LOS INMORTALES
LOS INMORTALES EE. UU., 1986
Título original: Highlander
Dirección: Russell Mulcahy
Guión: Gregory Widen, Peter Bellwood, Larry Ferguson
Producción: Peter S. Davis, William N. Panzer
Música: Michael Kamen
Fotografía: Gerry Fisher
Duración: 116 min.
IMDb:
Reparto: Christopher Lambert (Connor MacLeod / Russell Edwin Nash); Roxanne Hart (Brenda J. Wyatt); Clancy Brown (Victor Kruger / The Kurgan); Sean Connery (Juan Sanchez Villa-Lobos Ramirez); Beatie Edney (Heather MacLeod); Alan North (Teniente Frank Moran); Jon Polito (Detective Walter Bedsoe); Sheila Gish (Rachel Ellenstein); Hugh Quarshie (Sunda Kastagir)
Comentarios de: Antonio Santos

Una saga de elementos hace de esta película del australiano y ex prometedor regidor Russell Mulcahy (RAZORBACK) un importante hito de Década 80 y la CultuPop; en ese momento, parecía que la afluencia de portentos no iba a cesar y LOS INMORTALES confirmaba esa impresión: MAD MAX, EL RETORNO DEL JEDI, INDIANA JONES, BLADE RUNNER, TRON, REGRESO AL FUTURO... Merced a un montaje original, unas elaboradas transiciones entre escenas, la BSO enriquecida por temas de Queen, un villano con empaque y un lema que ha hecho historia (Sólo puede quedar uno), supo asombrar a un público todavía virgen del cinismo que impregnaría Década 90 (bastante estéril).

A esto contribuyó su halo de romanticismo, alimentado por la promesa de amor sin fin-sin fin de Connor Macleod (o Christopher Lambert en su interpretación cumbre), que travesaba los siglos herido por el perpetuo recuerdo de su fallecida esposa Heather (la actriz Beatie Edney).

Quizás el éxito de LOS INMORTALES resida exactamente en eso: su capacidad de ilusionar. Y aunque la complejidad de la historia pueda parecer relativa, así como su originalidad, está planteada de tal forma que se hace inédita. El Kurgan (Clancy Brown), esa especie de Dath Vader andrajoso, el iconoclasta que quiere hundir las manos en el corazón del mundo y reventarlo, sugería incluso encarnar la cumbre de la corriente punk. Su gran hito (estético) pareció El Guerrero De La Carretera y luego el movimiento empezó a perder el glamour de su apariencia transgresora y antisistema.

Si en verdad LOS INMORTALES tiene un mensaje, éste es que somos una incorregible raza bárbara. El comienzo, con los forzudos del Wrestling, trasunta la vivencia que Connor trae del siglo XVI, como una traslación de que, por mucho tiempo que pase, la gente cambie de ropa y las candilejas sean más brillantes, en lo esencial seguimos siendo salvajes sanguinarios sacándole las tripas al oponente, más que por un motivo concreto (terrenos, ganado), por saciar un impulso primitivo que boicotea todos los intentos por elevarnos a la civilización.

El Kurgan es la expresión de esa perpetuación de la barbarie y hasta la incorpora a su vestuario, oscuro, desordenado, cubierto de cabelleras como triunfos arrancados a los muchos adversarios que, de un modo u otro, bloquearon su camino hacia el Premio.

La nota de civilización la pone, por supuesto, Ramírez (ya sabéis, Sean Connery, que, o mucho me equivoco, revitalizó su carrera con este filme que los listos de la crítica censuran por su elaborada estética de videoclip —un gran GRAN invento de Década 80, aunque tenga antecedentes—, dándose a conocer a un público relativamente joven y que, pese a películas como EL PRIMER GRAN ROBO AL TREN o EL HOMBRE QUE PUDO REINAR, estaba encasquillado en el rol de James Bond, cuyo trasnochado machismo y elitismo de falsete no comunicaba con las nuevas generaciones) el egipcio que se pasaba por español (hombre, una peli donde nos tratan con dignidad; no somos ni los feroces inquisidores ni los tontos del culo a los que Errol Flynn saqueaba galeones) y atesoraba sabiduría procedente de todos los rincones del mundo.

