BONESHAKER
BONESHAKER Cherie Priest
Título original: Boneshaker
Año de publicación: 2009
Editorial: La Factoría de Ideas
Colección: Solaris ficción nº 162
Traducción: Álvaro Sánchez-Elvira Carrillo
Edición: 2012
Páginas: 316
ISBN:
Precio: 20 EUR
Comentarios de: Ramón Batalla

Sinopsis

Seattle, cercada por un muro, es un hervidero de zombis. Tras sus paredes se encuentran una ciudad llena de hambrientos no muertos, criminales y piratas aéreos.

Durante la guerra civil, el inventor Leviticus Blue creó un ingenio capaz de atravesar el hielo de Alaska, donde se rumoreaba que se había encontrado oro. Nació así la increíble máquina taladradora Boneshaker.

Sin embargo, la Boneshaker no funcionó adecuadamente, y destruyó el centro de Seattle, provocando un estallido de gas venenoso que convirtió a quienes lo respiraban en muertos vivientes.

Pasan dieciséis años, y un muro rodea la tóxica y devastada ciudad. Al otro lado vive la viuda Briar Wilkes, con una reputación arruinada y un hijo, Ezekiel. El joven se embarca en una cruzada secreta y su búsqueda lo llevará tras el muro, a una urbe repleta de voraces zombis, piratas aéreos, hampones y guerrilleros. Y solo Briar puede salvar a su hijo.

Siempre me cuesta hacer una crítica a una novela que no me ha gustada nada. Intento buscar algún elemento que dignifique el trabajo de un autor que seguro que se ha esforzado para realizar la novela, que ha puesto todo el empeño para hacerlo lo mejor posible, pero esta vez me ha costado encontrar alguno que se salve. Como toda opinión esta claro que no estarán de acuerdo aquellos que votaron esta novela para ganar el premio Locus, o la nominaron para el Hugo, aunque ese año las dos novelas ganadoras eran imbatibles y de una calidad muy por encima a este mediocre libro. Que alguien me diga que estoy equivocado y esta novela tiene algo bueno.

BONESHAKER es una novela steampunk. Eso ya complica cualquier libro porque se puede caer en el error de no interpretar correctamente como puede o debería funcionar un mundo steampunk, normalmente siempre se mueve en las arenas de las ucronías, y en este caso no es una excepción; tenemos armas de fuego, máquinas de vapor y dirigibles, todo muy normal; el problema surge cuando aparecen elementos tecnológicos que por mucho vapor y buena voluntad son imposibles con dicho modelo tecnológico... Veamos un brazo mecánico para un manco...!?! &%! Por Dios nos gusta la fantasía, incluso que pongan zombis, como en esta novela, se puede entrar en una historia siempre que tenga sentido y no tengas saltos incomprensibles sin una explicación que lo soporte. Un brazo mecánico funcional conectado por cirugía a un inválido... en otro momento se maravillan porque ven la primera bombilla funcionar de su vida... como que no encaja. Primera desconexión argumental.

Avanzamos... nos encontramos con una ciudad que por causas de un accidente con la máquina que da nombre al libro y una explicación poco más que inexistente se llena de zombis rabiosos que corren que se las pelan pero... ¡Oh, sorpresa! El gobierno en un alarde de velocidad burocrática tiene tiempo de construir un muro de mil pares de narices que rodea la ciudad... ¿Qué estaban haciendo los zombis mientras tanto, tomando café y pastitas? Segunda desconexión argumental.

Avanzamos... Resulta que el escenario es una ciudad llena de zombis, sin luz solar a causa del gas tóxico; gas que transforma aquel que lo inhala en un zombi rabioso, pero en la que sigue viviendo gente... desde el principio del incidente no se fueron, tuvieron sus motivos y tal... ¿Perdón? Vive gente en sistemas de túneles y sótanos estancos (hacer un sistema estanco se hace con un chicle) y si, cierto, aquí Cherie Priest se digna a inventar un sistema de financiación que por desgracia no fue instantáneo sino que surgió después de algún que otro año. Vivieron del aire esos primeros años supongo, así que tenemos a unos cuantos héroes que viven en una ciudad donde el aire no se puede respirar, llena de zombis, una ciudad que requiere de sistemas de sellado y ventilación asistida y que si... cierto al principio fue duro pero sobrevivieron, claro, claro. Tercera desconexión argumental.

Hasta aquí, lamentable pero soportable si tuviéramos además una novela con un buen estilo y bien escrita. Pero no, nos encontramos una autora que recurre al camino fácil, los personajes están tan mal planteados que tenemos a secundarios indicando como se sienten los demás para que el lector pueda ver algo humano en ellos. Un despropósito. Ningún personaje puede pensar de forma coherente, la novela se soluciona de forma previsible con pocas sorpresas, dejando explicaciones cada dos por tres para avanzar en la historia. Los fallos argumentales menores están presentes de forma continua. Los personajes no toman buenas decisiones ni se justifican por sus sentimientos. Algunos aparecen cuando se les necesita para resolver una situación y vuelven a desaparecer sin razón aparente. Un sinsentido, algo que en un momento se resolvería con un:

—Tu eres tal y te estoy buscando por parte de... —se deja en un...

—Tengo que contarte una historia —Igual de motivador y de persuasivo para que el otro se esfume. Buf, buf.

Lo único que me ha parecido interesante es que (...10 minutos después...) la Cherie Priest tiene un gato que se llama Spain.

© Ramón Batalla, (839 palabras) Créditos
Publicado originalmente en En clave pública el 11 de septiembre de 2009
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