BÓVEDAS DE ACERO
BÓVEDAS DE ACERO Isaac Asimov
Título original: The Caves of Steel
Año de publicación: 1953
Editorial: Alamut Ediciones
Colección: ---
Traducción: Luis García Prado
Edición: 2013
ISBN:
Precio: 26 EUR
Comentarios de: Jorge Vilches, Juan Raffo

Comentario de Jorge Vilches

Cuando no se sabe qué leer, lo mejor es acudir a un clásico. Eso pensé, y eso hice. Sin embargo, BÓVEDAS DE ACERO, del amigo Asimov, no tuvo suerte conmigo. Los libros tienen su momento, y éste llegó a mi vida cuando un problema grave no me dejaba respirar. Finalmente lo superé, o eso parece, y con ello le llegó la suerte: un solitario viaje en tren a Granada. No sólo terminé BÓVEDAS DE ACERO, sino que leí también FUERA DE ESTE MUNDO, de Murray Leinster, uno de mis autores ligeros favoritos.

La novela es un thriller muy entretenido. A veces, leyendo, recordaba a un tipo que en una red de ciencia-ficción defendía airadamente que tenía un trasfondofascista. Ya me pareció raro entonces, antes de leerla, y ahora sé que es una absoluta idiotez. La trama es conocida, incluso muy parecida a la fantástica película YO, ROBOT, protagonizada por Will Smith, al que tanto le debemos los buenos aficionados al cine de ciencia-ficción. En la novela, dos detectives —un humano y un robot— investigan un asesinato enfrentándose a las diferencias entre dos razas —los hombres y los espacianos—, y sus distintas cosmovisiones. El marco son las ciudades, auténticas bóvedas de acero —de ahí el título—.

Tres grandes ideas surcan la novela. La primera es la diferencia entre los hombres y los espacianos. La Humanidad se ha extendido por la Galaxia. Los mundos exteriores se han emancipado y adquirido costumbres e ideas propias. Pero esa expansión se ha detenido, lo que para Asimov supone el fin de la curiosidad innata al hombre, esa que le hace progresar. Los espacianos son como los vulcanos de Star Trek: controlan sus emociones, son distantes y ordenados, están más evolucionados y se creen superiores. Mantienen una alianza estratégica con los hombres después de haber guerreado con ellos. Los espacianos están muy interesados en la expansión por la Galaxia, por lo que introducen a los robots en la economía humana.

Y aquí está la segunda idea: el problema económico y social que surge con la introducción de la maquinaria en la producción. Se podría hacer un paralelismo, quizá lo hizo Asimov, con el maquinismo y su reacción, el ludismo inglés de principios del XIX. Los trabajadores son sustituidos por máquinas cada vez más perfectas, que dejan en paro a los humanos, generando un rechazo violento contra el robot. La estulticia es la misma xenofobia, y queda bastante claro, ya que el problema no es el robot, sino la inadaptación. El progreso es imparable, aunque hay quien no lo ve así.

La solución a los problemas de la Tierra era la colonización, pero como ésta se detuvo, los espacianos quisieron forzarla trasformando su economía mediante la introducción del robot. Esto generó un rechazo que creó el medievalismo. Entonces pensaron que lo mejor sería formar un grupo de humanos que defendiera lo mismo que los espacianos.

Entonces llega la tercera idea: el medievalismo. Es una corriente, según la describe Asimov, empeñada en rechazar el maquinismo, la relación con los espacianos, la presencia de los robots y la vida en las bóvedas de acero. Lo que quieren es volver al campo, a los valores y costumbres medievales. Se convierten entonces en la oposición organizada y secreta, violenta en ocasiones, y sospechosa del asesinato del espaciano. En este caso es evidente que Asimov tomó esta idea del ludismo y los movimientos socialistas de principios del XIX.

Con este trasfondo, los dos detectives, el humano Elijah Baley y el robot R. Daneel Olivaw, investigan el asesinato del doctor Sarton, que creía que humanos y espacianos debían mezclarse, y vivir con los robots; es decir, consolidar la cultura c/Fe.