No es muy disparatado ver en su figura un trasunto tanto de Obi Wan Kenobi como de Merlin. Ambas figuras entregan un sable a su pupilo; en el caso de Ramírez, la espada que Connor simbólicamente arrancaba de la piedra es el conocimiento de su naturaleza como inmortal y los consejos para sobrevivir a el Kurgan. Pero, una vez más, el lustre que aporta Ramírez, de conocimiento, al alma del Hombre (Connor), queda oscurecido por el arrebato sanguinario del salvaje ruso.

Para cuando el ritmo de la película (influenciada por BLADE RUNNER) amenazaba con caer, con inteligencia Mulcahy recurría a las transiciones o el montaje imaginativo para proyectarnos hasta la siguiente ronda de espectáculo. Todo él está en los duelos a espada, que acaso, con todos los que nos han regalado en los últimos tiempos, pueden parecen torpes, lentos, faltos de energía (tranquilos, que el Kurgan se encarga de vigorizarlos), pero no por eso carentes de mérito e interés.

LOS INMORTALES es otra inteligente coalición de elementos (ilusión, magia, pop-rock, fantasía, misterio, sentimientos, humor) destinados a brindar al espectador un respetable resultado. No creo que Gregory Widen o los demás responsables del filme anduvieran locos tratando de amontonar explicaciones y trazar nuevos evangelios gráficos para atrapar al público en una red de veneraciones fetichistas. Detalle nítido es el que en ningún momento se dice por qué existen inmortales, de dónde surgen, o quién impuso la naturaleza del Premio. Aun éste es una sustancia nebulosa que depende de la voluntad del vencedor para materializarse.

Exigía al espectador llenar los huecos, pero como cosa en absoluto vital. El freakismo actual (los cromos, los muñequitos, los Blu-Ray con especiales de cómo pronunciar élfico, camisetas, todas esas chorradas que vemos en The Big Bang Theory) en el momento del estreno de LOS INMORTALES era cosa inexistente, larvaria como mucho. Y a nosotros, aun con gusto por aquellos detalles, más nos interesaba imaginar qué, cómo, por qué, indiferentes a la canonización actual de los mitos. Lo más, LOS INMORTALES era un título de puta madre para recomendar, no para irse al parque a recrear los duelos.

LOS INMORTALES se hace épica, por supuesto, a la comparación. La conjunción milagrosa de elementos que brindaron (irónicamente) inmortalidad al filme, no se repitió más. Lambert se aferró con desesperación al proyecto. Mulcahy perdió el toque. LOS INMORTALES II, ¿qué es? El primer llanto del freakismo. Había que explicar (y ¡cómo lo hicieron!) de dónde procedían ellos. Al hacerlo, destruyeron el halo de magia que envolvía a la primera. Se traen del planeta Zeits a Michael Ironside (émulo de el Kurgan) para hacer disparates y provocar al senil Connor MacLeod empuñar la espada, una vez más, en un insulso trasunto de la precuela con resonancias góticas.

Lo peor era que, LOS INMORTALES, conforme se diversificaban, más mortales se volvían. Retorcida sin piedad, la franquicia se convertía en sustancia deleznable. Por fortuna, la primera cuenta con un potente revestimiento de magia, escenarios luminosos, una BSO rompedora, que le permite sobrevivir a sus continuaciones, que repudiamos.

Volver a ver LOS INMORTALES es aspirar una bocanada de grata nostalgia, zambullirse en un tiempo pasado en que todo podía ser posible; el futuro de verdad sería espléndido, como prometían las maravillas que seguían titilando en la pantalla de plata.

Vuestro Scriptor.

© Antonio Santos, (1.063 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 22 de julio de 2011