TODOS NUESTROS AYERES
Star Trek TOS: TODOS NUESTROS AYERES EE. UU., 1969
Título original: All Ours Yesterdays
Dirección: Marvin Chomsky
Guión: Jean Lisette Aroeste
Producción: Fred Freiberger
Música: George Duning y Alexander Courage
Fotografía: Al Francis
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scotty); Mariette Hartley (Zarabeth); Ian Wolfe (Atoz); Kermit Murdock (juez)
Temporada: 3, Episodio: 23

Sinopsis

Fecha estelar 5943, 7. Beta Niobe está a punto de convertirse en nova. La Enterprise llega al sector para tratar de rescatar a los habitantes de Sarpeidon, el solitario mundo que orbita la estrella. Kirk, Spock y McCoy se transportan a lo que parece ser el edificio principal de la mayor ciudad del planeta, y que resulta ser una inmensa biblioteca. En Sarpeidon no queda absolutamente nadie, a excepción hecha de un tal señor Atoz, el bibliotecario, y un grupo de réplicas suyas. El resto de los sarpeidonitas ha huido a distintas épocas del pasado a través del Atavarachron, un portal del tiempo instalado en la biblioteca. Mientras visiona un videodisco con imágenes de la historia de Sarpeidon, Kirk oye el grito de una mujer que pide auxilio y atraviesa el portal temporal, seguido casi de inmediato por Spock y McCoy. El capitán va a parar a una época similar a nuestro siglo XVI, y Bones y Spock acaban en la última Era glacial del planeta, a unos 5000 años en el pasado. Allí conocerán a una hermosa joven, Zarabeth, de la que, para asombro de McCoy, el vulcaniano se enamorará perdidamente, hasta el punto de renunciar a regresar a su propio tiempo para buscar al capitán.

La tercera temporada de TOS estuvo marcada por la penuria económica y por el cambio de día y hora de emisión. La reducción del presupuesto fue de casi el cincuenta por ciento, pero lo peor fue que la serie pasó de emitirse los lunes a las 20:30 de la noche —horario de máxima audiencia— a los viernes a las 22:00, franja conocida en el argot televisivo estadounidense como la hora de la tumba. A pesar de todo, Roddenberry pudo producir veinticuatro episodios de una calidad media excelente, toda una proeza considerando la situación. TODOS NUESTROS AYERES fue el penúltimo de ellos y, a juicio de este modesto trekkie de la vieja guardia, uno de los mejores.

TODOS NUESTROS AYERES es un relato que muestra cierta semejanza con LA CIUDAD EN EL LÍMITE DE LA ETERNIDAD, aquel inolvidable capítulo de la primera temporada, en el que Kirk vivió un intenso romance marcado por la tragedia. Los argumentos de ambos episodios incluyen una trama de viajes en el tiempo, y, en lo que a la parte romántica se refiere, el componente trágico es similar. En la aventura que nos ocupa es Spock quien vivirá una hermosa historia de amor, que no cristalizará en una relación completa y estable debido, como en LA CIUDAD EN EL LÍMITE DE LA ETERNIDAD, a las especiales circunstancias que afectan a la protagonista femenina.

Viajando por el tiempo en carretilla
Viajando por el tiempo en carretilla

Las peripecias de Kirk en el equivalente sarpeidoniano de nuestro siglo XVI son muy divertidas, y dan consistencia y sentido al argumento. Pero el meollo del episodio es la odisea de Spock y McCoy en la Era glacial. Allí se encuentran con Zarabeth, una preciosa mujer que ha sido desterrada a ese remoto punto del pasado por Zorkhan, un tirano que gobernó Sarpeidon durante algunos años. Condenada a pasar el resto de su vida en la más espantosa soledad, la aparición de Spock y McCoy la coge de sorpresa, llegando incluso a creer que esos dos hombres son fruto de su imaginación, que se está volviendo loca. El vulcaniano la tranquiliza, haciéndole ver que tanto el doctor como él son reales, y a partir de ese momento la hermosa y triste muchacha comienza a ver el futuro con más optimismo. Se siente irresistiblemente atraída por ese extraño hombre de orejas puntiagudas, cejas arqueadas hacia arriba y tez un tanto verdosa, y Spock parece sentir lo mismo por ella. No obstante, el vulcaniano es consciente de que algo raro le está ocurriendo, porque no consigue pensar con la lógica habitual en él. Pero sus sentimientos por Zarabeth van imponiéndose rápidamente y, tras escuchar y admitir, casi sin oponer la menor objeción, las explicaciones de la mujer, acaba por resignarse y decide que no les queda otro remedio que quedarse allí.

Pero McCoy, como era de esperar, no está conforme. El cascarrabias de Bones repara de inmediato en la inusual actitud de Spock y no tarda mucho en atar cabos, comprendiendo qué es lo que le ocurre a su amigo. Sus sospechas se confirman cuando Spock reacciona violentamente, primero ante uno de sus habituales comentarios referentes a sus orejas, y después, cuando el vulcaniano está a punto de agredirle para impedir que siga interrogando a la joven. La Atavachron les ha hecho retroceder cinco milenios en el tiempo, hasta una época en la que los primitivos vulcanianos, los ancestros de Spock y sus hermanos de raza, eran unos seres violentos e ilógicos, unos guerreros feroces que casi se aniquilaron entre ellos llevados por sus bajas pasiones. Bones logra hacer entrar en razón a Spock, y éste, a su vez, consigue que la muchacha se sincere con él y le cuente toda la verdad. Zarabeth, que en un principio, y llevada por su deseo de retener al vulcaniano a su lado, mintió diciéndole que era imposible regresar, acaba por admitir que es ella la que no puede volver. Según les explica, el Portal del Tiempo ajusta la estructura celular de las personas, adaptándolas a la época a la que son enviadas. Si alguien debidamente preparado por la Atavachron cruza el portal en sentido inverso, muere instantáneamente. Pero como Spock y McCoy no fueron preparados por la máquina, la joven no sabe si podrían regresar o no. De todas formas, McCoy decide intentarlo porque, alega, su vida está allí, al otro lado, y quiere volver a ella.

