ADAPTACIÓN O VERSIÓN
por Raúl Alejandro López Nevado
op01928.jpg

Cuando vi el primer capítulo de Under The Dome monté en cólera: ¿cómo han osado convertir a un enfermero en bombero y a la tipa fea, que se cargan en las diez primeras páginas, en una guapa muchacha a la que encierran? ¿Cómo se han atrevido a cargarse a una vaca en lugar de a un castor? ¿Y a hacerle perder veinte kilos al malo? ¡¡Han convertido a un cocinero en mercenario, y a una parroquiana de toda la vida en recién llegada!! A medida que avanzaba el capítulo mi ira iba aumentando, no sólo habían cambiado unas cuantas cosas, se habían merendado literalmente a varios personajes, habían fusionado otros sin nada que ver, y habían barrido de un plumazo todo lo referente al extremismo religioso de la emisora de radio o a las torturas presenciadas por el protagonista exmarine, en Irak. Esto último, he de confesarlo, fue lo que me sacó definitivamente mis casillas, y me hizo comenzar a afilar los cuchillos.

Estaba ya a medio camino de mi objetivo (los corazones chorreantes de sangre de los guionistas) cuando recibí un correo electrónico de mi amigo Stephen. No te sulfures —decía—, no pasa nada. El lenguaje cinematográfico y el literario son distintos, y aunque no comparto todos los cambios, en su mayoría son justificados y tal y cual, la misiva continuaba varios párrafos con un estilo hipnótico y relajante que me hizo enfundar de nuevo los cuchillos. Dos de los argumentos que esgrimía para defender los cambios ocurridos en la adaptación de su novela a la pantalla me parecieron especialmente notables: el primero, y evidente pero no por ello menos sorprendente, era el de que en realidad nadie había cambiado nada de la novela, ni una sola palabra, todo había permanecido exactamente igual que como él lo había escrito; cualquiera que tomara un ejemplar de su novela antes del estreno de la serie, y ese mismo ejemplar después del estreno, podría comprobar que todas las letras seguían en su sitio, que ni una sola coma había sido cambiada. Obvio, sí, pero muchas veces los lectores solemos olvidarlo. El segundo argumento era el de que la única manera en que la serie podía mantener el nivel de expectación, era ser distinta a la novela. Se evitaba así la falta de interés, y el aburrimiento de los que habían leído el libro, y la situación de inferioridad con respecto a aquéllos de los que no lo habían hecho.

op00194.jpg

Bien, bien. En ese punto guardé definitivamente los cuchillos y comencé a mirar con otros ojos la serie Under The Dome. Era cierto que habían hecho infinidad de cambios, y que la mayoría me rascaban como un estropajo, pero también era cierto que, de no haber leído antes la novela, y esperar una copia en formato cinematográfico, la serie estaba bastante bien. Es más, incluso habiendo leído la novela, me encontraba ahora con una idea reelaborada, que me podía volver a sorprender y que podía disfrutar como un espectador inocente, que sólo busca entretenimiento, en lugar de como un crítico quisquilloso dispuesto a echarse a la yugular de los guionistas ante cualquier mínima desviación del modelo. Pensé que ése era el modo en que veía la serie Juego de tronos, es decir: perdiéndome la diversión por estar pendiente de los mínimos cambios con respecto al libro. Aunque en este último punto, y para ser justos conmigo mismo, no toda la culpa era mía. Under The Dome pretende utilizar la idea de la novela en la que se inspira para crear un producto lo suficientemente parecido a ella como para seguir gustando a los que gustara en forma literaria; pero lo suficientemente distinto también como para evitar las comparaciones; mientras que Juego de tronos pretende convertir las novelas de George. R. R. Martin en filme con los mínimos cambios posibles (y aún así, ya lo sé, para los fans cualquier mínimo cambio es demasiado cambio).

op01232.jpg

Existe cierta tendencia a creer que una adaptación cinematográfica es mejor cuanto más parecida sea al texto que adapta. No obstante, permíteme una pregunta: ¿si piensas así, para qué demonios quieres una adaptación cinematográfica? ¿Para que la necesitas? Si el único mérito de la adaptación consiste en poner en imágenes lo que un buen escritor ya ha puesto en palabras, entonces este tipo de adaptaciones son sólo un recurso para vagos o pobres de imaginación. No añaden nada, sino que simplemente se limitan a poner una buena historia al alcance de aquéllos a los que no les gusta leer, o no tienen la imaginación suficiente como para vibrar únicamente con la sugestión de las palabras, sino que necesitan, además, imágenes. En ese caso, una adaptación no es más que un subproducto.

