EMBASSYTOWN
EMBASSYTOWN China Miéville
Título original: Embassytown
Año de publicación: 2011
Editorial: Random House Mondadori
Colección: Fantascy
Traducción: Gemma Rovira Ortega
Edición: 2013
Páginas: 446
ISBN:
Precio: 18,90 EUR

Si hay un autor que ha reflexionado largamente sobre las dificultades de la comunicación con los extraterrestres ese es Stanislaw Lem. Al menos tres de sus novelas cuestionan profundamente la posibilidad de que, en el caso de encontrarnos alguna vez con inteligencias extraterrestres, hubiera un mínimo de entendimiento entre las tres. En EDÉN, los astronautas abandonados a su suerte entre los dobles son incapaces de establecer contacto con ellos pese a recorrer sus campos, pisar sus ciudades y pasear asombrados entre ellos. Nada en la experiencia de humanos y dobles les permite establecer patrones comunes a partir de los que empezar a comunicarse, y el aislamiento mutuo es inevitable. LA VOZ DE SU AMO, se burla de la arrogancia de los investigadores y científicos enfrentados no solo a la casi imposible tarea de descifrar una señal extraterrestre, sino a ellos mismos y sus pequeñas miserias. Tras años de investigación solo consiguen sintetizar a partir de las instrucciones contenidas en la señal un par de sustancias tan desconcertantes como inútiles. Por último, FIASCO ahonda aún más en la crítica de la arrogancia humana, cuando los inescrutables quintanos no solo no responden a los intentos de comunicación de la expedición enviada hasta su planeta sino que además ignoran radicalmente a sus visitantes.

Otro autor también muy interesado por las posibilidades de la lengua fue Jack Vance. En LOS LENGUAJES DE PAO propone que las lenguas dominan la psicología comun de los pueblos, y que cambiándolas, también se cambia el talante de sus hablantes. Aunque quizá sea Ian Watson en EMPOTRADOS quien haya ido más lejos explorando la importancia del lenguaje en la percepción del entorno.

China Miéville intentar aportar con EMBASSYTOWN su grano de arena en el campo de la lingüística extraterreste. Las novelas ambientadas en el angustiante planeta Bas-Lag son las que han dado fama a Miéville. Un mundo oscuro, en el que humanos y los extraterrestres conviven en un entorno hostil en el que la taumaturgia no es una cuestión menor. EMBASSYTOWN no tiene nada que ver con las novelas ambientadas en ese universo (LA ESTACIÓN DE LA CALLE PERDIDO, LA CICATRIZ y EL CONSEJO DE HIERRO) En este caso, Arieka se trata de un planeta fronterizo. Más allá solo está el espacio desconocido. En Arieka se ha establecido una floreciente colonia que comercia, o al menos esa es la sensación general, con los llamados Anfitriones, los habitantes autóctonos del planeta.

El problema es que la comunicación directa entre humanos y Anfitriones es casi imposible. El peculiar lenguaje de los Anfitriones hace que los humanos pasen desapercibidos para ellos, al no tener el lenguaje, no los consideran entes inteligentes, solo los Embajadores, unos pocos humanos que han dominado una laboriosa forma de comunicación a duo, son capaces de entenderse hasta cierto punto con los Anfitriones. No obstante, los Anfitriones usan a los humanos para ampliar su propia lengua. Basada en cierto modo en la fijación de hechos y su traducción a conceptos, someten periódicamente a ciertos humanos a pruebas de signo incierto que convierte a su protagonista en un concepto vivo. Así, Avice Benner Cho, la protagonista, es una niña humana que con dolor comió lo que le dieron en una vieja habitación construida para comer donde no se había comido durante cierto tiempo. Y así muchos otros: El hombre que nada con peces es sencillo.

La crisis se desata cuando EzRa, un nuevo embajador, llega a Ciudad Embajada. Ya sea por casualidad ya porque se trata de un plan minuciosamente elaborado, su forma de hablar el lenguaje desata una crisis casi apocalíptica.

Aunque en algún momento la novela se puede llegar a hacer farragosa, no es fácil hacer amenos según que conceptos lingüisticos, en general se lee con agrado. No deja de ser China Miéville con lo que eso supone en lo que respecta a la recreación de escenarios exóticos y aventuras imposibles. En esta ocasión, al contrario de lo que ocurre con Bas-Lag, sitúa Arieka en un contexto planetario muy amplio, dejando claro que se trata solo de una pequeña pieza dentro del engranaje de la expansión humana. Para ello usa un mecanismo sencillo, convierte a Avice en una especie de piloto, en los primeros capítulos le hace recorrer unos cuantos planetas y con unas pocas pinceladas más sobre su vida consigue construir un universo que promete, y mucho, como escenario para futuras novelas. Además Avice, de tanto viajar, se ha cubierto de una gruesa capa de cosmopolitismo que, de vuelta en la aislada y caso endogámica Arieka, le hace ver todo con una luz muy distinta a la de sus conciudadanos.

A lo que no dedica tanta sutileza es a criticar a las élites, los órganos de gobierno y las autoridades coloniales. El egoísmo, la cobardía, la arrogancia y cualquier otra cualidad destacable le sirve para retratar a Embajadores, ediles y representantes de Bremen, el planeta madre.

Novela extraña, como todo lo que hace Miéville, y en este caso aún más espesa por la temática que trata, resulta ser un experimento interesante sobre el poder del lenguaje y la corrupción de la vida política, vista desde la perspectiva de alguien que ha visto más mundo que la mayoría de los protagonistas y no entiende la estupidez de muchas de sus actitudes.

© Francisco José Súñer Iglesias, (876 palabras) Créditos