Mientras tanto, Kirk tiene que bregar con unas gentes que todavía creen en brujas. Como le han oído hablar con sus compañeros a través del invisible Portal del Tiempo, los habitantes de esa oscura edad, tan similar al siglo XVI europeo, asumen que es un brujo que habla con los espíritus de los muertos, por lo que es acusado de brujería y encarcelado. El juez encargado de su procesamiento va a verle a la prisión y Kirk descubre que ese hombre es, en realidad, un sarpeidonita del futuro, que ha llegado a esa época a través de la Atavachron, huyendo de la inminente destrucción del planeta. Nuestro admirado capitán, hombre de recursos casi inagotables, consigue la ayuda del juez, que le lleva hasta el Portal Temporal. A partir de ahí, Kirk emprende una desesperada carrera contra reloj para rescatar a sus amigos. Gracias al juez, Jim sabe ahora que si una persona cruza el Portal sin que su estructura celular haya sido ajustada por la Atavachron, sólo podrá sobrevivir unas pocas horas en el pasado, así que debe localizar a sus amigos y hacerlos regresar lo antes posible.

Claro que la cosa se complica por culpa de Atoz y sus réplicas, que intentan por todos los medios devolverle al pasado. De todos modos, Jim consigue dominar al anciano bibliotecario y, con su ayuda, logra localizar a Bones y Spock. La situación es desesperada, porque apenas faltan unos minutos para que Beta Niobe explote. Al otro lado del túnel temporal, Spock, que se resiste a abandonar a Zarabeth, intenta que McCoy regrese solo, pero el Portal parece no funcionar. La clave la proporciona Atoz: cuando Spock y McCoy atravesaron la Atavachron por primera vez lo hicieron juntos, al mismo tiempo, así que deben volver del mismo modo. Así lo hacen y, poco después, cuando la Enterprise se aleja del sistema a potencia máxima, Beta Niobe explota, destruyendo Sarpeidon.

Spock desatado
Spock desatado

El romance entre Spock y Zarabeth es el más intenso vivido por el vulcaniano a lo largo de la serie. No puede negarse que Leila Kolomi (SÍNDROME DEL PARAÍSO) y la anónima comandante romulana (EL INCIDENTE DEL ENTERPRISE) dejaron huella en Spock, pero Zarabeth las supera a ambas en todo. Aunque, por motivos obvios, no se nos muestre en pantalla explícitamente, queda claro que Spock termina acostándose con la mujer, cosa que, si mi memoria trek no falla, nunca antes había ocurrido. No hay que olvidar que, al encontrarse en el pasado, ese sinvergüenza de sangre verde, que diría Bones, sufre una especie de regresión biológica que hace que se comporte como los primitivos vulcanianos. Así pues, comienza a sentirse dominado por los sentimientos y las pasiones, y no puede negarse que la seductora Zarabeth es una mujer capaz de apasionar hasta al más frío de los hombres. Y aunque al regresar a su tiempo Spock vuelva a ser tan lógico y cerebral como siempre, la escena final entre él y McCoy revela cuán profundo es su dolor por la pérdida de su amada.

Las incesantes reposiciones de TOS hicieron de este episodio uno de los preferidos entre los fans de Leonard Nimoy. A título de curiosidad, diremos que existen dos novelas inspiradas en este capítulo: EL HIJO DEL AYER[N], que hace unos años reseñé en el Sitio, y TIEMPO PARA EL AYER, escritas por Ann C. Crispin. En ambos relatos aparece Zar, hipotético hijo de Spock y Zarabeth.

En el primer borrador del guión no existía el personaje de Zarabeth, y el desarrollo de la historia era muy diferente. Tras cruzar el portal, Kirk iba a parar a una ciudad muy semejante al San Francisco del siglo XIX, y Spock y McCoy aparecían en una zona desértica, donde eran capturados por una especie de mutantes.

La Atavachron ya la he descrito en el glosario del Sitio, por lo que remito al lector a dicha entrada. Este Portal del Tiempo posee unas características un tanto especiales, que a mi juicio le restan credibilidad. Lo de adaptar la estructura molecular de los viajeros a los parámetros de las épocas a las que pretenden trasladarse suena a rechifla. Tampoco parece lógico que personas atrapadas en distintos planos temporales, en diferentes siglos, puedan hablar entre ellas, aunque el Portal continúe en funcionamiento. De todos modos, éstos son sólo detalles menores que no nos impiden disfrutar plenamente de la historia que se nos narra.

Lo más original del argumento es la idea de una civilización que, para salvarse de la aniquilación total, opta por emigrar a distintos periodos de su pasado usando una máquina del tiempo. También es curioso el nombre de Atoz, que en inglés vendría a significar de la A a la Z, y que, evidentemente, resulta muy apropiado para un bibliotecario. Al anciano Atoz le dio vida Ian Wolfe, veterano actor de reparto que ya había intervenido en Star Trek, en concreto en PAN Y CIRCOS, donde interpretó a Septimus.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.746 palabras) Créditos