EL NAUFRAGIO DE «EL RÍO DE LAS ESTRELLAS»
EL NAUFRAGIO DE «EL RÍO DE LAS ESTRELLAS» Michael Flynn
Título original: The Wreck of the River of Stars
Año de publicación: 2003
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova, número 186
Traducción: Pedro Jorge Romero
Edición: 2005
Páginas: 571
ISBN:
Precio: 18 EUR

Muchas veces se acusa (he acusado) a ciertos cuentos, novelas, de presentar unos personajes planos, intercambiables, sin vida ni relieve. Pues bien, esta novela peca de justo todo lo contrario, de hacer desfilar una legión de personajes a cual más complejo y enrevesado. Sin embargo, el método que emplea Flynn para llevar a cabo esto no puede ser peor, cada vez que sucede algo se mete en la cabeza de cada uno de los protagonistas del suceso, describe hasta la náusea sus más íntimas motivaciones y pasa al siguiente repitiendo el proceso, convirtiendo la narración en un pantanal emotivo de un gusto, desde mi punto de vista, bastante dudoso.

A mi, particularmente, me ha parecido una forma plomiza y aburrida de narrar una aventura. Porque se supone que de una aventura se trata. El río de las estrellas es un viejo velero estelar de lujo reacondicionado con motores de impulso y transformado en vulgar nave de carga. Dos sucesos catastróficos, en realidad tres, se suceden de forma casi simultánea: muere su carismático capitán y los castigados motores fallan dejando al carguero a la deriva. Para que el drama sea aún mayor también se avería el transmisor, con lo que la tripulación está, literalmente, aislada. La novela trata de los esfuerzos por reparar la nave y llegar a destino.

Lo que en realidad se tiene en las manos es un Gran Hermano de Espacio, donde la consabida pandilla de paniaguados vive en conflicto permanente lo que, naturalmente, agrava aún más la ya de por si delicada situación.

Tengo muy poca curiosidad por las vidas ajenas. Un cierto interés educado por ánimo y salud, pero por lo que no me quieren contar, no pregunto. Resultará entonces comprensible la poca simpatía que me despierta una novela que se regodea hurgando en lo más íntimo de cada uno de sus personajes, más allá del necesario dibujo de sus personalidades y sugerencia de sus motivaciones. Ni siquiera en las narraciones en primera persona el protagonista suele descender más allá de los pensamientos que se le pasan en cada momento por la cabeza. Guarda discretamente traumas y pecadillos pasados, exponiéndonos únicamente las vivencias sobre el tema que se trata.

La novela se vende como space-opera de nueva generación Esa clasificación es engañosa, como ya comentaba los mimbres para una gran aventura están presentes, pero el empeño en retratar minuciosamente el alma de los tripulantes convierten la narración en una carrera de obstáculos. Por ejemplo, uno de los pasajes trata de un incidente en el mástil de la vela. En vez de narrarlo ágilmente y con continuidad Flynn insiste en su empeño de desgranar lo que se les pasa por la cabeza a los esforzados que cuelgan precariamente sobre el vacío de los cables de la vela. Así no hay space-opera que valga. Lo que se busca en ese género es emoción y a ser posible, pocas complicaciones estilíticas y narrativas, todo lo contrario de lo que sucede aquí, Flynn cae en la trampa de buscar la calidad literaria a base de ofrecer cantidad literaria, y el resultado es plomizo y aburrido. Comentando el asunto con unos conocidos la conclusión fue que el estilo es algo más que el arte de encajar bien las palabras. El estilo también es saber medir el ritmo de la narración, darle la necesaria fluidez y no estropear las grandes escenas con digresiones muy poco justificadas (por cierto, Heinlein SI sabía hacer eso. En ese sentido, y en algún otro, es muy poco serio hablar de Flynn como un heredero de Heinlein)

De hecho, a poco que se lean unas cuantas reseñas lo que en realidad vale el libro viene resumido en este par de frases: No me arrepiento realmente de haberlo leído, pero este libro ya ha caído directamente en la pila mental de libros que no voy a releer nunca. y en otro blog ... se deja leer. No creo que pase a los anales, pero se deja leer. Ni mal, ni bien. Mas bien todo lo contrario.

Lo que no se le puede negar es su marcada vertiente hard. No hay trampa ni cartón en la desesperada situación de El río de las estrellas. Dejada en manos de la inercia, la nave está abocada a perderse en el espacio al no poder efectuar las correcciones necesarias para encontrarse con su puerto de destino. Flynn describe los pormenores de la navegación, detalla la diferencia entre hacerlo con los impulsores o con las velas, que por cuestiones burocráticas no se han desmontado de la nave. Incluso se atreve con la nanotecnología y la inteligencia artificial. La propia nave es representada con una buena dosis de lógica; siendo un yate de lujo reconvertido, la tripulación disfruta de unas instalaciones poco frecuentes en un carguero, pero a la vez su especial construcción hace que mucho espacio se vea desaprovechado, quedándose al borde de ser una nave fantasma.

En resumen, si lo que te van son los sentimientos intensos y curiosear en la intimidad ajena este es tu libro, si lo que buscas es simplemente lectura entretenida sin necesidad de más que una mínima limpieza y claridad de exposición, deberás acercarte a este libro con mucho, mucho cuidado.

© Francisco José Súñer Iglesias, (865 palabras) Créditos