Sin embargo, no tiene porqué ser así: el lenguaje cinematográfico y el literario son distintos, y cada cual tiene su lugar, sus modos expresivos y sus puntos más fuertes y más débiles. Por lo habitual (aunque esto siempre tiene sus excepciones) el cine facilita el enfoque objetivo, mientras que la literatura da preeminencia al subjetivo. Una escena de acción suele ser más vistosa en película, mientras que cualquier pensamiento es mucho más sencillo de retratar en palabras. Son ejemplos paradigmáticos STAR WARS y 2001, UNA ODISEA ESPACIAL. En el caso de STAR WARS, fundamentalmente acción, las películas son muy superiores a sus novelas; en el de 2001, UNA ODISEA ESPACIAL, una obra fundamentalmente introspectiva, la película convierte en infumable y vacíamente pretenciosa una historia que literariamente es apasionante.

op01677.jpg

No digo que las adaptaciones puras no puedan tener su lugar, pero sí que no añaden nada nuevo, que están en la misma categoría que el merchandising, sirven para promocionar una obra, para hacerla más visible, sobre todo en el mundo gobernado por la imagen en el que vivimos; pero no son creativas en absoluto. En realidad, no existen las adaptaciones puras, claro; pero de eso hablaré un poco más adelante; ahora me interesa distinguir entre lo que sería una conversión pura de texto a cine; y otra más impura, que sólo intenta conservar el espíritu. Creo que se puede llamar adaptación a la conversión pura; y versión a la impura. La distinción parece sutil, pero no lo es. Se verá más clara con un ejemplo musical: si un grupo tributo a El último de la fila toca COMO UN BURRO APARCADO EN LA PUERTA DEL BAILE, está haciendo una adaptación de ese tema, es decir una copia lo más parecida posible a la original, adaptado a su nivel musical, sus medios, y la voz de su cantante, es decir, adaptado a sus posibilidades. Si, en cambio, un grupo heavy hace una versión de este tema, no está tan interesado en respetar el original, como en traérselo a su terreno e intentar meterle todo lo que es característico de su lenguaje musical (velocidad, distorsión, contundencia) a una canción que originalmente no está escrita en ese lenguaje.

op00407.jpg

¿Qué es mejor entonces, adaptar o versionar? Pues hombre, depende del caso, en el ejemplo musical anterior, a poco que el grupo tributo no sea demasiado malo, su adaptación no sonará mal, nunca será brillante, pero será correcta. En cambio, el grupo heavy, por bueno que sea, puede acabar haciendo una versión que sea un pastiche insoportable; pero también puede dar en crear una canción que llegue a superar a la original en la que se inspira. Con las conversiones de literatura a pantalla pasa lo mismo, si los creadores del filme adaptan un texto, a poco que sean competentes pueden conseguir un producto digno; si se inclinan por la versión, en cambio, deben asumir un riesgo mayor; pero en el caso de funcionarles la jugada, pueden acabar con una obra maestra que de ningún modo podrían lograr limitándose a copiar.

Esto último es evidente en BLADE RUNNER. La historia de Philip K. Dick SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS es indudablemente buena, y en este caso no se puede decir que la película sea mejor; pero sí que la película es algo totalmente nuevo, algo distinto que va más allá del texto escrito en el que se basa hasta el punto de dar el espaldarazo definitivo a todo un nuevo género dentro de la ciencia-ficción. Si Ridley Scott se hubiera limitado a intentar llevar a la pantalla el texto de Dick de la manera más fiel posible, es probable que hoy en día no existiera el cyberpunk, o al menos, no del modo en que lo conocemos. También podemos aportar ejemplos contrarios (muchos más, de hecho), de películas que son una mera versión, o incluso un lejanamente inspirado que no aportan nada que se pueda considerar objetivamente positivo a la historia que están intentando contar. Verbigracia, YO, ROBOT de Alex Proyas que se inspira en la serie de relatos de YO, ROBOT de Isaac Asimov. Proyas se pasa totalmente de frenada incluyendo elementos propios en la historia, pues su película es fundamentalmente una película de acción, cuando Asimov consideraba como una parte indisoluble de su estilo el hecho de no incluir escenas de violencia en sus obras. Una cosa es añadir nuevos elementos a la obra que estás versionando, y otra muy distinta es hacerle entrar con calzador elementos que le son contrarios. Y eso no quita que la película pueda gustar; pero creo que sí que la inhabilita para ser considerada una versión de los relatos de Asimov.

En realidad, como el astuto lector ha notado desde hace tiempo, la división entre adaptación y versión es tan artificial como la mayoría de clasificaciones. No existen filmes que sean puras adaptaciones, ni otros que sean puras versiones; pero si consideramos estas dos categorías como los dos extremos hacia los que se puede tender cuando un texto se convierte en película, entonces nos encontramos con que hay películas que tienden a ser más adaptaciones, y otras que tienden a ser más versiones. Lo que sostengo yo es que una película que tienda a ser básicamente adaptación no aportará nada nuevo al texto que esté llevando a la pantalla; mientras que una que tienda más a ser versión tiene la posibilidad de aportar un elemento creativo a la historia que está contando, y eso no tiene que ser necesariamente bueno, desde luego, pero tampoco necesariamente malo.


Notas

Es un privilegio del que tan sólo disfruto yo... y los varios miles de suscriptores a las newsletters de su web.

Recomiendo el artículo PARASITISMO CULTURAL de José Carlos Canalda donde desarrolla la diferenciación entre lo que puede ser adaptar una obra, versionándola con un nuevo estilo y talento (Rachmaninov en sus Variaciones sobre un tema de Paganini) y parasitarla (las perpetraciones de distintas obras de música clásica de un presunto compositor cuyo nombre calla por vergüenza ajena).

© Raúl Alejandro López Nevado, (2.084 palabras) Créditos