VINIERON DEL ESPACIO
VINIERON DEL ESPACIO EE. UU., 1953
Título original: It Came From Outer Space
Dirección: Jack Arnold
Guión: Harry Essex sobre un relato de Ray Bradbury
Producción: William Alland para Universal Pictures
Música: Herman Stein
Fotografía: Clifford Stine
Duración: 81 min.
IMDb:
Reparto: Richard Carlson (John Putnam); Barbara Rush (Ellen Fields); Charles Drake (Sheriff Warren); Russell Johnson (George); Kathleen Hughes (Jane); Joseph Sawyer (Frank Daylon); Ed Dearing (Sam); Alan Dexter (Dave Loring); Dave Willock (Peter Davis); George Eldridge (doctor Snell)

Sinopsis

Un astrónomo aficionado y su prometida se encuentran en el desierto de Arizona, observando las estrellas, cuando un ovni cruza el cielo ante sus ojos y se estrella en las proximidades. Un instante antes de que un corrimiento de tierras sepulte el misterioso artefacto, un extraño ser emerge del cráter y se pierde en la oscuridad. El astrónomo informa de lo ocurrido al sheriff local, pero nadie cree su historia. Sin embargo, cuando poco después comienzan a suceder cosas extrañas, el pánico se apodera de la pequeña población.

Los cincuenta fueron la década prodigiosa del cine de ciencia-ficción, no sólo por el número de films producidos durante esos años, sino también por la notable calidad artística y argumental de la mayoría de ellos. Jack Arnold fue, en mi modesta opinión, el director más importante y representativo del cine fantástico de serie B de aquella época, y VINIERON DEL ESPACIO es una de sus obras más logradas, aunque hoy día no goce de tanta popularidad y renombre como LA MUJER Y EL MONSTRUO o EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE.

La originalidad del film radica en que, por primera vez en la historia del cine de extraterrestres, éstos no son presentados ni como criaturas malvadas cuyo objetivo es invadirnos y destruirnos— EL ENIGMA DE OTRO MUNDO (THE THING, Christian Nyby, 1951); LA GUERRA DE LOS MUNDOS (WAR OF THE WORLDS, Byron Haskin, 1953) — ni como seres dialogantes, aleccionadores y hasta un tanto cargantes con su increíble buenismoULTIMATUM A LA TIERRA (THE DAY THE EARTH STOOD STILL, Robert Wise, 1951) —. A los aliens de VINIERON DEL ESPACIO no les interesamos en absoluto. Aunque su talante es conciliador, no llegan a nuestro mundo para realizar una investigación sociológica, ni tienen intención de torturar nuestros oídos con demagógicos discursos humanistas sobre los peligros del equivocado rumbo que ha tomado nuestra civilización. En realidad, se ven obligados a descender sobre la Tierra por una avería de los sistemas de su nave, y lo único que pretenden es irse cuanto antes mejor. Los incidentes entre ellos y los humanos son provocados por éstos últimos, ya que los alienígenas se muestran esquivos en todo momento. Es el atávico temor humano a lo extraño, a lo diferente, fruto del enfrentamiento a lo desconocido, lo que causa el pánico y la histeria entre los lugareños, haciendo que su reacción ante los visitantes de otro mundo devenga violenta.

Frente a la irracional agresividad de sus conciudadanos, empeñados en tirotear a los aliens, se alza la figura de John Putnam, un hombre inteligente y de mentalidad abierta, cuya condición de forastero en la ciudad levanta muchos recelos entre aquéllos. Es precisamente por su mayor amplitud de miras por lo que los extraterrestres le escogen como interlocutor y mediador ante los nativos. Y así, Putnam tendrá que lidiar con la cerril hostilidad de una comunidad en la que no ha sido plenamente aceptado, procurando contener los violentos impulsos de un puñado de personas obsesionadas con exterminar a los invasores del espacio, al tiempo que, como mandaban los cánones del cine de género, trata de ganarse el amor de Ellen Fields, la bella maestra de escuela a la que también ama el duro y un tanto corto de entendederas sheriff Warren.

La morfología de los aliens es muy curiosa, pues poseen un cuerpo globular, carente de extremidades visibles, y un único ojo de gran tamaño, similar al de un pez y de mirada gelatinosa. También poseen capacidades metamórficas, ya que al menos uno de ellos adquiere apariencia humana, en concreto la de Ellen Fields. Por lo demás, no parecen tener una mayor resistencia física que los humanos, pues sus organismos son tan vulnerables a las balas de un Smith & Wesson 38 Special como los nuestros.

El film contó con un presupuesto reducido, pero Arnold supo sacar buen partido de él, y tanto los efectos especiales como los sorprendentes extraterrestres están perfectamente logrados. La sobria vistosidad de la fotografía de Clifford Stine y los sencillos pero efectivos trucajes quedan magníficamente realzados por el empleo de las tres dimensiones en que se rodó la película.

Aunque en un principio pudiera parecerlo, VINIERON DEL ESPACIO no es una monster movie, ni mucho menos. Los aliens son moderadamente inquietantes, y tal vez ligeramente repulsivos, pero en ningún momento se los muestra como monstruos, sino tan sólo como una forma de vida diferente, no necesariamente hostil, aunque los palurdos de ese pueblucho perdido en el desierto de Arizona piensen lo contrario. Al final, los aliens emprenden el viaje de regreso a su ignoto mundo de origen, tras haber sufrido alguna baja mortal en su encuentro con los humanos, mientras que éstos no tiene que lamentar la pérdida de ninguna vida. Así pues, si esta es una monster movie, como en su día afirmaron algunos críticos no muy perspicaces, cabría preguntarse quiénes son los monstruos; los violentos y casi irracionales terrestres, o los pobres alienígenas que tuvieron la mala suerte de sufrir una avería en las proximidades de nuestro enloquecido planeta.

© Antonio Quintana Carrandi, (832 palabras) Créditos