ello ayudan por un lado el hecho de que sea una serie cerrada de tan sólo 12 entregas (con lo que es de suponer que el guionista ya tuviese el desarrollo previsto desde la primera a la última página) y, por otro, la presencia a los lápices de Gary Frank, un dibujante con un estilo muy influenciado por el de su compatriota Brian Bolland que se caracteriza por su trazo cerrado, firme, seguro y detallista. Con títulos en su haber como Hulk, Supergirl, Byrds of prey o Kin, Frank destaca sobre todo por su gran talento para el diseño de página, su narrativa eficaz y un dominio de la anatomía humana digno del mejor Burne Hogarth.

Curiosamente, por argumento y estética, Midnight Nation recuerda un poco a aquellas novelas de terror primerizas con las que Straczynski probó suerte como escritor antes de saltar a la fama gracias a Babylon 5, como Mensajes del Infierno o la ya comentada La noche de los demonios

A estas alturas, con la publicación simultanea de Rising Stars y Midnight Nation, su guionista se había convertido en un bocado apetecible para las grandes editoriales, algo a lo que no es ajeno la pasión que él mismo Straczynski reconoce sentir por el mundo del cómic y algunos personajes clásicos de la editorial Marvel, por lo que no es de extrañar que su nombre empezase a sonar con frecuencia como candidato a relanzar las colecciones del Hombre Araña. Rumor que se confirmó tras el anuncio por parte de la Casa de las Ideas de que Straczynski pasaría a ser el nuevo guionista regular de Amazing Spider-Man, en sustitución de Howard Mackie, a partir del número 30 de la serie (Junio de 2001). El resto, como se suele decir, es historia.


Notas

Midnight Nation fue publicada originalmente en castellano por Planeta DeAgostini Comics como una maxiserie de 12 números, y posteriormente reeditada por Norma Comics en un solo volumen en tapa dura que recopilaba toda la serie original más un extra fuera de colección, siendo esta última la más accesible para al aficionado en la actualidad.

Mensajes del infierno, 1993 por Martínez Roca, Col. Gran Súper Terror. Publicada originalmente en los USA como OtherSyde en 1990.

Para saber más al respecto, consultar nuestra reseña sobre dicha novela en Interplanetaria a través del enlace que aparece al final de la primera entrega de este artículo.

© Alejandro Caveda,
(3.653 palabras) Créditos Créditos
Publicado originalmente en El zoco de Lakkmanda el 22 de enero de 2013