El final es extraño. Perdonan al asesino a cambio de que convenza a los medievalistas que deben volver a la tradición, pero en otros planetas, porque así se cumple el objetivo altruista de los espacianos: salvar la Tierra a través de la colonización. Y le acaban diciendo Vete y no peques más. Vaya. Y luego dicen de los finales de Dick...

© Jorge Vilches, (811 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Imperio Futura el 3 de noviembre de 2012
CC by-nc-nd 3.0

Comentario de Juan Raffo

Más de veinte años después de haberme encontrado con Asimov en esta ya clásica historia de robots en la clásica clave policial acostumbrada a usar por el Buen Doctor regreso en una segunda lectura que asombrosamente descubro es, en muchos aspectos, una nueva lectura.

Se que los años no perdonan y lo que leo la semana pasada ya la próxima está 50% olvidado pero ¡Este libro lo leí en mi adolescencia! ¡Con todas mis neuronas completas! ¡Lo debo haber leído por lo menos dos veces! ¿De donde salió la rima de una canción de protesta contra los Espaciales? ¿Por qué no recuerdo esa emocionante persecución a través de las aceras móviles saltando de una a otra? ¿Todos esos detalles del uso de los baños públicos o los problemas de logística que ocasiona cambiarse de comedor en una sociedad altamente burocrática? ¿Lo depresiva y austera que podría llegar a ser la vivienda de un soltero de bajo nivel? ¿El ambiente tan opresivo que se vive una sociedad tan controlada que por causas de sobrepoblación se encuentra al borde del precipicio?

Pues que en la edición de Martínez Roca (y supongo que la de Orbis que viene a ser lo mismo) muchos de estos fragmentos fueron cruel y desalmadamente mutilados, páginas completas en algunos casos y, aunque la historia es contada y la trama se entiende, me siento como si lo que hubiera leído es la Sección de Libros de Readerīs Digest. La grosería mayúscula para con el lector/cliente y supongo que se llenarían la boca hablando de copyrigths y demás.

Por supuesto, la Pregunta: ¿Cuántos libros de ciencia-ficción resulta ahora que no me he leído?

Y bueno, como diría en El Fantasma, para los que llegaron tarde.

Lije Baley es un policía en New York, en un New York miles de años en el futuro en una Tierra donde la humanidad se encuentra hacinada en las grandes ciudades, ciudades cubiertas y aisladas completamente del medio ambiente. Las colonias espaciales se han independizado y ahora, mucho más avanzadas tecnologicamente y poderosas que la Tierra, intentan introducir la tecnología robótica en una sociedad muy renuente a la misma.

El asesinato de un científico espacial muy influyente en el enclave a las afueras de New York pone a Baley en un caso políticamente peligroso tanto para su futuro profesional y familiar como para el futuro de la humanidad y además soportando un nuevo compañero de investigación en lo que parece una profunda conspiración.

Construida como el típico policial de Asimov donde el protagonista, tras muchos caminos ciegos, llega a la solución lógica ayudado por una conexión casi intuitiva de dos hechos al parecer inconexos e irrelevantes, formula repetida en otras de sus historias, aún se mantiene fresca y agradable. Los años le han pasado en lo que tecnológicamente se refiere (aunque no deja de ser interesante una vara que te lleva a tu destino cambiando su temperatura de frío a caliente) y las intrigas son ingenuas y la forma como se resuelven, como mínimo, inocente. Mejora notablemente en esta nueva edición gracias a una Tierra más opresiva y oscura (¡Con ocho mil millones de habitantes!) gracias a los fragmentos recuperados por Bibliopolis y que habían sido salvajemente mutilados por la gente de Martínez Roca.

Un viejo clásico que aún se puede leer, el Asimov de su época dorada en los años cincuenta aunque aún le faltaba escribir sus mejores libros.

© Juan Raffo, (569 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Irreflexiones el 19 de marzo de 2009