DR. CYCLOPS
DR. CYCLOPS EE. UU., 1940
Título original: Dr. Cyclops
Dirección: Ernest B. Schoedsacks
Guión: Tom Kilpatrick
Producción: Dale Van Every para Paramount Pictures
Música: Ernst Toch, Gerard Carbonara y Albert Hay Mallote
Fotografía: Henry Sharp y Winton C. Hoch
Duración: 77 min.
IMDb:
Reparto: Albert Dekker (Dr. Alexander Thorkel); Thomas Coley (Bill Stockton), Janice Logan (Dra. Mary Robinson); Charles Halton (Dr. Rupert Bullfinch); Victor Kilian (Steve Baker); Frank Yaconelli (Pedro); Paul Fix (Dr. Mendoza); Frank Reicher (Profesor Kendall); Allen Fox (Taxista); Bill Wilkerson (Indio)

Sinopsis

Una expedición, bajo el mando del Dr. Bulfinch, se adentra en la selva sudamericana, en busca del Dr. Thorkel, eminente científico que ha inventado una máquina sorprendente, un artefacto capaz de reducir el tamaño de los seres vivos, instrumento que podría tener asombrosas aplicaciones. Cuando los expedicionarios encuentran a Thorkel, quedan maravillados por su invento, pero se muestran muy críticos con el científico cuando descubren que, para preservarlo, éste no ha dudado en asesinar a un colega que pretendía darlo a conocer al mundo entero. Thorkel, obsesionado con mantener en secreto su fantástica máquina, hace prisioneros a Bulfinch y su grupo, reduciéndolos de tamaño. Convertidos en homúnculos, el Dr. Bulfinch y los demás deberán emprender una desesperada lucha para sobrevivir.

DR. CYCLOPS ha pasado a la historia del cine fantástico por ser la primera película del género rodada íntegramente en un magnífico Technicolor, del que los directores de fotografía, Henry Sharps y Winton C. Hoch (éste último futuro colaborador del Maestro John Ford, aquí en su primer trabajo para el cine), sacaron un partido admirable, a la hora de recrear la opresiva atmósfera del reducido decorado donde se desarrolla la mayor parte de la acción. Pero sus méritos van más allá de lo puramente estético. Film menor pero notablemente ingenioso, su considerable influencia en la cinematografía de temática fantástica puede rastrearse en títulos tan señeros como EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE (THE INCREDIBLE SHRINKING MAN, Jack Arnold, 1957), obra que tiene no pocos puntos en común con la modesta pero lograda cinta de Schoedsacks. Es también uno de los títulos capitales dentro del sub-género de los Mad Doctors, con un personaje principal, el enloquecido científico, que devendría en un rol arquetípico en futuras producciones de similar corte.

Aunque presenta una excesiva carga de ingenuidades argumentales, explicitadas en una puesta en escena un tanto formularia, Dr. CYCLOPS es, en conjunto, una obra muy lograda, cuyo mayor mérito es su absoluta falta de pretensiones. Concebida como una película de puro entretenimiento, posee, no obstante, valores que elevan la calidad del resultado final, haciendo de ella una cinta más que notable. Los personajes están dibujados con notoria ambigüedad. Curiosamente, el Dr. Thorkel, villano de la función, es presentado desde una perspectiva comprensiva y algo patética, sugiriendo que, a pesar de todo, no hay mala intención en sus experimentos, y que se trata por tanto de un hombre que, obsesionado por su trabajo, ha perdido el norte. Su aspecto físico tampoco resulta terrorífico, sino más bien extravagante. Es, en definitiva, un personaje muy interesante, e incluso atractivo por su complejidad psicológica. En contraste, los supuestos héroes de la historia se nos antojan demasiado vulgares y estereotipados, y por ello mismo, bastante más antipáticos que el mad doctor. La inhumana frialdad con que planean matar a Thorkel tampoco dice mucho en favor de ellos, pues los equipara moralmente a ese sabio loco y asesino que tanto parecen despreciar. Es quizás este ambiguo tratamiento de los personajes, tan profundamente realista, el que consigue elevar el tono general de este film, proyectado en principio como una simple película de género.

Cinta llena de ideas y conceptos muy innovadores en su momento, Dr. CYCLOPS, sin brillar a la misma altura que su mítico e inolvidable KING KONG, es una de las obras más atractivas e interesantes de Ernest B. Schoedsacks, un realizador que contribuyó como ningún otro a la consolidación y dignificación del cine fantástico.

© Antonio Quintana Carrandi, (567 palabras) Créditos