HURACÁN CÓSMICO
HURACÁN CÓSMICO J. G. Ballard
Título original: The Wind From Nowhere
Año de publicación: 1962
Editorial: Edhasa
Colección: Nebulae nº 125
Traducción: Francisco Cazorla Olmo
Edición: 1966
Páginas: 238
ISBN:
Precio: Descatalogado

Dentro de su ciclo de las catástrofes, esta es la novela más extraña de Ballard, por cuanto el fenómeno que provoca la devastación no solo tiene un origen desconocido, sino que además es tan poco intuitivo que asumirlo se hace difícil. En general las historias de Ballard son extrañas, surgen como producto de unas circunstancias extremas y se podría decir muy bien que forzadas, sin embargo, siempre hay un atisbo de racionalidad detrás de la irracionalidad en la que suelen culminar los acontecimientos que relata. Sin embargo, EL HURACÁN CÓSMICO describe las consecuencias de un fenómeno sin sentido ni explicación. En realidad no tiene mayor importancia, como siempre, lo que le interesa a Ballard es la reacción humana ante lo inesperado, pero no deja de ser curioso que en esta ocasión fuera más allá e imaginara una catástrofe muy poco convincente.

La cosa va de un vendaval de proporciones cataclísmicas que arrasa, literalmente, la faz de la Tierra. Excepto alguna tímida teoría, nadie sabe ni imagina cual es su origen, por qué se ha desatado ni cuánto durara, simplemente que su potencia se incrementa día a día hasta adquirir su dimensión apocalíptica, empezando como una suave brisa que se incrementaba a razón de unos ocho kilómetros por hora diarios hasta alcanzar unos delirantes novecientos kilómetros por hora, momento en el que igual que llegó, se detiene casi súbitamente.

Además de unas cuantas pinceladas sobre el posible origen y las consecuencias catastróficas del viento, a Ballard le interesa sobre todo como reaccionan sus personajes ante la brutalidad que la naturaleza les ha echado encima. Para algunos, el viento les muestra como su vida se ha desmoronado incluso antes de que las ciudades hayan empezado a ceder arrasadas por el viento, a otros les toca superar obstáculos en apariencia insalvables, pero que finalmente son vencidos con una determinación digna de elogio, otros se ven traicionados cuando ya no queda nada en pie, y todo en lo que creen salta en pedazos impulsado por el caos que desencadena el viento.

Pese a lo descabellado del planteamiento, Ballard consigue, no obstante, una descripción realista y desesperada del fenómeno. El pánico de la gente, la incredulidad ante el viento arrasador, la búsqueda de refugios que se hacen cada vez más precarios según aumenta la fuerza del aire, están descritos con la minuciosidad marca de la casa. La lógica de los acontecimientos también sigue su curso, son los militares, al cabo los únicos que cuentan con equipamiento capaz de resistir el huracán, los que acaban tomando el control de lo poco que sobrevive a la catástrofe, mientras que los escasos civiles que sobreviven al viento van quedando en un segundo plano, a modo de comparsas necesarios.

Ballard no debía estar demasiado familiarizado con los tornados, o los propios huracanes y tifones tropicales, como mucho por referencias no demasiado detalladas. La velocidad del viento en éstos pueden llegar a alcanzar, en casos extremos, más de 400 kilómetros por hora, lo normal es que no sobrepasen los 200, y aunque la fuerza del aire a esas velocidades es ya de por si lo bastante destructiva, se presenta un peligro adicional, para nada desdeñable, en forma de los escombros arrastrados por el aire. En la novela se cuenta como el viento va desmotando poco a poco la civilización según aumenta su fuerza, pero apenas se hace referencia a todas esas partículas, grandes y pequeñas, que arrastradas a esas velocidades se convierten en proyectiles letales. También sorprende como los protagonistas, incluso cuando el huracán alcanza su máxima potencia, pueden mantenerse, por muy precariamente que sea, ante el vendaval.

En cualquier caso no dejan de ser detalles secundarios por cuanto lo que realmente le interesaba a Ballard era poner a sus personajes ante un fenómeno tan desaforado como incomprensible, como la naturaleza desencadenada arrasa con cualquier cosa que se le ponga por medio, y que los esfuerzos desesperados del hombre apenas pueden nada contra la furia imparable de los fenómenos naturales.

© Francisco José Súñer Iglesias, (661 palabras) Créditos